María Guadalupe Moncada y Berrio. La primera mujer mexicana que firmó sus obras

María Guadalupe Moncada y Berrio. La primera mujer mexicana que firmó sus obras

Por Magali T. Ortega (@nenamounstro)

Mientras que en Europa las mujeres de la ilustración brillaban, acá no nos quedábamos atrás aunque casi, porque María Guadalupe Moncada, I marquesa de San Román, entró por una nariz. Su historia es tan poderosa que no podíamos dejarla afuera en este periodo. Ella es la primera mujer documentada a la que se le consideró “artista”. Una mexicana nombrada Académica de Honor y Mérito y Directora Honoraria del departamento de pintura por parte de la Real Academia de San Carlos. Ahí nomás. Esta artista novohispana validó su existencia haciendo lo que pocas mujeres hicieron: firmar.

No sé si alguna vez han entrado al museo Foro Valparaíso (entre Isabel la Católica y Venustiano Carranza), ese edificio precioso del centro de la Ciudad de México. Si no lo han hecho, les recomiendo ir porque así estarán pisando el Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso, la mismísima casa donde Guadalupe vivió, comió y durmió a finales del siglo XVIII. Hoy, ese palacio está convertido en un museo donde podemos encontrar varios Orozcos, varios Riveras, varios Dr. Atl, varios Toledos, Varos, Marías Izquierdos etcétera, etcétera. 

Estoy segura de que una mujer como María Guadalupe accedió a las artes gracias a que su familia fue una de las más ricachonas del Virreinato. Su abuela, Ana María de la Campa-Cos, perteneció a la nobleza mexicana y fue muy exitosa gracias a que su papá le dejó un futuro económico asegurado cuando ella tenía sólo cuatro años. En ese entonces, las mujeres que tenían capital económico y social podían acceder a la educación, los libros, la música, tener maestros particulares y no dudamos que Guadalupe haya gozado de esos beneficios privados.

Las mujeres de su época sólo tenían dos caminos: o ser monjas o ser esposas. Guadalupe se casó. En ese tiempo, el analfabetismo estaba en números rojos, pero sí había escuelas para mujeres como el Colegio de Niñas o el Colegio de las Vizcaínas (el primero en tener una enseñanza laica). Por la posición social de Guadalupe podríamos imaginar que ella iba a misa, de compras y, sobre todo, asistía a una de las actividades más solicitadas por las mujeres en esa época: los paseos en la Alameda a la que no podías pasar si no eras de la nobleza y venías en carruaje. Ella era marquesa de San Roman.

Las mujeres también tenían permitido practicar sus habilidades artísticas y mostrarlas sólo privado. Si escribían, pintaban o tocaban algún instrumento, podían mostrar sus talentos frente a su familia, pero ¡ni dios quiera que salieran al mundo a que cualquier extraño las viera! Por eso, el hecho de que Doña Guadalupe se haya atrevido a firmar y mandar un cuadro es histórico. 

No se tiene registro de si ella fue a la escuela y ahí le enseñaron las monjas, o si tuvo un maestro particular o si venía con ese don desde chiquita, pero lo que sí podemos imaginar es que pasaba mucho tiempo frente a su caballete y sus pinturas y, sobre todo, que ella era extraordinaria. 

Guadalupe tuvo un impulso poco común: quería un lugar en la historia y hacer historia. Así que se atrevió a donar la Santísima Virgen de Guadalupe, un cuadro firmado por ella, a la Academia de San Carlos; además, pidió ser nombrada académica aun sabiendo que las mujeres no eran admitidas. Para sorpresa de todos el recibimiento del cuadro fue de puro diez, “hecha con todos los primores y reglas del arte que aprobaron estar perfecta”. La Academia la nombró Académica de Honor y Mérito y, más tarde, Directora Honoraria de la Sección Pintura. Como dice el dicho: tú pide, que el no ya lo tienes.

Muchos años después, se descubrió un autorretrato (fechado en 1810) y lo primero que se pensó es que, obviamente, lo había hecho un hombre, quizá Francisco de Goya (por el tipo de técnica) porque la firma no se ve. Pero, después de varios estudios, se confirmó que no, que fue ella solita con su manita. Quién sabe qué pasó con esta pintura que anduvo perdida muchos años en el otro continente. Fue hasta 2022 que la pusieron en subasta y el departamento de Patrimonio Artístico de Banamex la trajo de regreso. En 2023, por fin, pudimos ver una exposición llamada “Yo, María Guadalupe, pintora, vuelvo a casa” en el Foro Valparaíso. Otra de las pinturas que se le atribuyen a Moncada es “La mujer del panadero”, que está en el Museo Nacional de San Carlos.

Al firmar sus cuadros, Petra María de Guadalupe Tomasa de Moncada y Berrio estaba validando su existencia y, especialmente, estaba haciendo historia al no permitir que un señor o la historia se apropiaran de su talento.+ 

Magali Ortega es publicista, escritora y fan de la cultura pop, como su pecho no es bodega, por eso la divulga.