La buena prosa nos va a salvar: Dos puntos:, de José Israel Carranza

La buena prosa nos va a salvar: Dos puntos:, de José Israel Carranza

Hay una frase que José Israel Carranza lleva más de treinta años cargando como lema y como norma de conducta. Se la dijo una noche su amigo, el poeta Luis Vicente de Aguinaga, en el café donde un grupo de escritores jóvenes revisaba los textos de una revista que hacían en Guadalajara: “La buena prosa nos va a salvar”. Carranza se la apropió sin remordimiento y desde entonces la ha convertido en el eje silencioso de todo lo que escribe. Dos puntos:, su obra más reciente, publicada por Libros UNAM dentro de la Serie Diagonal, es quizás la demostración más completa de esa convicción.

El libro reúne ensayos, crónicas y pasajes narrativos escritos a lo largo de muchos años, además de algunas postales de Guadalajara, su ciudad. La reunión de materiales tan diversos podría parecer caprichosa, pero Carranza sostiene que lo que los une es algo más difícil de nombrar que un tema: una manera de estar ante el mundo, un temperamento que se va configurando con el tiempo y que el escritor solo reconoce cuando ya está plasmado en la página. “Cuando uno se asoma como lector a lo que ha escrito como ensayista, descubre a un desconocido”, dice.

El título no es un adorno. Los dos puntos son el signo de puntuación favorito de Carranza y también una metáfora de su comprensión del ensayo: afirmar algo y a continuación tratar de demostrarlo, defenderlo, argumentarlo. No una lista de cosas, como enseñan en la primaria, sino una sucesión de compuertas que se abren para que fluya el pensamiento. El epígrafe que abre el libro, tomado de César Aira, añade otra capa: “El ensayo es la piedra de toque de lo que el escritor no es, no de lo que es”. Para Carranza, escribir ensayos es descubrirse desconocido a uno mismo.+