Ricardo Zárate ilumina el terror y aclara que hay más de un monstruo
El escritor guanajuatense publica La llamaron Monstruo bajo el sello Puck de Ediciones Urano. En esta plática habla de epígrafes, comunidades cómplices y de una decisión deliberada: no convertir a su protagonista en cliché.
Ricardo Zárate tenía unos diez años cuando su mamá lo sentó frente a películas de terror, una costumbre poco recomendable que a él le funcionó. Un día se topó en su casa con El exorcista, la novela de William Peter Blatty, que él ya conocía convertida en película. “Fue un momento epifánico porque ahí descubrí que las imágenes que yo había visto en la pantalla antes habían estado escritas en negro sobre blanco”, cuenta. Si quería contar historias, primero tenía que aprender a escribirlas.
Terminó estudiando ingeniería, pero hacia el final de la carrera ya sabía que no la iba a ejercer. Apostó primero por el cine, donde escribió el guion de una película de misterio, y de ahí brincó al mundo editorial, donde publicó su primera novela, El chico sin nombre, protagonizada por un genio adolescente de la informática. Con La llamaron Monstruo, bajo el sello Puck de Ediciones Urano, Zárate cambia de género sin cambiar de obsesión.
El libro abre con un epígrafe de Marcos 5:13, el pasaje donde los espíritus inmundos entran en una piara de cerdos y la hacen arrojarse por un despeñadero. La elección no fue casual: quería alejarse de historias que, en sus palabras, “romantizaban las figuras de hombres lobo, vampiros, ángeles caídos”. Prefería algo más incómodo. “El terror por naturaleza es el terror psicorreligioso”, resume, y admite que nunca pudo averiguar la identidad del endemoniado bíblico que inspiró a su antagonista: “quién sabe qué habrá hecho este hombre en su vida para sufrir ese tormento”.
Pero en la novela hay dos amenazas, no una. Junto a la presencia que habita el bosque existe otra: el linchamiento mediático que cae sobre la familia de su protagonista. Zárate cita al director austriaco Michael Haneke, para quien el público consume terror “porque considera que de esa forma tiene control sobre sus miedos”, y señala algo más perturbador todavía: que esa misma audiencia disfruta banalizar el mal en los medios porque eso le evita “reconocer la semilla de la violencia que tiene dentro”. Habla de cultura de la cancelación, de asesinatos literales o simbólicos, y de una humanidad que, dice, regresó a una lógica tribal donde los de afuera “son enemigos y son culpables hasta que se demuestre lo contrario”. Y remata con una idea que suena casi genética: “nuestro cuerpo mantiene en la genética esta información del pasado, que sale a la superficie a través de la manipulación”.
Esa cercanía entre el mal y lo cotidiano explica también por qué su protagonista es una niña de trece años acusada de un crimen, y no la autora de uno. Zárate llevaba veintidós años dándole vueltas al tema, desde que leyó Children Who Killed, de Carol Ann Davis, y solo encontró la otra mitad de la historia años después, en A Mother’s Reckoning, el libro donde Sue Klebold narra la vida después de que su hijo participara en la masacre de Columbine. Convertir al protagonista en un niño asesino le parecía, en sus palabras, “un no-brainer, algo muy obvio”. Prefirió incomodar distinto y cuenta la vieja anécdota de un retrato de Picasso que no se parecía a la clienta: “no se preocupe señora, ya se parecerá”. Al público, remata, nunca hay que darle lo que espera.
Esa fusión entre cine y literatura viene de su formación de guionista: si lo puede ver, dice, lo puede escribir, porque para él ambos lenguajes llevan años trabados. Aun así prefiere la novela por el control que le da: en el cine el guion es un instrumento para que otro se ponga creativo con él, mientras que en la narrativa, dice, “yo soy el que decide muchísimas cosas”. Ese control se nota incluso en cómo piensa a sus protagonistas: tanto el chico sin nombre como Cristal, la acusada de La llamaron Monstruo, son, en su definición, guardianes de lo importante: del amor y de la luz.
Cierra la charla recordando una idea de Chesterton: los cuentos de hadas existen para enseñarnos que podemos vencer al dragón. Zárate cree que la idea aplica igual al terror: “con las historias de terror a mí no me interesa infundir miedo, sino mostrar que podemos vencer el mal”. El libro se presenta el 12 de agosto en la Librería Gandhi Mauricio Achar, en la Ciudad de México.