Efectos personales: Marina Mariasch teje duelo y memoria
Por Jorge Durán
Marina Mariasch (Buenos Aires, 1973), autora de las novelas El matrimonio (Emecé, 2023) y Estamos unidas (Emecé, 2024) y de la poesía reunida en Paz o amor (Blatt & Ríos, 2014) entre otros textos, regresa con Efectos personales (Hachette, 2026), una obra autobiográfica en la que explora el suicidio de una madre a través de las relaciones que ella tejió con sus hijas, sus parejas, su círculo de amistades y consigo misma. Con una prosa de exigencia poética —atenta a la sonoridad, el ritmo y la imagen—, Mariasch reconstruye el antes y el después del acontecimiento desde múltiples voces testimoniales, articulando el duelo, el amor y las dinámicas familiares en una perspectiva feminista que devela lo que las apariencias de una vida “completamente normal” solían ocultar. El resultado es una novela que no busca explicar ni consolar, sino acompañar: una escritura que se enfrenta a lo que parecía no tener palabras, y que plantea, de paso, preguntas incómodas sobre el amor, la familia y lo que elegimos no ver.
JD. Marina, el libro narra algo que verdaderamente ocurrió y que además te ocurrió a ti. ¿Qué te hizo cruzar esa línea entre lo privado y lo literario? ¿De dónde surge la decisión de llevarlo a un texto publicado?
MM. Yo creo que siempre aparece algo subjetivo, algo de la propia experiencia en el texto que uno escribe, incluso aunque esté hablando de seres de otro planeta. En la ficción más ficcionada aparece algo de la propia subjetividad del escritor. De todas maneras, hay algo misterioso que se escapa y lo que hace el lenguaje es moldear la realidad, ponerla de una forma determinada, con lo cual esa realidad puede ser contada de mil maneras distintas. Ahora, si me preguntas en términos biográficos, sí, yo creo que hubo una necesidad de poner en palabras esto que verdaderamente ocurrió y tratar de darle forma. Creo que poner en palabras siempre ayuda a ordenar algunas emociones, así como los rituales también ayudan. Poner en palabras ayuda a pensar y a formularse algunas hipótesis a lo largo de la historia.
JD. A lo largo de la obra aparecen objetos muy concretos: la cama, la casa, los utensilios de cocina, la ropa, la campera. ¿Funcionan como un rompecabezas para reconstruir la vida de las personas que intervienen en el relato?
MM. Sí, es como una reconstrucción del crimen, porque, de alguna manera, al ser un hecho sucedido en la vía pública pasa a tener un carácter policial, . Interviene la policía y hay que pasar por los tribunales de justicia a retirar algunas cuestiones judiciales. Y en ese sentido dije: este texto también debe tener una trama del tipo policial, donde haya diferentes ópticas, puntos de vista de los testigos, quienes estuvieron, quienes presenciaron o estuvieron cerca de la escena, como en una novela de Agatha Christie, y cada uno tiene su versión bastante diferente. En algunas se parecen, en otras no tanto. Y cuando hay una tragedia, los objetos tienen un lugar muy importante. Hace poco acá en Argentina se cumplieron los 50 años del golpe cívico-militar y salió un libro muy lindo, el primero escrito por hijos de desaparecidos, muchos de ellos recuperados. El tema de los objetos tiene ahí un rol preponderante, porque los objetos transmiten memoria con una potencia muy particular.
JD. En el libro, la última conversación entre madre e hija es una pelea por unos saquitos de té. ¿Cómo trabajaste esa tensión entre lo absolutamente cotidiano y lo irreparable?
MM. En la obra hay muchísimas formas del amor y el amor puede ser que no siempre se manifieste de la manera que esperamos. Como dice en un momento una voz pequeña dentro del libro: “El amor no tiene que quedarse quieto en un solo lugar, va cambiando, es como un flujo”. El amor es una corriente que no para. Entonces hay distintos tipos: el amor filial, el amor de una madre a los hijos o a las hijas, la relación entre madre e hija, que es bien complicada muchas veces, incluso cuando tiene toda la incondicionalidad que puede llegar a tener, no siempre.
JD. ¿Qué quería el libro hacer en ti mientras lo escribías?
MM. Yo creo que hay algo que excede al escritor o a la escritora, algo en la recepción que también excede. Cada cual hará su propia lectura y eso está completamente liberado. Pero sí creo que hay que advertir, y que está bueno saberlo de antemano, que no es un libro enteramente dramático. Tiene que ver con pensar, con darle vueltas a las cuestiones de la vida, de la humanidad, de las batallas que cada uno de nosotros enfrenta cada día, incluso las más impensadas. Cuestiones que nos atraviesan a todos de manera transversal, que tienen que ver con la complejidad de la vida, con la dificultad que implica levantarse cada día, cumplir con las tareas, con el trabajo, con los mandatos. Y ver que de alguna manera todos tenemos esa dificultad, y que algunas personas la cargan de un modo que los demás no siempre sabemos ver.
Jorge Durán es editor, autor y traductor; aunque antes, lector. Lleva más de veinte años convencido de que los libros dan propósito al mundo.
