El viaje que todos haremos

El viaje que todos haremos

Por Jorge Durán 

Solo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece.

Jorge Luis Borges

Como cada verano, una familia emprende un viaje por la costa este de Estados Unidos. Pero esta vez algo es distinto: el paso del tiempo —con sus silencios, sus secretos y sus pérdidas— convierte la travesía en un viaje sin retorno. Beatriz Rivas, una de las autoras mexicanas de mayor reconocimiento en los últimos años (La hora sin diosas, Viento amargo, Todas mis vidas posibles), entrega en El último viaje (Alfaguara, 2026) una novela íntima y familiar sobre el amor, el olvido y el difícil arte de envejecer.

JD. Beatriz, ¿por qué escribir El último viaje?

BR. Porque entré a los sesenta años, mis padres están en los ochenta, y me di cuenta de que hay pocas novelas sobre el difícil proceso de envejecer. Dicen que envejecer es para valientes y creo que tienen toda la razón, sobre todo cuando, al mismo tiempo, tienes que ir administrando los cambios de tus propios padres, de quienes eran tu sostén, tu tronco, tus raíces. De pronto, ves que se van debilitando cada vez más, que les va fallando el cuerpo. En el caso de Gaspar [el padre de la familia], también le va afectando la mente.  

JD. ¿Qué descubriste sobre ti misma al escribir esta novela?

BR. Que aunque los personajes son totalmente ficticios, son muy cercanos a la realidad. Muchos lectores me dicen: “Es que yo soy Gaspar”, o “mi papá es Gaspar”, o “yo soy Roberta”, o “mi mamá es Antonia. Lo estoy viviendo”. Son personajes de carne y hueso, pero completamente inventados. En esta novela está toda mi experiencia, todo lo que he vivido y lo que estoy viviendo en este proceso con mis padres. A la par, yo tampoco me estoy haciendo menor, como me lo recuerdan todos los días el espejo, las rodillas; a veces, la falta de aliento, la falta de memoria. Comencé a buscar libros sobre envejecimiento, y dije: “No, no quiero que sea nada técnico. Quiero que sea algo que nos pasa a todos, que no entendemos qué es lo que nos va pasando, pero nos va pasando y lo tenemos que asimilar, nos tenemos que ir transformando e ir abrazando estos cambios”. Fue ficcional, pero evidentemente es todo muy real porque es lo que puede pasarle a cualquier ser humano en este caminar por la vida.

JD. ¿Por qué decidiste que la música fuera el hilo conductor de los secretos y las confesiones de los personajes?

BR. Para mí la música es muy importante, pero no se me había ocurrido meter tanta música hasta que una amiga cuyo padre padece Alzheimer me dijo que lo único que a él no se le olvida es la letra de las canciones. La música es muy importante para la memoria. Entonces, utilizo muchas canciones para ambientar la novela. Hay música de los Beatles porque era la que unía a los cuatro protagonistas. Y también hay mucho vino, muchas comidas, mucho gozo. 

JD. ¿Es también una novela sobre la soledad?

BR. Ésta no es sólo una novela sobre la vejez; es también sobre los lazos de amor, los lazos familiares, ya sea una familia de sangre o la familia que uno elige, que son las amistades. Creo que la soledad es una de las peores enfermedades de la gente mayor. Por eso metí estos lazos familiares, junto con la música y los paisajes, los restaurantes, el vino, lo que se habla en torno a la mesa mientras están comiendo algo delicioso. Algo muy normal y cotidiano que hacemos todos cuando estamos en familia. 

JD. ¿Qué quieres que sienta el lector al llegar a la última página?

BR. Quiero que se sienta apapachado. Es una novela muy realista, a veces cruda en lo que va pasando, en cómo vamos envejeciendo y perdiendo facultades. Yo creo que el envejecimiento es como un duelo cotidiano: te vas despidiendo de pequeñas cosas y hay cosas que sabes que ya nunca podrás hacer, como volver a viajar en familia. Pero también creo que es una novela con un final esperanzador, que le da un abrazo al lector. Tengo una lectora que me escribió diciéndome que llevaba tres meses muy enferma. Me dijo: “La verdad es que yo ya no quería vivir, y mi hija me regaló la novela. Al principio, dije que no quería leer sobre la vejez, pero después seguí leyendo y seguí leyendo. No sabes cómo te agradezco tu novela porque me regresaste las ganas de estar viva”. Cuando la señora me escribió eso, me di por bien servida.+

Jorge Durán es editor, autor y traductor; aunque antes, lector. Lleva más de veinte años convencido de que los libros dan propósito al mundo.