+Lecturas: Alejandro Miravete

+Lecturas: Alejandro Miravete

En esta nueva entrega de +Lecturas Francisco Goñi conversa con Alejandro Miravete por el libro De los hombres no recuerdo el fulgor sino la noche herida (Editorial Cántico, 2025). La conversación se centra en el núcleo del volumen: una exploración poética sobre la masculinidad entendida no como esencia natural, sino como construcción histórica y emocional. El libro, compuesto por poemas que dialogan entre sí, se adentra en las zonas menos visibles de esa identidad que durante siglos se ha presentado como firme e incuestionable.

Desde sus primeras páginas, el autor plantea una idea que atraviesa todo el conjunto: el “hombre” no es un destino biológico inmutable, sino una figura moldeada por instituciones, costumbres y discursos que han definido qué se espera de él. En lugar de desarrollar un ensayo teórico, Miravete convierte esa reflexión en materia poética. Cada texto funciona como una pieza que ilumina un ángulo distinto de la misma pregunta.

Uno de los ejes centrales del libro es la herida emocional. Los poemas examinan cómo, en contextos como el mexicano, a los hombres se les enseña a reprimir la vulnerabilidad y a asumir la dureza como norma. La contención del afecto, el silencio frente al dolor y la dificultad para expresar ternura aparecen como marcas de una formación que privilegia la fortaleza exterior sobre la vida interior.

El título del libro sintetiza esa atmósfera: no se recuerda el fulgor, sino la noche herida. La noche funciona como metáfora de aquello que no se dice, de las zonas de sombra donde se acumulan las emociones no expresadas. A lo largo de los poemas, esa oscuridad no es sólo pérdida, sino también un espacio de revelación. Allí emergen preguntas que rara vez se formulan en voz alta.

La figura del padre aparece como símbolo de esa transmisión generacional. No desde la acusación directa, sino desde la observación de una cadena que reproduce silencios. La incapacidad de mostrar afecto no se presenta como falta de amor, sino como resultado de una educación sentimental limitada. El libro mira esa herencia con una mezcla de crítica y comprensión.

En términos formales, el volumen se construye como un conjunto articulado. Cada poema mantiene autonomía, pero el orden del libro permite percibir una progresión temática. Dos fuerzas lo atraviesan: la violencia simbólica asociada a ciertos modelos de masculinidad y la fragilidad que esos mismos modelos ocultan. Entre ambas se abre una tensión constante que sostiene la lectura.

Miravete evita el tono moralizante. La poesía no aparece como tribunal ni como manifiesto, sino como espacio de indagación. Las preguntas quedan abiertas: ¿qué parte de lo que entendemos por “ser hombre” es herencia cultural?, ¿qué parte puede transformarse?, ¿cómo se habita una identidad construida sobre mandatos de dureza?

De los hombres no recuerdo el fulgor sino la noche herida se consolida así como un libro que examina la masculinidad desde sus fisuras. A través de una escritura contenida y reflexiva, el autor coloca al lector frente a una experiencia marcada por el silencio y la herida, pero también por la posibilidad de mirarlos sin evasión.