Mal de amores: cuando una novela encuentra una nueva vida en la pantalla
Mal de amores, la novela que Ángeles Mastretta publicó en 1996 y que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos, pertenece a esa clase de relatos. Ahora, con su adaptación para Netflix, la historia de Emilia Sauri vuelve a encontrarse con nuevas generaciones de lectores y espectadores, pero también con una pregunta inevitable: ¿qué sucede cuando una novela que vive en la imaginación de sus lectores adquiere un rostro, una época y una voz en la pantalla?
Ambientada en el México de finales del siglo XIX y los primeros años del XX, Mal de amores sigue a Emilia Sauri, una mujer que crece en medio de las transformaciones políticas y sociales del país. Hija de una familia marcada por las ideas liberales, la medicina y el espíritu de independencia, Emilia aprende desde pequeña que su destino no tiene por qué limitarse a las convenciones de su tiempo.
En el centro de la novela está también su relación con Daniel Cuenca, amigo de infancia, compañero de aventuras y figura fundamental en su vida. Entre ambos se construye una historia atravesada por el deseo, la libertad y las decisiones que aparecen cuando amar a alguien no necesariamente significa querer vivir de la misma manera.
Pero reducir Mal de amores a una historia romántica sería quedarse en la superficie. Mastretta utiliza la intimidad de sus personajes para hablar de un país que está cambiando. La Revolución Mexicana aparece como telón de fondo, pero también como una fuerza que modifica las relaciones, las convicciones y las posibilidades de quienes habitan ese mundo. Emilia no es únicamente una mujer enamorada: es alguien que intenta decidir quién quiere ser mientras la sociedad a su alrededor también busca una nueva identidad.
La adaptación televisiva retoma ese universo y lo convierte en una experiencia distinta. Lo que en la novela se construye a través de la voz narrativa, los pensamientos y las descripciones de Mastretta, en la pantalla adquiere otros recursos: los espacios, el vestuario, los cuerpos de los personajes y la reconstrucción histórica contribuyen a crear una versión visual del México que la novela imaginó.
Ese traslado también cambia la manera en que nos acercamos a Emilia. En el libro, buena parte de su personalidad se descubre desde dentro, a través de sus deseos, dudas y contradicciones. En la serie, esos rasgos deben encontrar una expresión visible. El espectador observa a una mujer que se mueve dentro de una sociedad que intenta decirle qué puede hacer, qué debe querer y hasta dónde puede llegar.
Mal de amores llega ahora a otra generación y a otro lenguaje, pero su corazón permanece intacto. La serie recupera una historia que todavía tiene algo que decir; la novela nos recuerda por qué, desde el principio, valía la pena escucharla.