¿Qué lee Robert Pattinson cuando nadie lo ve? 

¿Qué lee Robert Pattinson cuando nadie lo ve? 

Un viaje por las oscuras y descaradas lecturas que moldean al actor

Para el público masivo, Robert Pattinson siempre será recordado por dos grandes arquetipos del cine contemporáneo: el pálido y melancólico vampiro Edward Cullen que cautivó a toda una generación en Crepúsculo, o el torturado e introvertido Bruce Wayne bajo el capó de The Batman. Sin embargo, detrás de la fachada del ídolo pop y la celebridad de Hollywood existe un perfil intelectual mucho más complejo y fascinante: el de un lector voraz, ecléctico y francamente impredecible.

Un recorrido por sus hábitos de lectura y las referencias literarias que ha compartido públicamente revelan que la biblioteca personal del actor británico dista mucho de los best sellers convencionales de la cultura pop. Pattinson navega con soltura entre el ensayo existencial, la poesía vanguardista, el cinismo sociopolítico y los oscuros pliegues de la condición humana.

Del cinismo de Amis a las preguntas de Harari

Si algo define las preferencias literarias de Pattinson es su inclinación por la sátira morderte sobre el capitalismo y el ego humano. El actor ha confesado en diversas ocasiones su admiración por Dinero (Money), la monumental obra de Martin Amis. Fascinado por el caótico narrador John Self —un ejecutivo publicitario adicto al exceso en la década de los ochenta—, Pattinson llegó a declarar que aquel personaje parecía “hecho a su medida”. Junto a Amis, en su mesa de noche conviven sátiras como Eat the Rich de P.J. O’Rourke, demostrando un gusto particular por las miradas ácidas a las ambiciones del mundo moderno.

Pero el alcance de su estantería no se detiene en la ficción británica. Pattinson también ha mostrado fascinación por la no ficción contemporánea de gran escala, citando como lecturas recientes el fenómeno global Sapiens y Homo Deus de Yuval Noah Harari. La transición de examinar el origen de la humanidad a especular sobre nuestro futuro tecnológico habla de una curiosidad intelectual que busca comprender la psique colectiva.

Un poema en la mesa de noche y la sombra existencial

No deja de ser llamativo encontrar en las declaraciones del actor una estrecha relación con la poesía y la literatura existencialista. Entre sus confesiones de lectura han aparecido nombres como Charles Baudelaire cuyas Flores del maldescubrió tras recibir un ejemplar inesperado que terminó devorando y la poesía de Charles Bukowski, citando La última noche de la Tierra como una presencia constante en su mesita de noche.

A esta mezcla lírica y desilusionada se le suman autores como Roberto Bolaño (con la intensidad atmosférica de Subnivelo sus célebres novelas), los relatos breves de E.M. Forster, y la sensibilidad melancólica de Carson McCullers en La balada del café triste, de quien llegó a afirmar que la considera “la mejor escritora estadounidense”.

Incluso la prosa fragmentaria y mordaz de David Foster Wallace tiene un lugar destacado. Pattinson llegó a relatar en una entrevista cómo devoró la colección de ensayos Hablemos de langostas (Consider the Lobster) mientras consumía bolsas gigantes de pretzels y M&M’s, un cuadro casi sacado de una propia escena wallaceana.

La construcción de un actor-lector

En una era donde la imagen de las estrellas de cine suele estar rigurosamente curada por agencias de relaciones públicas, la biblioteca de Pattinson resulta auténtica e ilustrativa. No lee para proyectar una postura intelectual vacía, sino por una fascinación genuina por las contradicciones humanas.

Desde la fantasía oscura de Philip Pullman (La brújula dorada) hasta el genio de James Joyce (Dublineses) o J.D. Salinger, las lecturas de Robert Pattinson explican en buena medida sus elecciones actorales: papeles oscuros, al borde del colapso, llenos de matices y dilemas morales. Resulta que detrás del traje del murciélago o de los colmillos cinematográficos, la verdadera devoción del actor ha sido siempre la página impresa.

 

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