+Lecturas: Entrevista a Socorro Venegas por el libro “Leche de silencio”

Leche de silencio, de Socorro Venegas, es un libro que vuelve sobre la memoria sin la pretensión de ordenarla. En sus páginas conviven los recuerdos, las ausencias y una lengua que alguna vez dejó de pronunciarse, pero nunca desapareció del todo.
La conversación que la autora sostiene confirma que este libro nació de una necesidad más profunda que la de narrar una experiencia personal. Es el intento de volver sobre una herida sin la urgencia de cerrarla, de escuchar aquello que durante generaciones permaneció apenas insinuado en los márgenes de la historia familiar.
Desde sus primeras páginas, Leche de silencio despliega una escritura de una delicadeza poco frecuente. Venegas no reconstruye únicamente la historia de su madre o la de su linaje materno; reconstruye el modo en que el lenguaje puede devolvernos una parte de nosotros mismos. Lo hace a través de una prosa que avanza con la cadencia de la poesía, donde cada recuerdo parece dialogar con otro más antiguo y cada silencio contiene una genealogía entera.
En el centro del libro habita una ausencia: la lengua náhuat que hablaba su madre y que nunca llegó a transmitirse. Esa lengua perdida no aparece como un símbolo nostálgico ni como una reliquia cultural. Es una presencia constante, una respiración que atraviesa el relato y que obliga a preguntarse cuánto de nuestra identidad permanece cifrado en las palabras que dejamos de pronunciar.
La grandeza del libro reside precisamente en que rehúye las simplificaciones. Venegas comprende que el silencio no siempre nace de la omisión; muchas veces es una forma de supervivencia. En un país donde las lenguas originarias fueron asociadas durante décadas con la pobreza, el atraso o la exclusión, dejar de hablar podía significar la posibilidad de proteger a los hijos. Esa renuncia, sin embargo, también implicaba perder una manera irrepetible de mirar el mundo.
Por eso Leche de silencio no es únicamente un libro sobre la memoria. Es también una reflexión sobre el peso invisible de la herencia. Sobre aquello que recibimos sin saberlo: los gestos, las heridas, las palabras no dichas y las historias que continúan moldeándonos incluso cuando ignoramos su origen. La autora convierte esa materia íntima en una experiencia literaria capaz de trascender lo autobiográfico para tocar una fibra colectiva.
Hay un momento especialmente revelador de la entrevista en el que Venegas afirma que fue el propio libro quien terminó escribiéndola a ella. La frase ilumina el sentido de toda la obra. Escribir deja de ser un acto de dominio para convertirse en un ejercicio de escucha: escuchar a la madre, a la infancia, a los muertos y también a esa lengua que sobrevivió durante años únicamente como un eco.
Esa misma ética atraviesa la construcción del libro. Antes de convertir aquellas conversaciones familiares en literatura, la autora hizo un pacto con su madre: ninguna revelación justificaría una nueva herida. El resultado es una escritura profundamente honesta que entiende que la verdad literaria no depende del exhibicionismo, sino de la compasión con la que se mira el pasado.
También el objeto físico acompaña esa búsqueda. La edición de Página de Espuma incorpora manuscritos familiares y un glifo náhuat que simboliza la voz, el aliento y la palabra, como si el libro quisiera recordarnos que la memoria no solo se escribe: también se toca, se observa y se hereda.
Te invitamos a ver la entrevista completa