Con gente y sin señal
Sintonía emocional parte de una sospecha incómoda: que se puede tener la vida en orden y sentirse, aun así, lejos de todos.
Para la RAE, sintonizar es primero cosa de radio: ajustar un circuito a la frecuencia de una emisora. La segunda acepción ya es de gente, y dice que una persona sintoniza cuando coincide con otra en pensamiento o en sentimientos. Entre una y otra queda un buen trecho de estática, y ahí se instala Sintonía emocional, el libro de Yolanda Rentería que Océano publica en español.
Rentería es consejera profesional con licencia y terapeuta somática, especializada en trauma y apego. Vive en San Luis, Arizona, y ha dado clases de psicología en Northern Arizona University. También conduce un podcast de salud mental en español para millennials mexicoamericanos, y según su editorial estadounidense la seguían 206 mil personas en Instagram en julio de 2025.
La premisa arranca de una observación incómoda: mucha gente funcional, autosuficiente y perfeccionista no logra acercarse a nadie y no sabe por qué. Según la descripción del libro, esa desconexión se presenta como independencia (quien jamás pide ayuda) o como generosidad (quien quiere a los demás a fuerza de favores y regalos). La editorial insiste en que no es un error y en que tiene muchas causas repartidas a lo largo de la vida. Rentería le habla sobre todo a quienes tuvieron una infancia buena, o suficientemente buena, y aun así sienten que algo no cuadra en sus relaciones.
Me parece lo más atractivo del planteamiento que no exija una tragedia de origen. El género suele pedir una herida con nombre y apellido, un villano de la infancia al que apuntar. Aquí basta con sentirse lejos de los demás sin motivo aparente, que es, si uno es sincero, la queja más difícil de explicarle a alguien.
La literatura trabaja ese ruido desde mucho antes de que existieran los reels. Julio Cortázar armó Rayuela con una pareja que no termina de dar con la frecuencia del otro, y con un manual de apego a la mano Oliveira y la Maga habrían despachado la novela en cuarenta páginas. Nos habríamos quedado sin libro. Ellos, quizá, con un domingo tranquilo.
Conviene desconfiar un poco de las etiquetas, y la terapeuta Amanda E. White, que respalda el libro en su edición original, lo dice a su manera: conocer tu estilo de apego no basta para sentirte a salvo en tu propio cuerpo. Cualquiera que haya hecho un test de apego en internet lo sabe: la etiqueta se obtiene en cinco minutos y el cuerpo sigue igual. La formación de Rentería, centrada en el cuerpo y el sistema nervioso, apunta justo a ese trecho, el que va de entender a sentir. Ahí se ve si el libro sirve o se queda en informar.
