Verónica Langer: “La ficción me permitió completar los silencios de mi historia familiar”
Con más de cinco décadas de trayectoria entre el teatro, el cine y la televisión, Verónica Langer es una de las actrices más reconocidas de México. A su trabajo como intérprete ha sumado en los últimos años una faceta literaria que comenzó con Las larvas (2023) y continúa con La vida en rojo (Hachette), una novela que recorre buena parte del siglo XX europeo a partir de una historia inspirada en su propia familia.
La novela nació de una necesidad íntima. Langer explica que, como actriz, está acostumbrada a esperar oportunidades, mientras que la escritura le permitió crear sus propios proyectos y hablar de aquello que llevaba años queriendo contar. La vida en rojo surge precisamente de ese impulso: reconstruir, desde la imaginación, una memoria atravesada por el exilio, la guerra y los silencios familiares.
Aunque parte de hechos reales y de personas que existieron, la autora insiste en que se trata de una obra de ficción. “Había demasiados huecos”, explica. Muchos de sus familiares desaparecieron durante el Holocausto o nunca hablaron de lo ocurrido, de modo que la única forma de devolverles una vida fue inventarla. Personajes como Alfred o Lili nacieron de apenas un nombre, una fotografía o un dato aislado, y fue la imaginación la que terminó de construir sus historias.
Uno de los personajes que más la conmovió fue precisamente Lili Schwarzman, una tía abuela asesinada durante el Holocausto de quien casi nadie volvió a hablar. Langer decidió conservar su nombre dentro de la novela como una forma de rendirle homenaje y evitar que desapareciera por segunda vez del recuerdo familiar. Para la autora, borrar a las víctimas también forma parte de la violencia que dejaron aquellos años.
La investigación fue otro de los motores del libro. Gran parte de la información provino de los relatos de su madre, una reconocida psicoanalista formada en Viena, quien escribió una autobiografía décadas atrás. A partir de esos recuerdos y de un trabajo de documentación histórica, la escritora fue encontrando coincidencias inesperadas entre lo que imaginaba y los hechos reales, algo que terminó reforzando la construcción de la novela.
Su experiencia como actriz y dramaturga también dejó huella en la escritura. Acostumbrada a construir personajes desde sus motivaciones más profundas, Langer reconoce que escribir una novela exige un ejercicio muy parecido al del teatro: descubrir aquello que permanece oculto detrás de cada decisión. “Inventar una vida también consiste en preguntarse por qué alguien actúa de determinada manera”, comenta.
Aunque el exilio, la migración y las fronteras aparecen de forma constante en sus obras, Langer evita convertir esos temas en un programa literario. Prefiere seguir a los personajes antes que a las ideas y dejar que sean ellos quienes conduzcan la historia. Encasillar su escritura, dice, terminaría por limitar el impulso creativo que la lleva a escribir.
Publicar una novela, reconoce, implica exponerse. Existe el temor de que los lectores interpreten la historia de maneras distintas a las imaginadas o cuestionen las licencias históricas que asumió. Sin embargo, llega un momento en que el libro deja de pertenecer a quien lo escribió. “Hay que dejarlo salir”, afirma.
Más que abrir una discusión académica sobre el exilio o la memoria, Verónica Langer espera que La vida en rojoencuentre lectores capaces de reconocerse en ella. Recuerda con emoción la ocasión en que un joven le confesó que Las larvas había sido el primer libro que terminó de leer completo. Si esta nueva novela consigue provocar esa misma conexión en alguien, asegura, todo el esfuerzo habrá valido la pena. COMPRA EL LIBRO AQUÍ