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Cómo entrarle a la obra de David Hockney

Cómo entrarle a la obra de David Hockney

El legendario artista británico David Hockney falleció este 12 de junio. Tras de sí dejó más de seis décadas de una producción visual vibrante, lúdica y profundamente revolucionaria. Considerado uno de los pintores más influyentes del siglo XX y XXI, Hockney desafió las corrientes de su tiempo: cuando las vanguardias daban por muerta a la pintura figurativa, él la reinventó a golpe de luz, color y una curiosidad tecnológica inagotable.

Para honrar su memoria y celebrar un legado que seguirá vivo en los museos más importantes del planeta, te compartimos estos datos clave para entrarle a la obra de David Hockney y entender por qué su mirada transformó el arte contemporáneo.

El retratista del deseo y la luz de California

Aunque nació en el gris industrial de Yorkshire, Inglaterra, la vida y obra de Hockney cambiaron para siempre cuando se mudó a Los Ángeles en los años sesenta. Ahí encontró una luz brillante que lo deslumbró y una libertad hedonista que plasmó en sus icónicas pinturas de albercas (o piscinas). Su obra cumbre, A Bigger Splash (1967), no es sólo el retrato de un chapuzón; es un estudio geométrico del agua en movimiento y el símbolo definitivo del sueño californiano. Hockney retrató los cuerpos, la intimidad y las relaciones homosexuales con una naturalidad y un orgullo que resultaban sumamente valientes para su época.

El eterno joven que pintaba con iPad

Si algo definía a Hockney era su rechazo a quedarse estancado. A diferencia de otros creadores maduros, él abrazó la tecnología con entusiasmo juvenil. En los últimos años, revolucionó el mercado del arte al realizar series enteras de paisajes y naturalezas muertas utilizando únicamente la pantalla de su iPad y su iPhone. Para él, las herramientas digitales no sustituían al pincel, sino que agilizaban el trazo de la luz. Ésa fue su gran lección: el arte no depende del soporte, sino de la agudeza del ojo que observa.

La deconstrucción del ojo: los Joiners

Hockney estaba obsesionado con la forma en que los seres humanos miramos el mundo; decía que la fotografía tradicional era plana porque el ojo humano siempre se está moviendo. Para corregir esto, en los años ochenta creó los joiners, unos collages fotográficos compuestos por decenas de fotos Polaroid tomadas desde distintos ángulos de un mismo espacio o persona. El resultado son imágenes fragmentadas llenas de dinamismo, cubismo moderno y tiempo condensado. Éste fue uno de sus experimentos más aplaudidos.

El retorno a la naturaleza monumental

Tras décadas en California, Hockney regresó temporalmente a su Yorkshire natal a principios de los años dos mil. Allí realizó una serie de paisajes monumentales que capturaban el cambio de las estaciones. Su técnica consistía en pintar enormes lienzos al aire libre (en plein air), que luego unía como si fueran piezas de un rompecabezas gigante. Obras como Bigger Trees Near Warter demostraron que el paisaje, uno de los géneros más antiguos de la historia del arte, podía seguir siendo fresco, imponente y contemporáneo.

Un icono contracorriente

Hockney no sólo fue un pintor; fue un personaje en sí mismo. Con sus característicos lentes de armazón grueso, sus trajes de colores brillantes y su eterna cabellera rubia (luego encanecida), desafió las convenciones del mercado del arte. En 2018, su obra Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) se vendió por 90.3 millones de dólares, convirtiéndolo en ese momento en el artista vivo más cotizado del mundo. Sin embargo, a él nunca le importó el dinero; sólo le interesaba el misterio de la representación visual.