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El Librero de Hilario Peña

El Librero de Hilario Peña

02 de diciembre de 2020

José Luis Trueba Lara

Hilario Peña nació en Mazatlán. Si se hubiera quedado en el puerto tal vez sería dependiente en una tienda de abarrotes, eso sí, uno muy requete leído. Pero la vida lo llevó por otros rumbos: terminó la carrera en Ingeniería Industrial y se fue a Tijuana, “donde puedes levantar dinero con pala”. Ahí, trabajando en una maquiladora, descubrió la materia prima de sus historias: gente normal que habla normal y luce normal pero que, al observarlos con cuidado, tienen una historia que los vuelve personajes literarios. Hilario empezó a escribir cuando se sintió listo, por mucho tiempo sólo lo hizo para él, hasta que un día se animó a enviar el manuscrito de Malasuerte en Tijuana y comenzó una nueva carrera con sus libros: El infierno puede esperar, La mujer de los hermanos Reyna, Chinola Kid, Juan Tres Dieciséis, Págale al diablo, Un pueblo llamado redención y Detective Malasuerte. Sus obras, con ganas de mostrarlas como un conjunto, forman un mundo poblado por comisarios, boxeadores y detectives.

Adentrarse en el librero de Hilario no es muy distinto de lo que sucede en sus novelas. Ahí, en los entrepaños están los libros que le ayudaron a darle vida al “verdadero detective salvaje de la literatura mexicana” — como F. G. Haghenbeck califica a Malasuerte— y al resto de sus creaturas.

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—El primer libro del que me gustaría hablarles es El duque de La Habana de Steve Fainaru y Ray Sanchez, que narra la odisea del “Duque” Hernández, quien salió de Cuba para cumplir su sueño de ganar la Serie Mundial con los Yankees de Nueva York. Este libro pertenece a un género que me gusta mucho: las biografías, en especial las de las deportistas y sobre todo de beisbolistas, pues este es un deporte que me apasiona. Este es uno de los tesoros de mi biblioteca.

Otro título que me parece importante destacar es Las estrellas mueren de noche y otros casos de Dan Turner, detective de Hollywood de Robert Leslie Bellem, aunque al momento de leerlo detecté algunos errores en la traducción; por ejemplo: se refieren al “revolver” como pistola. Pero, más allá de estos problemas, las aventuras de Dan Turner son uno de mis tipos de literatura policial preferidos por fársica y autoparódica. Imagínense una especie de Philip Marlowe —el detective privado creado por Raymond Chandler— pero trabajando para las estrellas de Hollywood: sus casos, por ejemplo, se entrelazan con actores que representan vampiros y se creen su papel al estilo de Bela Lugosi y, por supuesto, también hay monstruos y científicos locos. Este es uno de los libros a los que continuamente regreso.

En mi librero también tengo muchos libros de una editorial independiente que me gusta mucho: Paraíso Perdido, la cual nació en Guadalajara en 1998. Uno de sus libros que más me interesó fue Old west Kafka, un western escrito por Cecilia Magaña, en el que —como su título lo dice— se mezcla una historia de vaqueros con una trama kafkiana y absurda. De esta colección también tengo otro texto que me parece muy bueno: Réquiem por Tijuana de Néstor Robles, una serie de relatos de horror ambientados en esa ciudad y, por supuesto, también tengo Apócrifa. Libro negro, una obra maestra escrita por Rafael Villegas y, además poseo El último retrato de Ambrose Bierce de Luis G. Abbadie, quien me parece que es uno de los referentes de la literatura de horror en México, de él también tengo El Necronomicón: un comentario y uno de sus relatos más singulares por quijotesco y borgiano, La singular aventura en la Cueva del Moro.

En mi colección también tengo otra sección interesante, creo que es la única que tengo completa y está dedicada a la historia de la frontera entre México y Estados Unidos en el siglo XIX. En ella hay un montón de libros sobre los apaches, los comanches, los navajos y otros grupos indígenas. Estos son los que siempre permanecen, pues nadie en su sano juicio se los lleva. Con los libros de otros géneros —como el horror o el policial— la situación es muy diferente: llega un amigo, me pide prestado uno y ya no lo vuelvo a ver. No hay problema. Ya no soy un coleccionista. Esos libros me acompañaron cuando estuve escribiendo mi western: Un pueblo llamado redención.

Una escritora que me interesa mucho es Amparo Dávila y lo mismo me sucede con una autora cuya obra está profundamente vinculada con Dávila: Atenea Cruz y su novela Ecos, en la cual se mezclan una vida marital complicada, lo circense y los fantasmas y que transcurre en el norte de México. Ella es fronteriza, fantástica, gótica. Por supuesto que también tengo obras clásicas como el Cantar del mío Cid, Alicia en el País de las Maravillas, El llano en llamas; casi todas están publicadas por Cátedra, otra de las editoriales que me gustan, al igual que Alianza.

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Hilario guarda silencio durante un instante: ¿está oyendo los gritos de los apaches?, ¿le llega el eco de un crimen o un round? Nadie lo sabe, tendremos que esperar para saberlo. +

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