“Ese sentimiento de estar de sobra…”: Laurence Debray desmonta el mito revolucionario con su libro autobiográfico

“Ese sentimiento de estar de sobra…”: Laurence Debray desmonta el mito revolucionario con su libro autobiográfico

Laurence Debray nos platicó cómo fue escribir la biografía de su núcleo familiar, Hija de revolucionarios.

Miércoles 20 de marzo de 2019
R. de la Lanza

Laurence es la hija del filósofo y revolucionario francés Regis Debray, que se hizo famoso por haber sido capturado y encarcelado en 1967 en la Bolivia de René Barrientos a causa de su vínculo con el Che Guevara —que se había incorporado a la resistencia armada en aquel país—, y la venezolana Elizabeth Burgos, una historiadora y antropóloga que en los años ochenta escribiría el libro que dio renombre a Rigoberta Menchú.

El activismo conjunto de la madre de Regis y Elizabeth generó un movimiento internacional que involucró a Jean-Paul Sartre, André Malraux, al mismísimo presidente francés Charles de Gaulle y al papa Paulo VI. El movimiento cosechó sus frutos cuando Juan José Torres, sucesor de Barrientos tras la muerte de éste, indultó a Debray.

Laurence nació en 1976 en París, a tiempo para ser criada entre los mimos y los abandonos de la vida política que había abrazado a su familia, pues Regis fue un allegado importante de François Mitterrand en su ascenso y sus primeros años como presidente de Francia.

Tamañas personalidades, Regis y Elizabeth, fueron conocidas por el mundo político e intelectual, y esos eventos quizás fueron temas de discusiones graves y ligeras entre figuras públicas y en charlas familiares o de cantina. Pero para Laurence muchas eran cosas desconocidas, como el episodio del encarcelamiento de su padre, hasta que era preadolescente. Después de su infancia en Francia, y de su primera juventud en España, llegó a ser periodista y vertió en un libro su admiración por el rey Juan Carlos de España, todo lo cual le dio una fama propia y bien ganada. Fue entonces que un periodista de esos que parecen más picapleitos que investigadores le disparó la pregunta que detonó la escritura de Hija de revolucionarios: “¿Es cierto que su padre Regis Debray fue el que delató al Che Guevara?”

Prefirieron salvar el mundo que ocuparse de una niña.

Como en una anagnórisis de tragedia griega, Laurence cayó en la cuenta de que al responder lo haría más impulsada por sus sentimientos que apoyada en la certeza de los hechos. Sintió que, sobre la vida de sus padres, tenía muchas más preguntas que respuestas.

“A mí me hubiera gustado que mis padres me hubieran escrito una carta en la que se disculparan por no haber sido unos padres tradicionales, cariñosos —dice Laurence en entrevista exclusiva para Lee+—. Y así, este libro lo hice como si ellos hubieran escrito esa carta para que yo los entendiera mejor”.

Un libro así es un ejercicio profundamente íntimo y a la vez muy expuesto. Uno considera que puede ser doloroso meterse en esas honduras familiares y emocionales.

“Yo lo escribí casi en vez de ir al psicoanalista —confiesa con una risilla nerviosa—. Yo no les podía hablar, pues no me contestaban”. Quizás sea pertinente recordar que tanto Elizabeth Burgos como Regis Debray están vivos y muy activos, aunque ya no juntos.

“Fue un trabajo muy solitario. Tuve que reconstruir un poco sus vidas antes de que yo naciera, y luego reconstruir mis recuerdos e ir hacia el fondo de mi alma para evocar lo que sentía cuando estaba con ellos: ese sentimiento de estar de sobra…”

“Hubo momentos muy difíciles —continúa—, como cuando vi imágenes de mi padre en la cárcel, y cuando vi su juicio y ahí estaban mis abuelos. Muchas cosas de esas yo no las conocía. Pero todo eso me permitió avanzar, como en una reconciliación con ellos a través del libro”.

