Cómo leer un libro al día y no morir en el intento

Si leer es un placer, ¿por qué hacerlo de forma rápida en lugar de disfrutarlo?

Leer es una actividad que en nuestras sociedades tiene un prestigio singular. En su momento llegó a ser considerada como un privilegio,que a su vez fue para las clases que podían costear su aprendizaje y ser también como un empuje hacia lo creativo y a aquello que surge cuando el ser humano da más de sí mismo.

Ademas de todo ello leer nos ayuda a expresar nuestra percepción por medio del lenguaje escrito, donde uno puede ampliar sus horizontes, enriquecer su vocabulario, hacerse más compasivo y otros muchos beneficios positivos.

No obstante, tenemos que tener en cuenta que en esta época la lectura no ha permanecido inmune a cambios decisivos en otros ámbitos que han hecho de nuestro tiempo algo históricamente único. La comunicación y el entretenimiento son muy distintos ahora en comparación a hace 20 o 30 años, así como la educación o la manera en que una persona se acerca al conocimiento especializado. Ahí donde antes alguien tomaba un libro para matar el tiempo ocioso, ahora lo primero que salta a la mano es el teléfono portátil; si antes alguien acudía a una enciclopedia impresa para saber sobre una tribu que desconocemos, ahora nos dirigimos primero a Google para que atienda a nuestra pregunta.

Sin embargo, la lectura no ha perdido del todo su valor y todavía hay quienes se preocupan no sólo por saber, sino en verdad por leer libros. Quizá porque leer tiene un mérito que en realidad pocas actividades tienen. Sólo que entre el trabajo, la escuela y redes sociales, parece que queda poco espacio para la lectura y eso resulta una desventaja; apenas tomamos un libro y luego nos gana el sueño o luego hojeamos algunas páginas para saber el final de la historia y le perdemos el hilo a lo leído y terminamos abandonándolo por completo.

¿Es posible superar esto y lograr en leer un libro al día? Según Conner Habib sí, es posible. 

En su blog, Habib comparte su método de cómo lograrlo. He aquí de qué se trata:

1.- Elige los libros que leerás cada semana varios días antes de que la semana empiece.

2.- Elige más de siete libros, para que así tengas un margen.

3.- En general, elige libros de menos de 200 páginas de extensión.

4.- Incluye algunos libros fáciles de leer: obras de teatro, poesía, libros muy muy cortos. En casos desesperados también puedes elegir libros que alguna vez empezaste y que estuviste a punto de terminar.

5.- Si quieres leer un libro extenso o si empezaste uno y parece que no lo terminarás antes de que finalice el día, recurre a uno de los libros breves. De esa manera podrás leer en parte el libro extenso pero terminar el corto. Al día siguiente puedes terminar el libro inconcluso.

6.- Si tienes que desvelarte para terminar el libro, saca el café y consíguelo.

7.- Avísale a tus seres queridos. Pregúntales si les gustaría salir a algún lado para leer contigo o, si quieres involucrarlos en serio (¡y si ellos quieren!), lee para ellos en voz alta, poesía o cuentos cortos.

8.- Contempla que en las primeras semanas te tomará un poco ajustarte. Eso significa que quizá te equivoques un poco en tu agenda de trabajo, que quedes mal con algunas personas con quienes habías hecho planes, etc. Eso tendría que ajustarse conforme te acostumbres.

9.- Puedes tener 1 día libre a la semana. Pero mejor evita tener 1 día a la semana. Pero si sucede una vez, está bien.

10.- No te enredes con que si esta es o no una buena manera de leer libros. Toda la vida lo has hecho de la otra manera: con calma. Ahora estás haciendo algo nuevo.

11.- Resiste al menos un mes. Después haz un balance contigo mismo.

Interesante ¿no?. La verdad vale la pena intentarlo, más allá de la velocidad o el sentido de acumulación que podría achacársele, al menos en este caso se trata de libros que, dependiendo de tu elección, dejaran algo propositivo en ti y del cual sólo lo obtendrás leyendo.

Fuente: Conner Habib Blog