Y tú, ¿crees en los fantasmas? Entrevista con Roger Clarke

Había una mujer muerta al final del pasillo. Jamás llegué a verla, pero sabía que estaba allí. El pasillo se encontraba en lo alto de las escaleras y giraba a la izquierda hacia la habitación desocupada y el dormitorio de mis padres. 

El fondo siempre estaba en penumbra. Me desagradaba mucho aun en pleno verano. Al regresar de la escuela el pueblo a media tarde estaba solo en casa, y todos los días retrasaba el momento de subir las escaleras, hasta que emprendía una carrera alocada camino de mi cuarto, con los ojos cerrados con todas mi fuerzas y las manos frías”.

No es el comienzo de una novela o un relato de terror. Es un libro titulado La historia de los fantasmas. 500 años buscando pruebas, escrito por Roger Clarke. ¿Quién es este inglés que ha escrito un extenso libro sobre apariciones, y que dice que su afición por tema empezó de la manera más fácil?: “Crecí en una casa encantada y todo mundo vio al fantasma menos yo”. Clarke es periodista y crítico de cine, colaborador habitual del diario inglés The Independent. Su afición al tema lo ha acercado a los más connotados cazafantasmas ingleses y se convirtió en el miembro más joven de la Sociedad para la Investigación Psíquica. El libro es un recorrido histórico por este mundo nebuloso que aparece a la menor provocación cada que surge esa pregunta inevitable que involucra creencias religiosas, reta a la percepción y sacude el raciocinio: “¿Crees en los fantasmas?”.

“En un sentido básico, los fantasmas existen porque la gente no para de contar que los ha visto”, dice Clarke en su libro. Más allá de decir sí o no, la respuesta divide al mundo en dos bandos irreconciliables, como tirios y troyanos. Los que dicen “no” se escudan detrás del muro de la razón, de la lógica, de la ciencia, y desestiman las afirmaciones y los testimonios de personas que no tendrían por qué mentir al respecto, afirmado que no existen razones científicas que expliquen el retorno de las almas —cuando no se sabe exactamente qué pasa después de la muerte—, o que un objeto se mueva de su lugar sin la acción de una fuerza externa. Los creyentes, sin pruebas, cuentan de buena fe que un conocido vio algo, un amigo sintió una presencia extraña en la vieja casa de la abuela recién fallecida o que un miembro de la familia posee un muy desarrollado sexto sentido que lo hace capaz de percibir a los espíritus. A pesar de que Roger Clarke no ha visto jamás un fantasma, cree fervientemente en ellos.

Al final de este debate que siempre termina empatado, hablar de esos seres transparentes que atraviesan puertas y paredes se vuelve un ejercicio universal. Sin importar el nivel cultural de un país o la lengua que se hable, los fantasmas están ahí, siempre dispuestos a acudir apenas se pronuncia su nombre. Fantasmas, brujas, duendes, banshees, nahuales, y demás manifestaciones que se aparecen en los caminos, en las márgenes de los ríos, en los sótanos y en los áticos, pueblan las mitologías de todos los pueblos de la tierra.

Entrevistado vía correo electrónico, Clarke respondió a una serie de preguntas acerca de su libro.

Empecemos por una pregunta simple: ¿qué es un fantasma?

Roger Clarke (RC): Hay, al menos, doce explicaciones para diferentes tipos de fantasmas; sólo una de ellas dice que son espíritus de personas muertas.

En el libro, Clarke comparte la taxonomía de los fantasmas de su amigo Peter Underwood, famoso cazafantasmas, que los divide en ocho categorías:
• Elementales.
• Poltergeists.
• Fantasmas históricos o tradicionales.
• Manifestaciones de improntas mentales.
• Apariciones relacionadas con situaciones de crisis o cercanas a la muerte.
• Saltos en el tiempo.
• Fantasma de los vivos.
• Objetos inanimados encantados.

