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Alcohol y letras: el maridaje no tan perfecto

Cualquier persona que sea ferviente admiradora de los temas donde se conjugan el buen beber y la palabra escrita, no le resultarán desconocidas las conductas que se presentan en los sagrados aposentos expendedores de licor.

Al primer trago las cosas mejoran. Se bebe para escribir, para olvidar, para celebrar, para llorar… “El hombre que sólo bebe agua, seguramente oculta algún secreto a sus semejantes” afirmaba Charles Baudelaire.

Hay ocasiones donde el talento necesita remojarse un poco en las gotas de algún preciado licor. Quizá para satisfacer esa sed de locura, o tal vez sed de aprendizaje, de nuevas experiencias, de amor, de rencor, de venganza, muchos escritores hicieron de su afición al alcohol una forma de vida artística e incluso literaria. Por lo tanto, es preciso recordar a célebres autores que en cierto momento de sus vidas eran fervientes seguidores de las glorias de Baco.

1. Truman Capote. Brutalmente honesto y sin ningún recato en su extensa narrativa, este célebre escritor y periodista norteamericano se caracterizaba por su gran vida social, asistía a extravagantes fiestas, donde el alcohol fluía como catalizador de encuentros pecaminosos. Capote tenía muchas manías y supersticiones, jamás dejaba de fumar y padecía una extraña aversión al número 13, sin embargo, su trabajo siempre fue impecable y él lo sabía perfectamente. Tal y como se confiesa en su libro “Música para camaleones”: “Soy alcohólico. Soy un drogadicto. Soy un genio”.

2. Ernest Hemingway. Tal vez hayas escuchado en más de una ocasión que a Hemingway le gustaba mucho más tomar que escribir. No estamos muy seguros de que esto sea cierto, aunque su fama etílica es casi tan famosa como “El viejo y el mar”. Y aunque sus hábitos en cuestiones de alcohol fueron mundialmente conocidos, incluso se le adjudica la creación de numerosos cócteles, el escritor siempre negó los rumores de que su afición a la bebida se mezclara con sus procesos creativos.

3. F. Scott Fitzgerald. Representante por naturaleza de la narrativa en la época del Jazz, creador de inmortales personajes como Jay Gatsby y Benjamin Button, relataba con detallada perfección una de sus actividades cotidianas “Primero tomas un trago, luego el trago te toma a ti”.

4. William Faulkner. Cuando escribía "Absalom! Absalom!", el novelista estadounidense gustaba de tomar un par de tragos antes de la cena, para después, emprender su manía de beber un trago más al despertar y así continuar toda la mañana y la tarde. Faulkner no creía en la visión romántica de la bebida como medio para estimular el proceso creativo, pero su esclavitud en ella terminó por reflejarse en su posterior incapacidad de continuar su obra con el estilo que le caracterizaba.

Por: Orianna Martínez

Imagen: Los escitores Ernest Hemingway, Truman Capote, F. Scott Fitzgerald y William Faulkner.

Mascultura 24-Abr-14

 

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