Festejando el Día del Libro: vida y muerte de William Shakespeare

Festejando el Día del Libro: vida y muerte de William Shakespeare

Hoy 23 de abril celebramos el Día del Libro y del Derecho de Autor, La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha porque corresponde con el fallecimiento de los escritores Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en el año 1616 (aunque realmente no es así: Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano).

En esta fecha también fallecieron William Wordsworth (1850) y Josep Pla (1981). Se propuso este Día a la Unesco, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la Unesco la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”.

Un poco de la vida y muerte de William Shakespeare

Aunque hay dudas sobre las fechas exactas del nacimiento y muerte de William Shakespeare, para fines prácticos se ha establecido que nació y murió el 23 de abril de 1564 (murió cincuenta y dos años después, en 1616). Entre las curiosidades de su vida podemos comentar lo siguiente: Debido a la irregular ortografía de la época en que vivió, existen 83 formas de escribir su apellido, como Shagspere y Shaxberd son dos de ellas. Además, él firmaba de varias maneras: Shackper, Shakspear, Shackspere.

Al parecer, no le gustaba pagar impuestos, pues su nombre aparece como defraudador en la Nómina de Caudales hacia 1597. Antes de morir, escribió su epitafio para que los enterradores no sacaran su cuerpo de la tumba y lo arrojaran al osario (práctica bastante común en aquellos años). Por ello, mandó escribir en la lápida:

¡Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado!

Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos.

Quizá por eso nadie se ha animado a desenterrar el cadáver del más célebre escritor de lengua inglesa.

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