Una victoria contra el olvido
Por Olga Trujillo
Todas se jugaban el orgullo. Ocurrió hace 55 años, justo cuando nació Librerías Gandhi, cuando nadie imaginaba que algún día estas páginas narrarían esos mismos relatos de futbol femenil. La historia que se intenta contar aquí comienza una tarde de 1971, en el Estadio Azteca, cuando poco más de un centenar de futbolistas de seis países diferentes escucharon el silbatazo inicial que anunciaba un Mundial Femenil en México… no oficial.
Y termina también por la tarde, un día de mayo, con las pioneras de ese mundial, olvidado por razones de género, y sus medallas conmemorativas en el pecho. El escenario: la cancha del Estadio Ciudad de los Deportes previo a la final de la Liga MX Femenil del Clausura 2026 entre América y Rayadas. Todas son reconocidas, algunas en cuerpo y otras en memoria. Para que eso sucediera se necesitaron 55 años y la resistencia colectiva.
Es cierto que más de medio siglo de futbol femenil no se termina de contar en cuatro hojas. Tal vez para muchas personas esos hechos tampoco sean el inicio y el final de un relato tan ambicioso, pero, al encontrarles sentido, ambos sucesos amarran las tardes más tristes y las más felices del futbol femenino en México y el mundo. Aquí el breve recuento.
Las selecciones femeniles de la Copa 1971 eran: México, Dinamarca, Argentina, Francia, Italia e Inglaterra. Un contraste cultural entre futbolistas latinas y europeas: supervivencia e improvisación versus estructura y poder.
En la radiografía cada selección tenía ya para entonces una historia desconocida, pero recorrida. Apenas en 2019, Futbolera (University of Texas Press), el libro más extenso que se haya escrito sobre los rastros de las mujeres en los deportes de América Latina, y en especial dentro del futbol femenino, reveló las condiciones de las jugadoras que llegaron a ese Mundial Femenil en 1971.
Más tarde, en el 2023, el documental Copa 71, complementó las investigaciones de Futbolera y expuso con imágenes inéditas y entrevistas que, a pesar de ser un mundial no reconocido por la FIFA, las pioneras fueron tratadas como estrellas de rock.
Las argentinas eran en su mayoría trabajadoras de fábricas y no tenían los suficientes recursos para pagar el viaje a México; las francesas e italianas, según una cita de Futbolera en El Heraldo, mostraban un mayor desarrollo del futbol femenil en ese entonces, e incluso en Turín más de 12 mil personas habían asistido a partidos femeninos. Ellas legitimaron el futbol femenil ante América Latina.
Y había más matices. Las mexicanas eran llamadas “morenitas” por su entrenador y ellas mismas veían a sus rivales inglesas como “grandotas, güeritas y bonitas” (Copa 71), lo que les hizo dudar si las podían vencer. La final fue un éxito, más de 112 mil 500 personas en las gradas del Estadio Azteca para ver coronarse a las danesas que vencieron 3-0 a México. Las inglesas regresaron a su país y se dieron cuenta con decepción de que el torneo había pasado desapercibido por los medios locales. Es más, fueron sancionadas y el entrenador, Harry Batt, expulsado de por vida.
El mismo Juan Villoro en Los héroes numerados (Seix Barral, 2026) aborda tanto la joya Futbolera como el audiovisual Copa 71 para decir que “la FIFA, integrada exclusivamente por hombres (muchos de la tercera edad), consideró que era un peligro que las mujeres quisieran ocupar las canchas de los hombres”.
Mucho qué contar para la prensa, futbolistas que hicieron repensar las narrativas tradicionales históricas del momento. Tristemente, ese futbol femenil que había sobrevivido a prohibiciones, burlas y silencios, no superó el auge que alcanzó en 1971.
¿Se podrá explicar el crecimiento actual del futbol femenil sólo con estadísticas o estadios llenos?, fue la pregunta de la que partió este texto. Los sucesos relevantes de las pioneras del balón dan la respuesta: lo que existe hoy es consecuencia de décadas de resistencia.
El mapa del futbol jugado por mujeres nos lleva entonces a la primera Copa Mundial Femenina oficial de la FIFA celebrada en la República Popular de China, veinte años después de aquel mundial femenil olvidado. Y las tardes felices por fin acontecen. Esa edición vio nacer a selecciones que cambiaron la conversación global. La principal fue la de Estados Unidos, el primer gran imperio del futbol femenil. Con figuras convertidas en símbolos culturales que llegaban a las casas hasta en cajas de cereal, como Mia Hamm, las del U. S. Women’s National Team (USWNT) se abrieron paso en la historia mundialista femenil contemporánea al vencer 2-1 a Noruega.
