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El amor y las preguntas sin respuesta. Una entrevista a Alejandra Gotóo

El amor y las preguntas sin respuesta. Una entrevista a Alejandra Gotóo

Por Carina Vallejo 

“Creo que El amor está en otra parte (Trillas, 2025) no es una respuesta. Es una serie de preguntas”, dice Alejandra Gotóo con una sonrisa que mezcla curiosidad y convicción. Su libro ―una colección de relatos breves y fáciles de leer que nacen de los pequeños gestos del día a día― reúne historias con un hilo conductor claro: la pregunta constante sobre cómo aprendemos, y desaprendemos, el amor. 

Debido a su formación en antropología, Gotóo ―que también es traductora― reconoce que su escritura tiene algo de etnográfica: observa, escucha, registra. “Escribo pequeñas etnografías. [Me imagino] detrás de la cámara, viendo cómo el personaje hace las cosas y narrándolo”.

Alejandra Gotóo también explora los matices de lo cotidiano: aquello que sucede entre una taza de café, una caja de cartón o un paseo con el perro. Cada historia se desencadena a partir de lo común —una caja, una conversación, una rutina— para revelar la intensidad emocional que habita en lo ordinario. 

“Este libro abre preguntas, más posibilidades, mas formas de vivir. No hay un o un no, o un blanco y un negro. Juego con muchos más matices de gris”. Por eso, en este universo el amor no aparece como un ideal romántico, sino como una forma de resistencia, de aprendizaje o incluso de error. 

Sus personajes se mueven en lo que ella llama “espacios liminales”: zonas fronterizas entre la norma y la excepción, entre lo visible y lo que preferimos no ver.

Cuéntanos, ¿qué te atrae de estas figuras? 

Creo que para mí, los espacios, animales, personas… todo lo liminal llama mi atención, lo marginal, lo fronterizo, porque nos cuenta mucho más de lo que a veces nos sentamos a ver. Creo que son la posibilidad de lo que todos somos.

El título de tu libro evoca precisamente esa idea de liminalidad… Me gustaría preguntarte entonces, ¿por qué da la impresión de que este tipo de vínculo que nos presentas no termina cuajando o cuaja de alguna manera que no esperábamos?

Creo que, al final, eso es la vida. Es decir, cuaja de una manera que no esperábamos, y a veces nos gustaría que fuera de otra manera, pero no lo es. Y también creo que no hay sólo una forma de amar, por eso las relaciones no tienen una forma arquetípica. Estos personajes sí aman, pero ¿cómo? Es una manera diferente, a veces incluso surrealista. 

En cuentos como “Kira Lilith”, “Al sur de la frontera” o “La mujer silenciosa”, Gotóo explora esa vida que se sostiene en las orillas: individuos que buscan sentido en medio de la pérdida, migrantes que cruzan territorios hostiles, mujeres que cuestionan el peso de las expectativas. El amor, como anuncia el título, no aparece aquí como un destino feliz, sino como un territorio de interrogantes. En “Hermanos”, por ejemplo, el amor se vive bajo la sombra de la violencia. 

A lo largo de los más de 30 relatos que integran El amor está en otra parte, también observamos que los cambios en sus personajes suceden sin grandes aspavientos, aparentemente: “A veces estas transformaciones no son como el gran torbellino. [Más bien] se hunden en las profundidades de los personajes”, explica. A propósito de este tipo de metamorfosis, dos de sus personajes favoritos aparecen en el cuento “Yo aún quiero más flores”, en el que una escena mínima —una mujer mayor subiendo al tren con un ramo de flores que es observada por otra mujer más joven— desencadena una reflexión sobre el deseo, la libertad y los pequeños gestos que sostienen la vida y nuestras alegrías.

El libro también incluye “Dios”, una historia en la que la autora imagina a una divinidad humana, frágil: “¿Qué le pasa a un Dios que se olvida de sí mismo? Esta idea de Dios olvidándose de sí mismo me parece muy cómica y cínica al mismo tiempo”. 

Casi al final de la plática, cuando toca hablar de lo que significa la literatura para ella, Gotóo afirma que “la literatura no tiene una función en sí misma; [pero sí] ilumina lugares donde no había luz. No pretende enseñar ni instruir, pero sí te mueve”. Y agrega: “La literatura transforma. La literatura puede salvar vidas.

Para Alejandra Gotóo, la literatura, quizá como el amor, es un espacio vivo, compartido. “La literatura no la hacen quienes escriben. La hacemos todos nosotros: los que la leemos, los que conversamos sobre ella. Es algo vivo, como el lenguaje. Ayuden a que siga estando viva y transforme otros corazones”.+