Vladimir Nabokov y el lector ideal

Vladimir Nabokov y el lector ideal

De origen ruso, pero nacionalizado estadounidense, Vladimir Nabokov nació el 22 de abril de 1899 en San Petersburgo.

A mediados de los cincuenta, Nabokov fue maestro de literatura en Cornell University. A esa temporada pertenecen clases que ahora se conservan en forma de libros: un curso que se conoce como “De literatura europea” y otro “De literatura rusa”.

Allí, antes de iniciar formalmente uno de sus tan preparados cursos sobre Stevenson, Flaubert, Jane Austen, el Ulises, La metamorfosis y la Recherche, el autor de Lolita comenzó hablando únicamente de la lectura. “Buenos lectores y buenos escritores”, llamaron los editores a esta introducción, pues Nabokov se dedicó a elaborar un verdadero elogio a la lectura.

Como fiel representante del llamado close reading, ese “lector curioso” que de tanto en tanto aparece en la literatura hispánica del Siglo de Oro, Nabokov tenía una idea muy precisa y clara de las fuerzas que convergen durante la lectura, de todo aquello que está en juego.

En ese prefacio, entre muchas ideas sumamente provechosas, se encuentra un provocador cuestionario con el cual Nabokov buscaba que sus estudiantes definieran si eran o no buenos lectores.

Aquí el ejercicio:

Seleccione 4 respuestas que respondan a la pregunta de qué debe tener un lector para ser un buen lector.

  1. El lector debe pertenecer a un club de lectura.
  2. El lector debe identificarse con el héroe o la heroína.
  3. El lector debe concentrarse en el ángulo socioeconómico.
  4. El lector debe preferir una historia con acción y diálogo a una en la que esto falte.
  5. El lector debió haber visto el libro en una película.
  6. El lector debe ser un escritor en ciernes.
  7. El lector debe tener imaginación.
  8. El lector debe tener memoria.
  9. El lector debe tener un diccionario.
  10. El lector debe tener cierto sentido artístico.

Como Harold Bloom ahora, Nabokov siempre fue refractario del acercamiento teórico a la literatura, y al igual que Jorge Luis Borges, prefería la lectura hedónica, la que sólo se realiza por placer. Por eso un diccionario es más importante que conocer el contexto histórico de una obra. Por eso guardar memoria de lo leído puede resultar más provechoso que leer bajo la consigna de analizar un estilo y después imitarlo.

Las cualidades que Nabokov encarece podrían parecer elementales, ¿pero no es ahí donde comienza la posibilidad del milagro?

Lo lamentable de esta historia es que el escritor no vivió para saberlo, pues falleció el 2 de julio de 1977 en Suiza.

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