Si cada época crea sus propios monstruos y fantasmas, es obvio que la definición de fantasma también se transforma al paso del tiempo. Cuéntanos sobre la evolución histórica que estableces en La historia de los fantasmas.

RC: En el Reino Unido, donde nací y crecí, originalmente los fantasmas estaban conectados con creencias religiosas, y tendían a regresar para instar a la gente a llevar una vida mejor. Se creía que eran espíritus que pasaban tiempo en el purgatorio y cuando parecían, la gente buscaba marcas en sus ropas para hallar evidencia de su cercanía con el infierno. En el siglo xvii, el rey de Inglaterra, que era protestante, no creía en la posibilidad del retorno de las almas y pensaba que los fantasmas eran producto de hechizos y brujerías. Hacia el siglo xviii los fantasmas regresaban porque tenían asuntos pendientes, querían ver a sus viejos amigos o necesitaban indicar la existencia oculta de un testamento o un documento legal. En el siglo xix nació la novedosa idea de poder hablar con fantasmas mediante sesiones espiritistas. El siglo xx confirmó la existencia del poltergeist y la posibilidad de que esto emanara de personas vivas. Hacia los años sesenta los fantasmas se convirtieron en un campo de emociones, una sensación que las personas tienen cuando entran a una casa. En esos días, se crearon nuevos fantasmas como “Slender-Man”, o el “Niño de los ojos negros”, a menudo inspirados por la televisión.

En el libro Realidad daimónica, Patrick Harpur, el autor, dice que fantasmas, brujas, duendes y extraterrestres representan el lado irracional del ser humano que ha sido sepultado debajo de la losa de la razón. Sus repentinas apariciones son, en realidad, un llamado de atención para no olvidar que forman parte de nuestra humanidad. ¿Estás de acuerdo con esta idea?

RC: Creo que diferentes eras y culturas ven la misma cosa, de diferente manera. Esta idea de que los fantasmas de alguna forma se adaptan a las percepciones de los vivos es interesante. Parece confirmar que de alguna forma el cerebro está trabajando, y esto no puede ser una experiencia puramente objetiva. También creo que las historias de fantasmas son una de las pocas construcciones culturales que pueden mandarnos de vuelta, sin pausa, a los recuerdos de la infancia.

A propósito de su amigo Peter Underwood, muerto en 2014, y autor de un libro famoso editado en México por Selector, Manual del cazafantasmas, le pregunto a Clarke que por más que busqué en el libro, nunca hallé el capítulo donde se explica el método para encontrar una casa embrujada.

RC: Conocí a Peter Underwood y también a su contemporáneo Andrew Green, quien era más racional y científico. Les ayudé con sus libros mientras yo aún estaba en la escuela, y así es como pude saber mucho del tema. Cualquiera que encuentre una casa donde se garantice que ocurrirán cosas paranormales se convertirá en una persona muy rica.

¿Cuál es tu película de terror favorita? 

RC: The Innocents, película de comienzo de los sesenta, basada en Otra vuelta de tuerca, de Henry James, quien escribió la historia a partir de un relato y yo, en La historia de los fantasmas, resolví un misterio de cien años de antigüedad, al hallar la fuente original de la historia. También me gustan las historias de fantasmas donde los niños están involucrados, como en las miniseries de televisión como Salem’s Lot o en la película de Nicole Kidman, Los otros. Me gusta el misterio que pone la piel de gallina, que sugestiona, más que ir de paseo a la feria. 

Ignoro si los cazafantasmas que nunca han visto un espectro son optimistas al respecto. Roger Clarke lo es cuando, al reconocer que aún no ha visto un fantasma, no pierde la esperanza: “Sigo esperando. Veo cosas cuando me levanto y cuando me voy a dormir, pero creo que son solamente alucinaciones fáciles de explicar”.

Por Jorge Vázquez Ángeles

MasCultura 17-nov-16
 

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