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Nuestro mundo muerto

Liliana Colanzi (Bolivia, 1981) ha publicado el volumen de cuentos Vacaciones permanentes (2010) y la selección de relatos La ola (2014). Es editora de la colección Bosque Encantado de la editorial El Cuervo y estudia literatura comparada en la universidad de Cornell, en Estados Unidos. Ganadora de la cuarta edición del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2015.

Los cuentos que componen este libro están atravesados por temas recurrentes como los estados alterados de la conciencia, los personajes marginales, los cuerpos animales e indescifrables, la tensión entre tradición y modernidad.
Es una energía y una carga fuerte de emociones, Liliana Colanzi lleva al lector en el indicio de varios mundos: lo terrenal y lo fantástico, la ciencia ficción y la idiosincracia indígena, el recuerdo y el presente.

Formando de sus cuentos mecanismos en los que operan lo mismo cantos rurales que testimonios de estudios etnográficos, la joven autora boliviana construye atmósferas en los que hay siempre una añoranza, ya sea del hogar, la infancia o incluso nuestro planeta, que es producto del encuentro con aquello que nos resulta ajeno, pero en donde lo añorado contiene a su vez enfermedad y pobreza, misterio y muerte. Así, la magia de la Latinoamérica exotizada es sustituida por la crudeza de la colonia y el fanatismo y la superstición.

Una mujer en una misión de colonización en Marte, otra esperando a su amante en un hotel de París, un joven poseído por el impulso asesino de un indio mataco, son algunos de los personajes que habitan estos cuentos, en los que la fantasía se diluye en terror y suspenso. Con esta colección, el lector tiene la oportunidad de ser testigo de la irrupción en el panorama literario mexicano de una nueva y potente voz del sur del continente.

“Se tiró al piso e hizo cuarenta lagartijas. Al acabar se sentía enfermo y reventado, a punto de vomitar. Y sin embargo seguía tan despierto como antes. Permaneció de rodillas, frustrado y acezante mientras el sudor se escurría por la papada. No podía sacarse el chico de la cabeza. A la semana de su llegada lo mandó llamar. El chico apareció en la puerta de la casa con el sombrero en la mano: tenía el rostro desolado, como era usual en los paisanos”.

Nuestro mundo muerto. Liliana Colanzi. Almadía, 2016.

MasCultura 20-feb-17

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