Desde el umbral: cuando el río firma la obra
En México, hay un documento legal que dice: demandantes, las ballenas. Forma parte de un amparo presentado por la asociación civil Nuestro Derecho al Futuro para detener la construcción de un gasoducto en Baja California. El juez lo aceptó y otorgó la medida cautelar. En el juicio, que sigue abierto, de alguna manera las ballenas son parte actora en un litigio.
Ese documento es también el corazón conceptual de Desde el umbral, la exposición que presenta el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) con curaduría de Lucía Sanromán y Alejandra Labastida. La muestra reúne obras de artistas, colectivos, investigadores y activistas de múltiples disciplinas y geografías para plantear una interrogante que resulta a la vez sencilla y devastadora: ¿qué pasaría si dejáramos de tratar a la naturaleza como un objeto y comenzáramos a reconocerla como sujeto?
La pregunta no es retórica, tampoco es nueva, pero Desde el umbral la formula a partir de un lugar distinto al del ambientalismo clásico, ése que denuncia el daño y pide repararlo. Esta exposición propone rastrear el origen conceptual que hace posible la destrucción. Se refiere a la separación histórica entre naturaleza y cultura, entre lo humano y lo no humano, esa división que durante siglos ha funcionado como permiso tácito para explotar.
El recorrido comienza con una instalación monumental del Colectivo Soi Noma, comunidad shipibo-konibo radicada en Lima, Perú, cuya técnica de bordado kené transcribe visualmente el conocimiento de las plantas medicinales de la Amazonia. Para muchos pueblos originarios no existe esa separación que el pensamiento occidental tuvo que construir y nombrar: el río, la montaña y la lluvia aquí tienen trato de personas.
La exposición se mueve entre registros muy distintos: Ariel Guzik, fundador del Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza, explora formas de comunicación con ballenas y delfines; Ulf Rollof propone una pieza sobre ajolotes tomada de la colección permanente del museo; Tomás Saraceno dialoga con arañas. El argumento implícito es poderoso: si un ser se comunica, se vuelve más difícil sostener que no merece reconocimiento como sujeto; la comunicación entre especies es, en este contexto, también un argumento jurídico.
Elisa Schmelkes lleva esa lógica a sus consecuencias más concretas: desarrolla un dúo artístico con el río Magdalena y explora la forma registrarlo como coautor de la obra para que las regalías le pertenezcan. No como gesto simbólico, sino como práctica para que la colaboración con el mundo natural no sea, en sus propias palabras, una práctica extractivista. Susan Schuppli trabaja el caso del derrame en el Golfo de México y la demanda que se presentó en Ecuador, donde la Pachamama tiene reconocimiento constitucional, contra British Petroleum. Ganar el juicio no garantiza poder ejecutar la sentencia; el derecho puede nombrar al río como sujeto y aun así no protegerlo.
Federico Pérez Villoro toca el espinoso tema de la militarización del río Bravo y la forma en que los niveles de caudal son manipulados para poner en riesgo a personas migrantes. Se argumenta que fue el río el que creció, cuando detrás hay decisiones humanas muy concretas. Javier Acevedo-Mota trabaja desde la catástrofe ambiental del Valle del Mezquital; Tuan Andrew Nguyen desde la perspectiva de un rinoceronte extinto en Vietnam, mostrando que el duelo ecológico también tiene sus desaparecidos.
Hay una paradoja que Alejandra Labastida, una de las curadoras, reconoce con honestidad: usar el derecho para ampliar el círculo de los sujetos implica usar la misma herramienta que históricamente ha definido quién merece protección y quién puede ser explotado. La exposición no intenta resolver esa contradicción, la habita; eso la distingue de otras muestras dedicadas a la crisis climática.
Lejos del catastrofismo que agota y del optimismo ingenuo que adormece, Desde el umbral no pide que cuidemos la naturaleza como se cuida un parque; pide que cambiemos quiénes somos en relación con ella. La ecoesperanza no llega como consuelo, llega como pregunta ontológica, bordada en hilo, firmada por un río.
Desde el umbral puede visitarse en las Salas 1 y 2 del MUAC, en CU, hasta el 11 de diciembre de 2026.
Con información de Gaceta UNAM
Texto de Herles Velasco Ruvalcaba (@lacevos). Fundó la Escuela de Escritores de México. Su más reciente libro de poesía es Eventos Luminosos Transitorios (2024).