El futbol femenil estadounidense y su estructura deportiva entendieron antes que nadie el potencial de este deporte. Y con esa ventaja anticipada, hoy acaparan casi la mitad de títulos mundialistas: cuatro de nueve posibles.
El resto de cetros en mundiales femeniles han sido para Noruega, Alemania (dos), Japón y, el último, España. Aunque las europeas están en el cuadro de honores gracias a su disciplina y dominio, lo de las niponas ante las estadounidenses en Alemania 2011 y Canadá 2015 (cuando la goleadora Homare Sawa capitaneó a Japón para conquistar uno de dos), marcó una de las grandes rivalidades futbolísticas. Un choque de cultura y estilos del que aún se habla en el conjunto de las Barras y las Estrellas.
La única nación latinoamericana que ha llegado a la final de una Copa Mundial Femenina FIFA es Brasil. Y eso que durante casi cuarenta años jugaron contra el veto que inició en 1941 en ese país “porque era anormal mirar a 20 mujeres (dos son porteras) correr detrás de un balón en condiciones adversas y difíciles”. El libro Futebol Nation, The Story Of Brazil Through Soccer (Bold Type Books, 2014), de David Goldblatt, explica que las mujeres jugaron clandestinamente hasta 1979. Tan pronto como eso pasó, la fiebre por el futbol siguió su rumbo. La prensa reportó tres mil equipos femeniles en Brasil a principios de 1980. Seis años más tarde nació Marta Vieira, hoy la máxima anotadora en Mundiales con 17 goles en 20 partidos.
Toda gran historia necesita un punto de quiebre. Y para las personas de pantalón largo en el futbol femenil llegó cuando las máximas campeonas en Mundiales, las jugadoras estadounidenses, reclamaron: “Nos dimos cuenta que ganar el Mundial en Canadá 2015 se la pondría más difícil a la Federación para negarnos pago igualitario al de los hombres, que nunca han ganado una Copa Mundial, lo más lejos que han llegado fue el tercer lugar, en 1930…”, escribió Megan Rapinoe, exjugadora de la selección de Estados Unidos y activista, en su biografía One Life (Libros Cúpula, 2021).
El tema salarial se volvió central no sólo para el USWNT, sino a nivel mundial. La Federación Estadounidense terminó por ceder en 2022 cuando, junto con sindicatos, firmaron convenios colectivos y se convirtieron en el primer país en igualar los premios de Copas del Mundo e ingresos comerciales para ambas categorías. Un parteaguas. Varias selecciones femeniles de otras naciones salieron a reclamar lo suyo.
La metamorfosis de talento colectivo en el futbol femenil no ha dejado de asombrar. No sólo se pasó de 12 selecciones que participaron en los primeros mundiales femeniles a 32 en Australia y Nueva Zelanda 2023, también se crearon más ligas de futbol femenil que han comenzado a construir memorias. La prueba está en el interés de la afición. Con todo y algunos pendientes por mejorar. De hecho, la Liga MX Femenil ha logrado ser la más vista en el mundo en casi diez años, con un alcance de 37.5 millones de personas hasta el Apertura 2025.
Superar a ligas femeniles como la National Women’s Soccer League, la Barclays Women’s Super League y la Frauen Bundesliga, explica por qué las jugadoras europeas, africanas, latinas, norteamericanas y mexicoestadounidenses (incluidas campeonas mundialistas) han decidido continuar sus carreras futbolísticas en México.
Pareciera que el futbol femenino vibra por primera vez con el péndulo de su lado. Jugadoras que ya llenan sus carteras con sueldos de hasta un millón de euros como la icónica española Aitana Bonmatí; o las que son fichadas por clubes extranjeros con cifras récord, como la francesa Grace Geyoro, la mexicana Lizbeth Ovalle o la estadounidense Naomi Girma, obligan a repensar si a quienes se les tendría que agradecer es a las mundialistas de 1971 que hoy son reconocidas con una simple medalla.
Aquí viene el final de esta historia con una imagen: es mayo del 2026. Jugadoras del América rodeadas por nubes de humo rosa y naranja posan para la foto de portada de los periódicos deportivos. Sonríen, gritan. Son campeonas… Más que un trofeo, ellas alzan una victoria contra el olvido. Todo ante los ojos de las pioneras.+
Olga Trujillo (olga_trujas). Periodista, productora, guionista y promotora del deporte femenino. Egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Trujillo es pionera en la cobertura y visibilización del deporte femenino en México y Latinoamérica a través de la plataforma digital Diosas Olímpicas, que creó y dirige desde el 2012. Ha colaborado y trabajado en distintos medios e instituciones como Olympics.com, Gatopardo, Capital 21, Canal Once Digital y Liga Mexicana de Beisbol (LMB).