Las Cervantas: el otro drama detrás del Quijote
Nueve años de dudas, cinco de escritura, un viaje a Madrid, a Valladolid, a Esquivias y un libro que se lee de un tirón: así nació Las Cervantas (Hachette, 2026), la novela con la que la escritora Martha Bátiz regresa al español, y a México, después de años publicando en inglés desde Toronto. Esta obra reconstruye la vida de Isabel de Saavedra, la única hija conocida de Miguel de Cervantes, y de las mujeres que lo rodearon: sus hermanas Andrea y Magdalena, su sobrina Constanza y la sombra permanente de Catalina, la esposa que nunca supo que esa hija existía. Hablamos con Martha Bátiz sobre el libro, la investigación que lo sustenta y la figura humana, compleja y fascinante que encontró detrás del autor del Quijote.
El nombre de Las Cervantas no lo inventó Bátiz: así las llamaron en la España del siglo XVII, con tono peyorativo, después de que el grupo de mujeres que rodeaba a Miguel de Cervantes pasara un período encarcelado en Valladolid. “Era un mote que les pusieron, como tachando su moral de cuestionable”, explica la autora. “Pero sus vidas son absolutamente fascinantes. Tienen aventuras, riesgos, peligros, y salen adelante con unas agallas impresionantes”. La novela se centra en Isabel de Saavedra, quien descubre a los 15 años que su verdadero padre es el escritor más importante de su época; un sismo adolescente con consecuencias de largo alcance.
A los 15 años, Isabel se integra en una familia que no la esperaba, bajo el cuidado de las hermanas de Cervantes, Andrea y Magdalena, junto a Constanza, la sobrina consentida del escritor. Lo hace, además, a espaldas de Catalina, la esposa legítima, que desconoce por completo la existencia de esa hija. Pero Isabel no llega como una figura pasiva: tiene, según Bátiz, un carácter voluntarioso e irreverente que desconcierta incluso a quienes la acogen. “Las propias tías se preguntaban cómo era posible que Isabel le hablara así al tío”, cuenta la autora. Una adolescente que no sabe muy bien dónde pertenece: cuando quiere regresar con su familia anterior, ya no es lo mismo de antes. Constanza, por su parte, representa otro tipo de fortaleza: trabajó toda su vida, sin pausa, y es uno de los personajes que más impresionó a Bátiz. “Es la mamá de todas las telenovelas: un drama de la vida real más intenso que cualquier cosa inventada. Pero con personajes de carne y hueso, con virtudes y defectos que chocan entre sí”, expresa la autora.
La relación con Catalina merece un capítulo aparte; en apariencia es un matrimonio de conveniencia: Cervantes no tenía dinero, ella sí. Era mucho mayor que ella, no era apuesto, tenía el brazo paralizado. Y sin embargo, la historia que Bátiz encontró en los documentos no es la de un matrimonio frío, “había un amor, una lealtad, una compañía real. Catalina se enamoró de él. Y Cervantes, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, le fue fiel”. La distancia física era inevitable, él estuvo viajando, fue encarcelado, vivió con otros familiares, pero el vínculo con Catalina se mantuvo. Para Bátiz, eso dice mucho del hombre: “Tiene que haber sido encantador. Los documentos muestran que tenía muchos amigos, que la gente quería estar cerca de él. Con todo lo que no tenía a su favor, Catalina lo eligió y esa elección fue real”.
La investigación detrás de la novela fue minuciosa. Bátiz contaba con la orientación de su asesor de tesis doctoral en la Universidad de Toronto, especialista en Cervantes, quien le señaló los primeros materiales; de ahí en adelante fue una cadena: un texto llevaba a otro, un ensayo a una bibliografía nueva. Luego vino el trabajo de campo: un viaje a España para recorrer los espacios donde vivieron los personajes; visitó la casa de Cervantes en Valladolid, hoy museo, y la de Catalina en Esquivias, donde la esposa tenía su hacienda, sus olivares, sus naranjas. En Madrid, donde la casa de Cervantes ya no existe, trabajó con mapas de época para ubicar las calles, las tabernas, los rincones donde se desarrolla la trama; fue así como descubrió, por ejemplo, que la taberna donde creció la hija y la casa donde vivían Andrea y Magdalena estaban muy cerca una de la otra.
