Hablemos de “Durmiendo en Gaza”, el libro de Najwan Darwish

El poeta Palestino Najwan Darwish, descubre una suerte de compensación ante la destrucción de su país: “la gente suele tener una sola patria/ pero la mía es múltiple en la pérdida.”

En esa proliferación se autonombra: refugiado de Creta, trabajador diurno en Egipto, marinero escéptico en Haifa, artista sonoro en el Cairo, doliente en Siria, conductor en las montañas de Berzeit, descendiente Arameo y Bizantino, en resumen: Durmiente en Gaza. Aunque el sueño torne pesadilla: “País: por tu culpa estoy también en guerra conmigo mismo/ estoy en guerra con mis sueños”.

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Ante la carencia de lo inmediato, surge el derecho legitimo a un país infinito. En el poema Alegato contra la Historia, asegura; “Los asientos de la esperanza están siempre reservados”, sin embargo, también presiente: “la desesperanza es el espacio vital de la historia/ los ancianos descubrieron eso”.

Música y guerra tienen un romance terrible, al oído árabe, ese agresor metafísico e impune; toma forma de piano, ‘psanter’, denominación del invasor al instrumento, nombre que adopta el poeta para desnaturalizarlo, y volverlo ajeno, ya que también participa de la agresión y amenaza que lo seguirán llamando así ; “hasta que el instrumento deje de tomar partido en el crimen”.

Piano y Holocausto, en sintonía con la película (El pianista) de Polansky: “A veces pienso que los soldados mataron a los pianistas. En los discos tocan ahora los generales”, pero también: “para ellos el piano es sólo un niño abandonado al que llaman ‘psanter’“.

Síntomas del desencantado de un mundo excluyente: “Los asientos de la esperanza están siempre reservados, / ¿nos limpiamos la memoria con antibacterial?, / Usuario del autobús de la pesadilla”.

Aunque alimentado de rabia, el refugiado territorial encuentra su propia redención: “el lenguaje intenta componer al mundo. / Intenta encarnar en el desamparado y despertarlo de su vacío”.

Texto: Lorenzo Medina

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