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Nellie Bly, la primera periodista infiltrada

Nellie Bly, la primera periodista infiltrada

Por Herles Velasco 

En el otoño de 1887, una mujer de veintitrés años cruzó el umbral de una institución que la mayoría de los ciudadanos prefería ignorar. Su objetivo era infiltrarse en el asilo de Blackwell’s Island, en Nueva York, para denunciar las atrocidades que ocurrían en su interior. Aquella mujer era Nellie Bly y el resultado de su encierro voluntario fue Diez días en un manicomio (Libros UNAM, 2025), una obra que, en palabras del escritor y traductor Daniel Saldaña París, representa el nacimiento de una forma de narrar que hoy nos resulta familiar, pero que en su momento fue una revolución absoluta.

Saldaña París, encargado de la traducción y el prólogo de este reportaje incluido en la colección Pequeños Grandes Ensayos, de Libros UNAM, desmenuza la relevancia de este texto. Para el escritor mexicano, acercarse a Bly es reconocer a una pionera de lo que hoy conocemos como periodismo gonzo. Bly, con una “determinación férrea y un valor a prueba de balas”, decidió que el periodismo debía encarnar la realidad. 

Antes de que Nellie Bly llegara a Blackwell’s Island ya se había convertido en una voz incómoda en México, de donde tuvo que huir porque, tras denunciar las condiciones de los campesinos bajo el porfiriato, recibió amenazas del gobierno en turno. De vuelta en Estados Unidos se unió al periódico New York World de Joseph Pulitzer y aceptó el reto de hacerse pasar por una enferma mental. Para Daniel Saldaña París, lo que hace extraordinario este episodio es la sofisticación de la mirada de Bly.

“Era una gran escritora… de manera intuitiva ella inventó este estilo que era como su propio estilo y que le permitió una libertad enorme”, comenta Saldaña París durante la entrevista. Esta libertad se tradujo en lo que él define como un “periodismo inmersivo en primera persona medio gonzo”, décadas antes de que el término fuera acuñado. Lo que diferencia a Bly de otros reporteros de su época es su “mirada muy compasiva y una preocupación real por las otras personas que están ahí encerradas”. 

Uno de los mayores retos al traducir una obra de finales del siglo XIX es decidir qué tanto se debe modernizar el lenguaje. Saldaña París optó por la fidelidad histórica, por lo que conservó términos que hoy nos resultan crudos, pero necesarios para entender el contexto. “No me parecía necesario modernizarlo del todo… me parecía necesario respetar ese aire del original”, explica. 

La relevancia actual de la obra radica en que las estructuras que Bly atacó no han desaparecido del todo. La precariedad en el cuidado de la salud mental y la infantilización de las pacientes siguen siendo temas de debate público. Por ello, Daniel resalta que “es bastante elocuente que 137 años después de que se escribió, el libro siga circulando, siga traduciéndose”. 

Desde el punto de vista estrictamente literario, Saldaña París elogia la economía del lenguaje de la autora. El talento de Bly residía en la síntesis y en el detalle exacto. “En tres o cuatro líneas te pinta una escena con un par de médicos y una de las reclusas”, apunta el traductor. Esa capacidad de retratar la condición humana con pinceladas rápidas y certeras es lo que hace que el texto sea una literatura hecha para ser leída, sentida y comprendida por todos.

Al final, el trabajo de Nellie Bly provocó un juicio de gran jurado que resultó en un aumento inmediato del presupuesto para el Departamento de Beneficencia Pública y Corrección de Nueva York. Bly demostró que el periodismo podía cambiar las leyes. “Sabe darle la vuelta al encargo más bien amarillista del editor y meter el dedo en la llaga”, concluye Saldaña París.+

Nellie Bly nació en 1864, en Cochran’s Mill, Pensilvania. En 1885, escribió una carta al editor de Pittsburgh Dispatch, en respuesta a la publicación de una nota con opiniones sexistas; el editor la invitó a adaptarla en una columna: “The Girl Puzzle”. 

En 1914 viajó a Europa para informar sobre el frente oriental europeo durante la Primera Guerra Mundial, lo que la convirtió en una de las primeras mujeres corresponsales de guerra. Falleció a los 58 años en Nueva York a causa de neumonía.