Peloti y el mundial como no lo imaginabas
Por Carina V. Fuentes
¿Por qué ese territorio es un país y ese otro no? ¿Por qué el lema de casi todas las naciones habla de paz si casi ninguna la tiene? Peloti y el Mundial (Alfaguara Juvenil, 2026), el libro que nació de esas preguntas, se trata de una obra pensada para lectores jóvenes y para las personas adultas que les acompañan, fanáticas (o no) del futbol.
Un viernes a las cuatro de la tarde tuve la oportunidad de conversar con dos de los cinco escritores que participaron en su creación: Sebastián Kohan y Rafael Igartúa. El libro también cuenta con las ilustraciones de Alejandro Magallanes (el encargado de dar vida a Peloti), prólogo de Jorge Valdano (campeón de la Copa Mundial de la FIFA con Argentina en México 1986) y epílogo de Marion Reimers (periodista deportiva, narradora, conductora y profesora mexicana).
Los capítulos que conforman Peloti y el Mundial están ordenados con base en la organización de los grupos del Mundial (pero, aclaran las autoras y los autores en la introducción, hay grupos en el libro en los que sólo aparecen tres integrantes porque cuando tocó enviar el libro a imprenta, aún no se definían todos los clasificados).
Cada sección incluye una ficha técnica del país al que hace referencia: nombre, etimología, población, extensión y, lo más revelador, el lema nacional. Ese último elemento se convirtió en uno de los hallazgos más inquietantes del proceso, cuenta Kohan. “El 98% de los lemas son religiosos en un mundo donde se supone que la mayoría de los estados son laicos”. Y casi el 70% hablan de paz e igualdad, aunque “lo que no hay en ninguno de esos países es paz ni igualdad”. El chiste, dijeron, se cuenta solo.
Pero la ficha es nada más la entrada. Peloti y el mundial también hace que nos preguntemos por qué hay territorios a los que nos cuesta trabajo reconocer como países. Kohan recuerda haber tenido que explicar, en cuatro páginas, por qué Croacia sí es un país en la actualidad y por qué no lo había sido durante dos mil años, aunque a ratos sí.
Pero Peloti (un digno descendiente espiritual de Mafalda) no es sólo un elemento decorativo. Durante el proceso de escritura, se convirtió en el interlocutor que frenaba a las autoras y los autores cuando se iban por las ramas, el ser externo que preguntaba lo que los adultos ya dan por hecho. “Era nuestro Pepito Grillo”, dijo Kohan.
¿Y por qué un libro para jóvenes? Porque cuando uno tiene ocho o quince años y está viendo un partido, hay preguntas que puede hacer con más facilidad, como le pasó a Igartúa en el mundial de Italia 90, cuando vio al jugador camerunés Roger Milla responder entrevistas en francés. ¿Por qué habla ese idioma? ¿Qué es Camerún? ¿Cuál es su historia? Antes de ser un juego, el futbol es una entrada a la geografía, a la historia, a la política.
Para Sebastián el futbol adquirió una dimensión política más personal. Hijo de exiliados latinoamericanos, de niño seguía a los jugadores argentinos porque era una manera de acercarse al lugar al que no podía volver. Con los años dejó de necesitar un equipo y después tampoco necesitó un país. Debido a esa experiencia, aprendió en carne propia que las fronteras no son naturales sino decisiones, muchas veces absurdas, tomadas por otros. Por eso el libro también mira más allá del futbol.
Nuestra conversación terminó con una broma: si el gobierno ya no quiere que los niños vayan a la escuela, que al menos lean Peloti y el Mundial. Un capítulo por cada día de vacaciones imprevistas.+