Piranesi: La majestuosidad hecha grabado en el siglo XVIII

Giambattista Piranesi fue hijo paradigmático de su época: la Ilustración. Un hombre pleno que se desempeñó como arquitecto, grabador, arqueólogo e investigador. Su prodigio le ganaría el merecido reconocimiento con el que hoy pasa a la historia y transita por estas páginas. Piranesi nació en Venecia, en 1720.

Fue un distinguido discípulo de Giuseppe Vasi, pero el trabajo del alumno marcó un parteaguas en el arte del siglo xviii. Fueron los grabados de Piranesi, su técnica y su majestuosidad con los que concluye una etapa del arte italiano; se preocupó principalmente por los efectos de perspectiva y el claroscuro, también enfocó su interés por lograr exactitud y novedad entre la producción de las Vistas de Roma y las Cárceles, elaboradas con la técnica del aguafuerte, y produciendo más de dos mil estampas, integradas en veintiséis colecciones. Piranesi contribuyó a la propagación del gusto neoclásico en Europa, influyendo en arquitectos como Charles Percier y Pierre François Fontaine, lo que desembocó en la creación del Estilo Imperio.

Su impresionante obra es la contribución más espectacular al aguafuerte de su época, y el momento cumbre en la historia de esta técnica, ya que en nuestro tiempo muchos son los artistas a quienes su influencia les ha proporcionado nuevas posibilidades y alternativas dentro de la estampa. Piranesi fue tan importante durante el periodo que fungí como directora del Museo Nacional de la Estampa del inba, que se montaron dos exposiciones de su obra, con el apoyo de la Colección del Patrimonio Artístico Cultural de la unam. La primera data del año de 1989, etapa llena de cambios convulsos y momentos críticos; posteriormente se llevó a cabo una segunda muestra en 1995, un año no muy distinto al que ya había visto la obra previamente. Como refiere Marcos Enrique Márquez Pérez, de la mano de una cita de Thomas de Quincey, en “Giambattista Piranesi: Vistas de Roma y otros aguafuertes del siglo xviii”, sobre las láminas que el grabador italiano produjo a partir de las visiones que tuvo por el delirio que le ocasionó la fiebre: “representan vastas salas góticas en el suelo de las cuales había potentes ingenios y maquinarias, ruedas, cables, catapultas, etc., expresivas del enorme poder desarrollado o de la resistencia vencida.

Trepando por la pared se veía una escalera y sobre ella, tratando de subir, estaba el mismo Piranesi. Seguía uno con la vista las escaleras un poco más arriba y se les veía terminar bruscamente, sin ninguna balaustrada, y sin que el que había llegado hasta allí pudiera seguir adelante, salvo caer en las profundidades. Sea lo que fuere del pobre Piranesi, se supone al menos que sus trabajos tienen que haber terminado ya de algún modo. Pero levantad los ojos; veis un segundo tramo de escalera aún más alto en el que vuelve a verse a Piranesi, que se halla ahora al mismo borde del abismo. Volved a levantad los ojos un poco más, y aparece otro gramo de escalera aún más elevado y ahí, de nuevo está el delirante Piranesi, afanado en su tarea de subir; y así sucesivamente, hasta que las inacabadas escaleras y el esperanzado Piranesi se pierde en las tinieblas más altas de la sala.

Con el mismo poder de interminables crecimientos y de repetición procedencia mi arquitectura en los sueños”. Con esta grandeza que se despliega de la figura de Piranesi, somos testigos de la fecundidad y la riqueza creativa por medio de una forma laberíntica, como era la mismí- sima ciudad de Roma. Cada trazo que plasmó con esta técnica logró imprimir los detalles de una urbe sinuosa, llena tanto de misterios como de grandeza, y que nos conduce por los cruces de caminos de Roma por medio de sus Vistas y las Cárceles. Bienvenida sea la obra del arquitecto italiano, quien fuera considerado el creador de los elementos que fundaron el Estilo Imperio, continuador de la egiptología, y grabador de la luz y las sombras que engrandecieron el dramatismo dentro de sus estampas.

Por Beatriz Vidal De Alba

MasCultura 20-feb-17

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