Uno de los datos más impactantes que Bátiz encontró en esa investigación refiere directamente a la deuda que la literatura universal tiene con estas mujeres. Cervantes pasó cinco años cautivo en Argel y fueron Andrea, Magdalena y las demás quienes trabajaron durante años para reunir el dinero del rescate. Cuando por fin lograron juntarlo y enviarlo, Cervantes ya estaba siendo embarcado hacia Constantinopla, donde habría sido vendido como esclavo. El dinero llegó en el último momento, “si ellas no hubieran pagado ese rescate, no tendríamos el Quijote. No tendríamos nada. Les debemos a ellas la obra entera”, afirma Bátiz. Es uno de los argumentos más sólidos a favor de contar esta historia: no se trata sólo de recuperar figuras femeninas olvidadas, sino de entender que la obra más influyente de la literatura en español no habría existido sin ellas.
A esa investigación hay que sumar la duda. Bátiz pasó años recopilando información y dejando madurar la idea sin atreverse a escribir el libro. La razón era concreta: “Pensaba que seguramente había alguien en España escribiéndolo ya. Y no sabía si era mi lugar, como mexicana viviendo en Canadá y escribiendo en inglés, contar la vida de estas mujeres”. Fueron los propios personajes los que la convencieron, “vivía con ellas en la cabeza, me hablaban todo el tiempo. Hasta que dije: ‘ya tengo que hacerles caso’”. La espera duró nueve años. La escritura, cinco más.
Bátiz lleva más de veinte años en Toronto y publica principalmente en inglés, la obra fue escrita primero en esa lengua. “No era sólo cambiar las palabras. Cervantes no podía hablar como chilango, tuve que encontrar un español de época, de España, y además ajustar el nivel de detalle histórico porque el lector hispanohablante ya conoce cosas que un lector anglosajón no sabe”. El proceso se complicó porque no había guardado registro de los términos históricos que había traducido al inglés, así que tuvo que volver a consultar todo el material original para recuperar la precisión; más trabajo, pero el resultado, dice, valió la pena.
El giro al inglés no fue un capricho sino una decisión práctica. Bátiz publicó su último libro en español en México en 2008, la novela corta Boca de lobo. Luego vino una colección de cuentos publicada en Puerto Rico, también en español, pero la distancia geográfica hacía cada vez más difícil sostener una carrera literaria en su lengua materna desde el otro lado del continente. “Si iba a tener una carrera, necesitaba escribir en el idioma del país donde estoy haciendo mi vida”, explica. Empezó a escribir en inglés, la publicaron en esa lengua y lleva tres libros en ese idioma. A daughter’s place es su primera novela larga en inglés y, al mismo tiempo, su regreso al español después de casi dos décadas; un doble debut, de cierta manera.
Uno de los logros de la novela es mostrar a Cervantes como ser humano: un hombre con defectos, con demonios internos, con dudas, pero también con una cercanía inusual hacia las mujeres de su familia para los estándares de su época. “A diferencia de otros escritores, Cervantes no anduvo regando hijos ilegítimos por ahí. Sólo tuvo a Isabel y se hizo cargo de ella. Fue más protector, más generoso, más afectuoso que la mayoría de los hombres de su tiempo”, sostiene Bátiz. “Quería bajarlo del pedestal y verlo como padre, como marido, como escritor que lucha por crear en una sociedad opresiva que censuraba muchísimo”.
El libro termina siendo, dice su autora, una carta de amor a la lengua española, a estas mujeres, a Cervantes y a la literatura misma: “No tendríamos el Quijote de no haber sido por ellas [que] trabajaron durante años para juntar el dinero y liberar a Cervantes del cautiverio en Argel. Ya lo estaban embarcando a Constantinopla cuando llegó el rescate”.
Las Cervantas es una lectura imperdible que busca dar luz y contexto al autor del Quijote, cuya vida permanece principalmente en la sombra.
Semblanza
Martha Bátiz nació en México en 1971 y vive en Canada desde 2003. Es doctora en Literatura Latinoamericana y traductora literaria certificada por la American Translators Association. Ha escrito dos colecciones de cuentos en español: A todos los voy a matar (Castillo Press, México, 2000) y De tránsito (Terranova Editores, Puerto Rico, 2014).
Texto de Herles Velasco Ruvalcaba (@lacevos). Fundó la Escuela de Escritores de México. Su más reciente libro de poesía es Eventos Luminosos Transitorios (2024).