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Trazando un mundo para nosotras. Una conversación con Amanda Mijangos y Mariana Villanueva

Trazando un mundo para nosotras. Una conversación con Amanda Mijangos y Mariana Villanueva

Mercedes Alvarado

Leer narrativas gráficas creadas por mujeres nos abre un universo de historias, experiencias y perspectivas singulares. Desde su origen, los cómics y las novelas gráficas no sólo han desafiado estereotipos y ampliado la representación femenina, sino que también han nutrido nuestra comprensión de aquellas subjetividades fuera de la hegemonía. En esta charla, nos asomamos al mundo de dos ilustradoras y narradoras gráficas mexicanas cuyo talento, valentía y creatividad admiramos profundamente.

En las últimas cuatro o cinco décadas hemos avanzado hacia una nueva forma de entender la ilustración; ya no se trata solamente de agregar un dibujo, sino de construir una nueva narrativa en los libros. Hay una propuesta, una reinterpretación, otra manera de leer. Amanda, has dicho antes que tus ilustraciones preguntan más de lo que responden. Partamos de ahí: ¿es la ilustración una manera de cuestionar?, ¿está preguntando desde el trazo?, ¿o consiste en una apuesta por reconstruir el mundo gráficamente? 

Amanda: La ilustración tiene siempre la posibilidad de abrir un camino paralelo a lo que está pasando con el texto; tú eliges en qué momento esto se acerca o se aleja para construir más lecturas. Es relativamente reciente la inclusión de la imagen en los libros dirigidos a adultos. Hay una tradición larga de la novela gráfica, pero estamos viviendo un auge en los últimos años. Yo me planteaba, al principio de mi carrera, ¿con qué autoridad le voy a explicar algo a las infancias?, ¿cómo puedo saber más que ellas y ellos? Me parece más bonito pensar en establecer un diálogo en el que les invitas a reflexionar. Ilustrar significa abrirnos a pensar en que no todo es de una manera preestablecida. 

Mariana: Para mí la ilustración también plantea una exploración propia, que espero que en algún momento repercuta en una exploración de quien la ve. Hay un diálogo y una búsqueda muy humana. Antes, la ilustración representaba un acompañamiento; ahora resulta también esa vuelta de tuerca, esa comunicación con el público. Me gusta que este lenguaje se esté abriendo paso también entre los adultos. 

Vivimos una época en la que pareciera una obligación que la imagen acompañe todas nuestras formas de comunicación. De alguna manera, ¿será que esta sobreexposición a la imagen nos ha motivado a construir multilenguajes?

Mariana: Hay muchas imágenes de acompañamiento, pero otras no. Por ejemplo, si pensamos en los memes, muchos de ellos requieren un proceso mental porque reflejan íconos sociales y son una forma de comunicar algo concreto. 

También estamos en la época de las literaturas híbridas; tenemos poemas en verso y libros de poesía con una narrativa compleja. Hablemos del multilenguaje desde lo visual, ¿cómo lo entienden?

Amanda: Hace poco, Alejandro Magallanes publicó Las letras son dibujos; me parece interesante pensar en la imagen como un lenguaje. Lo que hacemos con las palabras es justamente construir imágenes literarias. Con la imagen ilustrada exploramos esas otras posibilidades a las que el texto no puede llegar. No creo que la imagen literal sea un equívoco, pero ¿para qué la quieres cuando el texto ya lo dice?, ¿vale la pena tenerla ahí? Cuando la imagen está en todos lados, va perdiendo su potencia y dejamos de ver todo lo que puede decantarse cuando se lee bien una imagen. Habría que preguntarnos si es necesaria y cómo hacer que cada uno de los soportes se explote de la mejor manera.

Es bien sabido que en la poesía pesa más aquello que no se dice. Ambas han trabajado ilustrando poemas, ¿cómo ha sido para ustedes reescribir la poesía a través del trazo?

Mariana: Mucha gente pone a la poesía en un pedestal, la trata con solemnidad o le da miedo; yo creo que hay que agarrarla por los cuernos. Me gusta capturar el ambiente al que me lleva el poema, no repetir lo que se dice, sino tratar de capturar la sensación sin sobreexplicarlo para evitar que se pierda el impacto. Entrarle sin miedo es lo primero que recomiendo al trabajar con poesía. 

Amanda: No se trata de dar la respuesta, pues un poema no está hecho para entender algo específico, no se decodifica como si fuera un problema con una solución unívoca. Trabajar con imagen ilustrada para poesía conlleva la gran dificultad de que el poema ya está plagado de imágenes. Es como tratar de resolver un acertijo, como entrar en un laberinto de imágenes. Me parece de los textos más complicados para trabajar, pero también de los más retadores y en los que más aprendes, porque te obliga a pensar en imágenes a las que muchas veces no llegarías sin las palabras de un poeta. 

¿Cómo ha sido este camino a lo largo de los años de vivir entre la ilustración como trabajo y como medio de expresión personal? 

Mariana: Me encanta hacer proyectos personales porque es mi momento de exploración en cuanto a técnicas y nuevas herramientas; representa un espacio mucho más libre, que tiene que seguir existiendo de la mano de mi trabajo más comercial. Me permite seguir evolucionando; forma parte de un proceso en el que indago y siembro lo que podré cosechar cuando trabajo en algo más concreto para una editorial. El ciclo es de ida y vuelta. 

Amanda: Siento que mi etapa de proyectos personales resulta muy nueva. Surgió como una búsqueda para que la ilustración fuera algo más que mi trabajo. Los proyectos por encargo tienen límites que no puedes brincarte, aunque quieras. Yo les advierto desde el principio a todos mis editores que los libros que hago son diferentes, que no se parecen entre sí. Pero una siempre es una y, aunque traces rutas distintas, lo que eres aparece de una manera u otra. Hace poco me planteé hacer algo que represente un desafío personal, un proyecto en el que pueda usar lo que he aprendido en el camino. Vamos a ver cómo sucede. 

¿Cómo defienden su espacio creativo más allá del trabajo y las obligaciones cotidianas?

Amanda: Creo que se trata de propiciar ese espacio en los procesos de trabajo de los libros. No se puede vivir de hacer un libro por año, así que tienes que encontrar la manera de que exista ese espacio de juego, exploración, diversión y disfrute para lo creativo, que luego puede detonar en proyectos personales, juegos o series que desarrollas para concursos en los que tienes la opción de trabajar sin ningún tipo de límite. Para mí, ésa es la clave. 

Pienso también que, para mí, la ilustración representa sobre todo un límite: el del texto, del formato, de la editorial, de un público. Ilustrar es como toparte con una pared y sacarle la vuelta para encontrar un camino que abre otra vez un montón de posibilidades. Hay que encontrarle eso también a los trabajos por encargo. 

Mariana: Me identifico mucho con lo que ha dicho Amanda. En el hecho de enfrentarte a una hoja en blanco, que parece libertad pura, tienes que encontrar contención en esos límites que te pone el texto. Dije, hace poco, en una charla, que el ilustrador se parece un poco al director de cine; tienes que hacer un casting de personajes, vestuario, época… Con los límites que te marca la obra, decides desde qué plano expresar aquello, y tienes que aprovecharlo al máximo.+