El planeta ya habló: la montaña es la evidencia
Por Lucía Moreno
En las montañas, el cambio climático deja de ser una estadística. Se vuelve un límite de nieve que retrocede año con año, una temporada de lluvias alterada, un bosque más seco, una cima que ya no luce igual. Para Javier Arribas Quintana, ministro consejero de sostenibilidad de la Delegación de la Unión Europea (UE) en México, diplomático de profesión y senderista de vocación, la crisis ambiental no pertenece sólo a los informes técnicos: también se reconoce caminando, subiendo volcanes y observando cómo la naturaleza cambia frente a nuestros ojos.
“He subido muchos de los volcanes maravillosos que tienen aquí en México. Y hay pocas cosas que enseñen tan claramente la crisis climática como la desaparición de los glaciares. En 1950, México tenía unos veinte glaciares; hoy sólo queda el glaciar de Jamapa, en el Pico de Orizaba, y otro prácticamente moribundo en el Iztaccíhuatl, ambos por encima de los cinco mil metros. Yo los he visto porque he subido los dos volcanes”.
Javier no llegó a la conciencia ambiental únicamente desde la política pública, sino desde una experiencia vital: crecer en un pueblo agrícola de Castilla, rodeado de campo, animales y cultivos.
“Soy un chico que nació en un entorno donde desde pequeños sabemos que la leche viene de la vaca, que las patatas salen del suelo y que los tomates no vienen de las charolas del supermercado”. Para Javier, la sostenibilidad no empieza en una cumbre internacional ni en un documento técnico, sino en una forma de relacionarse con el mundo que después puede traducirse en política pública, cooperación internacional y transición energética. Su experiencia como senderista le permite hablar del planeta desde un lugar menos abstracto: el cuerpo que camina, la altura que se respira y el ecosistema que se observa.
La crisis climática no es una predicción lejana; es una transformación que ya afecta a los ecosistemas, a la agricultura y a la vida cotidiana. Le pregunto entonces qué le parece más peligroso: la negación, la indiferencia o la ignorancia. Responde con tono reflexivo: “Es un poco todo. La indiferencia es especialmente grave porque te lleva a normalizar cosas que no son normales y, por tanto, a la inacción. Y eso, mezclado con lo que la ciencia nos dice sobre el cambio climático, es letal. Porque si el cambio climático avanza a pasos agigantados y el mundo no hace nada por pura indiferencia, pues estamos apañados, como dicen en mi pueblo”.
Desde esa evidencia surge otra pregunta: ¿por qué una oficina europea viene a México a hablar de transición energética? Javier contesta que no se trata de dar lecciones, sino de tender puentes y compartir experiencias. Su trabajo consiste en conectar Bruselas con México y promover cooperación en cuestiones climáticas, energéticas, medioambientales, de transporte sostenible y economía circular.
“Somos un puente entre Bruselas y México”
Ese puente tiene sentido porque la transición energética es global, aunque se decide en territorios concretos. Bruselas coordina las políticas climáticas, energéticas y ambientales de la UE, mientras México enfrenta sus propios desafíos y oportunidades.
“México posee petróleo y gas, y esa riqueza puede convertirse en una comodidad difícil de abandonar. Europa enfrenta lo opuesto: no tiene combustibles fósiles, lo que la ha obligado a acelerar inversiones en energías renovables para reducir dependencias externas”.
En esa comparación, Javier encuentra una lectura central: tanto la carencia europea como la abundancia mexicana pueden ser puntos de partida para la transformación.
México, dice, tiene sol, viento, energías geotérmica e hidráulica, aptitudes y una juventud con ganas de hacer las cosas bien. La transición no debe narrarse sólo como sacrificio, sino también como una oportunidad de innovación, desarrollo y prosperidad compartida. El reto está en no quedarse sentado “en la poltrona del petróleo”, sino mirar hacia las posibilidades de un país con talento y recursos naturales extraordinarios.
La cooperación europea en México se mueve precisamente en ese terreno, pues trabaja con gobiernos, empresas, universidades, organizaciones civiles y jóvenes.
