Lydia Cacho narra la resistencia de las mujeres que no aparecen en los libros de historia

Toda generación hereda una historia que no eligió. Algunas la ignoran; otras intentan comprenderla. En Un halcón bajo mi ventana (Lumen, 2026), Lydia Cacho explora ese territorio donde la memoria personal y la memoria colectiva se encuentran. La novela recorre los años posteriores a 1968 para mostrar cómo las grandes transformaciones sociales se escriben en la vida cotidiana de quienes las atraviesan.

La novela nos traslada a los años que siguieron al movimiento estudiantil de 1968 y al Halconazo de 1971, una época marcada por la represión política, así como por la efervescencia cultural, la búsqueda de nuevas libertades y el nacimiento de movimientos sociales que transformarían el país. A través de Julieta, una joven que transita hacia la adultez, Cacho construye un relato de iniciación en el que conviven la violencia de Estado, el despertar político, la amistad, el amor y el descubrimiento de la propia identidad.

“La novela surge de una necesidad de mirar hacia atrás para entender el presente”, explica la autora. Durante los años recientes, marcados por el exilio forzado en España, comenzó a preguntarse qué elementos de aquella década seguían definiendo a la sociedad mexicana contemporánea. El resultado es una obra que reconstruye los hechos históricos desde la experiencia íntima de quienes los vivieron.

Uno de los aspectos más poderosos del libro es la presencia constante de las mujeres. Lejos de repetir las narraciones tradicionales sobre 1968, centradas principalmente en figuras masculinas, Cacho recupera las voces de activistas, intelectuales y luchadoras sociales que participaron en la transformación del país y cuya contribución suele quedar relegada en los relatos oficiales.

“Quería devolverles un espacio en la memoria”, comenta. La autora recuerda que muchas de las mujeres que inspiraron a sus personajes estuvieron presentes en movimientos obreros, estudiantiles, feministas y comunitarios. Algunas tienes referentes reales; otras son producto de la imaginación literaria. Todas, sin embargo, representan una genealogía de resistencia que sigue teniendo eco en el presente.

La construcción de Julieta resultó un proceso singular. “Julieta llegó antes que la novela”, recuerda Cacho. Después vendrían los árboles genealógicos, las líneas temporales y la arquitectura narrativa que caracteriza su método de trabajo. Pero el corazón de la historia nació de esa voz adolescente que observa un país convulso mientras intenta comprender su propio lugar en él.

Esa perspectiva le permite abordar otro de los grandes temas del libro: la sexualidad. Julieta descubre el deseo, el amor y el placer desde una mirada libre de prejuicios y alejada de las representaciones tradicionales. Para Cacho, era fundamental mostrar la experiencia adolescente desde dentro, sin los filtros ni los juicios de la mirada adulta.

La novela también funciona como un retrato cultural de la época. Entre sus páginas aparecen referencias musicales, movimientos artísticos, debates políticos y figuras intelectuales que ayudan a reconstruir la atmósfera de aquellos años. Sin caer en la nostalgia, la autora propone una conversación entre generaciones y recuerda que muchas de las discusiones actuales sobre feminismo, libertad sexual o justicia social tienen raíces en las décadas de los sesenta y setenta.

Hacia el final de nuestra conversación surge una pregunta: ¿qué tipo de lectores espera encontrar? La respuesta llega sin titubeos. Lydia Cacho imagina lectores jóvenes, independientemente de su edad biológica. Personas que todavía creen en la posibilidad de transformar el mundo sin renunciar a la empatía, la ternura y la imaginación. Lectores capaces de entender que la memoria es una forma de resistencia.

Un halcón bajo mi ventana nos recuerda que detrás de los grandes acontecimientos históricos existen miles de historias íntimas que merecen ser contadas. Y que, a veces, la ficción logra acercarnos a la verdad con una profundidad que ningún documento histórico puede alcanzar por sí solo.+

Lydia Cacho (Ciudad de México, 1963) es periodista, escritora y defensora de los derechos humanos. Con Los demonios del Edén alcanzó reconocimiento internacional, pues presentó una investigación que expuso redes de explotación sexual infantil vinculadas al poder político y empresarial en México. Ganadora del Premio Mundial UNESCO/Guillermo Cano de Libertad de Prensa 2008.

Texto de Francisco Goñi (@franz.goni), librero y periodista cultural. Apela por la libertad y voluntad sobre todas las cosas. Ama los libros, el café y los gatos.