¿Quién cometió el crimen? Entrevista con Anik Lapointe

En la novela negra te creas y te recreas a ti mismo dentro de la historia. Eres cómplice de la sensibilidad que el autor detona en los hechos que narra, buscas la intriga y las respuestas durante el desarrollo, eres el protagonista, el criminal, la víctima y el juez.

“El proceso de ideas lo llevo trabajando durante veinticinco años en el mundo editorial. Desde pequeña, la única cosa que había hecho en mi vida era leer libros y estudiar. Cuando pensé qué haría con mi vida, estaba terminando mi maestría de literatura francesa del siglo XIX, en Canadá; pedí una beca en Barcelona y terminé ahí en 1992 e inicié a trabajar en el mundo editorial en 1993, en una pequeña editorial que ahora todo mundo conoce, que se llama Acantilado”, recuerda la editora Anik Lapointe.

¿Con qué dificultades te encuentras cuando seleccionas el material?

He trabajado mucho tiempo en el mundo editorial y tienes la fuerza de decidir cuáles son los temas que puedes trasmitirle a la gente, la emoción de lo que tú percibes. Nunca es difícil escoger un libro, pero es difícil que tu libro en el mundo editorial llegue al público. Las líneas editoriales son interesantes, reflejan quién eres.

Hacia el 2001, Anik Lapointe comenzó a trabajar en RBA. Una vez ahí, tomó la decisión de emprender una línea editorial enfocada en la novela negra: “Es un género muy realista, lleno de crisis, que te explica el momento presente. En España nadie estaba haciendo una colección de novela negra, hace quince años no existía. Había un vacío grande, por lo que empecé a publicarla. Me topé con comentarios negativos, insistían en que no funcionaría, pero actualmente es un éxito, resultado de mucho trabajo durante varios años. Con los primeros autores que llegaron a Barcelona fue algo complicado porque nadie los conocía, resultó duro explicarle a la prensa por qué era un género importante, y que no sólo hacían novela policiaca; el género es muy flexible”.

¿Qué escritor o novela detona tu interés?

Empecé con Ian Rankin, que vendía en toda Europa, menos en España. Luego descubrí a Dennis Lehane, un autor muy importante. Todos sus libros han sido películas famosas y es un guionista increíble. Fui una de sus primeras editoras internacionales. En mi nueva colección (Salamandra Black), que inicié hace tres años, fue muy bonito porque publiqué Galveston, de Nic Pizzolatto, que es un libro que había leído años atrás y no me había atrevido editar; era la mejor manera de iniciar con novela negra.

¿Cuál es el panorama actual de las publicaciones en España?

En España hay editoriales que publican novela negra, suspenso, terror y ciencia ficción. Como editor eres la persona que decide la originalidad de lo que puede ser llamado novela negra. Lo interesante de nosotros fue proponer autores nuevos. Los franceses me interesan mucho, porque es un país que ha publicado bastante y tiene autores de larga tradición. En los últimos diez años el género ha crecido en direcciones de narración y estilo.

La apertura de la novela negra y los clásicos:

La novela negra comenzó en los años veinte. Es bueno saber que es un clásico contemporáneo, pues hay una tradición muy larga y es interesante leer con ojos nuevos y ver si aún tienen sentido. Recuperé hace poco una novela, Bajo los montes de Kolima, que el próximo año estará en América Latina. La descubrí en una librería de Inglaterra y tenía la recomendación de un autor mío; empecé a leer el libro y me fascinó. En España pasó a ser un libro olvidado, y lo hemos vuelto a publicar.

Las joyas de la corona:

Yeruldelgger, muertos en la estepa, de Ian Manook; me gusta bastante y sucede en Mongolia. Ves una ciudad de forma tradicional. Otra autora canadiense, Louise Penny, describe una ciudad donde yo viví con mis padres: es un impacto. Mi padre me decía que leyera el libro y ahora estamos publicando cuatro. Tenemos que abrir los ojos, las cosas están pasando y, bueno, hasta ahora el único mexicano que hemos editado es Jorge Ibargüengoitia.

Por Ulysses Avath

MasCultura 20-enero-2017

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