En la cubierta se muestra lo que parece una foto familiar: una niña ataviada con un femenino y casi infantil vestido amarillo, posando en lo que parece una columnata de alguna casa grande. Pero la niña está cargando un arma larga. “Cuando tenía diez años —explica Laurence la foto—, mi padre me dijo que debía escoger mi lado político: Estados Unidos o Cuba. En Francia hay dos meses de vacaciones en verano, y mi padre me envió sola un mes a Cuba y luego otro mes a un campamento de verano en California. En Cuba fue alucinante, porque yo, que era una niña burguesita criada por los abuelos, de pronto tenía entrenamiento en armas y educación en la ideología marxista. Ahí me hablaron de mi padre como héroe de la revolución, pero no me cuadraba, porque en esa época mi padre trabajaba con Mitterrand, y vestía traje”.

Meterse a hace la revisión del mito de los padres es una tarea de la que no cualquiera sale bien librado, porque el balance final a veces es contundente o lapidario.

Preparaban el mundo para ellos mismos, pero no pensaban en la transmisión ni en integrar a sus hijos a eso.

“Todo es muy ambiguo —evalúa Laurence—. Por un lado, admiro su compromiso, pero por otro me parece alucinante llegar hasta la violencia. Es muy fácil juzgar 40 años después, porque ya tenemos el final de la historia. Yo creo que como padres, prefirieron salvar el mundo que ocuparse de una niña. Pero esa era una generación muy comprometida.

”Hoy en Francia estamos muy metidos en la educación y el bienestar de los niños. Los psicólogos hablan de los niños en el radio y la televisión, pero en esa época no era así. Yo traté de entender esa generación. En esa época la apuesta era directamente sobre la política. Hoy en día el compromiso ético de las personas no pasa por la política ni por la violencia. Es más sobre el estilo de vida: cuidar el planeta no tirando basura, cuidar la salud comiendo orgánico… Se trata más de transmitir a los niños esos mensajes. El compromiso es más incluyente con todas las generaciones. En ese entonces, el compromiso era excluyente con otras generaciones. Preparaban el mundo para ellos mismos, pero no pensaban en la transmisión ni en integrar a sus hijos a eso. En esa época los niños no eran seres que contaban. Ahora el compromiso es más local, entre vecinos, más familiar.”

Es imposible eludir una pregunta que se suscita al conocer la historia del hogar donde Laurence Debray creció, contada por ella misma: ¿Por qué luchas vale la pena exponer o sacrificar la relación con los hijos?

“Yo diría que por ninguna. Como compenso lo que no he vivido, entonces cuenta mucho para mí. Como no tuve esa relación con mis padres, esa intimidad, entonces uno lo compensa con sus propios hijos; quizás es una actitud egoísta. Y además, no estoy involucrada en ningún partido ni en lucha política alguna”, responde Laurence.

Las revoluciones de hoy son de una naturaleza muy distinta. Y Debray, sin vestir una camiseta con consignas, dice que comparte el compromiso ecológico y el dolor de la gente por la situación en Venezuela, donde viven sus familiares.

Por último, le preguntamos a Laurence si había algo en la recepción de su libro que le hubiera llamado la atención: “Me sorprende es que todos hablan de mis padres, eso es lógico, pero me preguntan muy poco de mis abuelos. Es una parte importante de mi libro, que me gustó mucho escribir. Me ha sorprendido que la gente se va por lo que es más mediatico: el Che, Miterrand, pero pasan por alto lo familiar”.

Sensible e involucrada con el tema de este número de 10.º aniversario de Lee+, Laurence Debray nos compartió unos pensamientos sobre su madre, Elizabeth Burgos: “Había muy pocas mujeres en la revolución cubana. Mi madre fue quien introdujo a mi padre en la lucha armada. Sin ella, él no habría entrado en la América Latina. En la política había muy pocas mujeres después de la Segunda Guerra Mundial en Francia. Era única. Era insólito que una mujer tan guapa, tan viva, se dedicara a la vida política. Incluso le habían dicho que nunca podría ser embajadora. Entonces, como ella había sido parte de la resistencia, cuando se hicieron nuevos partidos políticos después de la guerra, y se dio a las mujeres el derecho a votar, de Gaulle le propuso entrar a la política, pero era insólito pensar para ello en una mujer y de ese nivel social. Ella incluso llevó a cabo una huelga de hambre cuando dejó el puesto de senadora, para conseguir que su reemplazo fuera también una mujer. Y en esa época no había feminismo. Fue una mujer que se anticipó mucho a su tiempo”. +

 

Regis Debray, con la pequeña Laurence.

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