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Pasado, herencia e identidad en Cierto hombre de Keiichiro Hirano

Por Victor Ruiz

Algunas novelas se construyen sobre certezas; otras, más inquietantes, nacen de la duda y se sostienen en ella. Cierto hombre (Hachette Literatura, 2025) pertenece claramente a esta segunda estirpe. Keiichiro Hirano parte de una premisa perturbadora: el pasado no es un territorio fijo ni un archivo estable, sino una materia frágil que se reconfigura cada vez que cambia nuestra mirada. 

Esta intuición no surge de la nada. Antes de escribir Cierto hombre, Hirano ya había explorado en Machine no Owari ni la idea de un pasado mutable. No porque los hechos se alteren, sino porque su sentido se reescribe con el tiempo. Al crecer, nuestra percepción se transforma, la sensibilidad se afina y lo vivido adquiere nuevos contornos. Para Hirano, es el futuro (no el recuerdo) el que posee la capacidad real de modificar el pasado.

El núcleo más oscuro de la novela gira en torno al crimen y sus consecuencias. Japón conserva la pena de muerte y Hirano, involucrado en el movimiento abolicionista, ha tenido contacto directo con personas vinculadas a delitos graves. Allí descubrió una asimetría brutal: mientras las familias de las víctimas pueden expresar públicamente su dolor, las de los perpetradores están condenadas al silencio. Para existir, deben borrar su identidad. En ese vacío, la literatura asume una función ética: nombrar a quienes han sido expulsados del relato social.

De esta constatación surge Cierto hombre. La pregunta que lo atraviesa es simple y devastadora: ¿qué habría sido de mí si no hubiera nacido en esta familia? A partir de ahí, Hirano despliega una concepción amplia del ser humano. Rechaza la idea de un yo único y coherente. Somos, afirma, seres multidimensionales, compuestos por múltiples identidades, todas atravesadas por nuestra relación ambigua con el pasado.

Esta visión toma cuerpo en Kido, un abogado japonés de ascendencia coreana que investiga la vida de un hombre sin nombre. En ese desconocido, Kido descubre un reflejo inquietante. Su relación reproduce el gesto esencial de la literatura: reconocerse en lo ajeno. Hirano evoca su propia adolescencia en Kitakyushu, leyendo a Thomas Mann desde una distancia cultural radical. Aquella experiencia le permitió aliviar la soledad y comprenderse mejor. La otredad, concluye, es una de las vías más profundas hacia la empatía.

La novela dialoga también con el Japón de la década de 2010, marcado por el resurgimiento del nacionalismo y el recrudecimiento de la discriminación hacia comunidades coreanas y chinas. Frente a una ansiedad identitaria colectiva, muchos buscan refugio en identidades rígidas y excluyentes. Hirano propone lo contrario: aceptar la complejidad y asumir que ningún yo puede reducirse a una sola narrativa.

En Cierto hombre nadie posee la verdad completa. Cada personaje accede sólo a fragmentos. Para Hirano, la identidad funciona como la verdad: una construcción narrativa necesaria para habitar el mundo. Hay secretos que no pueden revelarse sin violencia; silencios que requieren tiempo, o que quizá deban permanecer intactos.

El título original, Aru Otoko («cierto hombre»), nombra a un individuo concreto y, al mismo tiempo, apunta a lo universal. Hirano escribe la historia de una persona específica con la esperanza de que, en algún punto, el conflicto ajeno se vuelva íntimo para el lector. Ese momento (cuando el nombre deja de ser refugio y se convierte en pregunta) es el verdadero territorio de la literatura.+

Por qué leer Cierto hombre

Hirano aborda sin concesiones la culpa transgeneracional, la discriminación étnica, la memoria histórica y la multiplicidad del yo, sin ofrecer respuestas cómodas ni certezas tranquilizadoras. Su fuerza reside en la ambigüedad moral y en la negativa a simplificar la condición humana.

Keiichiro Hirano

Nacido en Japón en 1975, es novelista y ensayista. A los 23 años recibió el prestigioso Premio Akutagawa, lo que lo consolidó como una de las voces más relevantes de su generación. Su obra explora de manera constante la relación entre identidad, memoria, sociedad contemporánea y pensamiento filosófico. Cierto hombre destaca como una de sus novelas más ambiciosas, traducida a múltiples idiomas y reconocida como una de las reflexiones más lúcida sobre la fragilidad del yo en el mundo actual.