Uno de los proyectos impulsados por la UE es el programa Jóvenes Embajadores por el Clima. Más que una campaña simbólica, es una red de liderazgo juvenil climático que busca que jóvenes de distintas regiones del país desarrollen acciones ambientales en sus propias comunidades. Para Javier, los jóvenes son actores de primer orden: “No subestimen su capacidad de influencia”.
De residuos a recursos
En las playas de Quintana Roo, la crisis climática también llega en forma de marea café. El sargazo altera el paisaje turístico, debilita arrecifes, afecta pesquerías y presiona a las comunidades costeras. La UE trabaja con México para ver en este fenómeno un desafío de cooperación regional y no sólo como un residuo.
Surge entonces una pregunta: ¿puede el sargazo convertirse en biomasa útil para producir energía, biomateriales, empaques o cosméticos? Para Javier, ahí está el cambio de mentalidad que exige la transición verde: transformar un problema ambiental en una oportunidad y crear una nueva cadena de valor sostenible.
Esa visión forma parte de una idea más amplia: la economía circular. Javier insiste en que gran parte de la tecnología ya existe. Lo que falta es coordinar esfuerzos mediante una gobernanza eficiente, acompañada de voluntad política, cultura y recursos financieros. La transición ecológica consiste en transformar la manera en que producimos, consumimos y entendemos el desarrollo, más que en cambiar máquinas o fuentes de energía.
“Queremos vivir mejor, pero dentro de los límites del planeta”
La frase resume el espíritu del Pacto Verde Europeo, que Javier define como la hoja de ruta de la UE frente a las crisis que nos apremian. Pero también expresa una ética más profunda: no se trata de vivir peor, sino de vivir de otra manera. Proteger bosques, agua, aire y biodiversidad es una condición para sostener la vida.
Por eso insiste incluso en replantear los libros de texto de economía. Durante demasiado tiempo, afirma, la economía ha hablado casi exclusivamente de capital financiero, y ha olvidado el natural y el humano: bosques, aire, salud, relaciones sociales y talento.
En esta conversación, Javier evita tanto el fatalismo como la ingenuidad. Como padre de cinco hijos no quiere transmitir miedo, pero tampoco ocultar la gravedad del problema. Entre el miedo paralizante y el optimismo ingenuo aparece una palabra que considera fundamental: ecoesperanza.
El concepto, retomado de su amigo, el joven ambientalista colombiano Francisco Vera, propone mirar la crisis climática con lucidez, pero también con responsabilidad. No se trata de creer que todo se resolverá solo, sino de entender que aún existe margen de acción si hay voluntad, cooperación y compromiso.
Para Javier, ésa es la esperanza que vale: no la que únicamente reconforta, sino la que impulsa a actuar.
Esa ecoesperanza quizá empieza en la infancia, en saber que la leche viene de la vaca y las papas de la tierra. Pero también se confirma en la montaña, cuando el caminante entiende que el planeta habla a través de señales concretas: un glaciar que retrocede, un bosque que agoniza, una cima que pierde su identidad milenaria.
Javier Arribas observa esas señales desde México, desde Europa y desde los senderos que recorre cada vez que puede. Su mensaje es menos diplomático que vital: la transición energética no es sólo una política pública; es una manera de decidir qué mundo queremos dejar.
Y concluye: “Soy un funcionario y mi trabajo es un granito de arena. Como decimos en España: un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. Y todos los esfuerzos cuentan”.+
Semblanza
Javier Arribas Quintana es ministro consejero para Sostenibilidad y Transición Energética de la Unión Europea (UE) en México desde 2022. Funcionario de la Comisión Europea desde 1993, ha trabajado en comercio, medio ambiente, relaciones con América Latina y cooperación con organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente. Fue también consejero financiero de la UE en China y ha ocupado diversos cargos en áreas de regulación, mercado interior y cooperación internacional.
Es licenciado en Ciencias Políticas y Derecho, cuenta con dos másteres en Estudios Europeos. Nació en Burgos en 1969.