La perspectiva de los que no ven. Una charla con David Toscana
Hace más de dieciséis años, mientras recorría los tomos de la Historia de la civilización de Will Durant, David Toscana se topó con un signo de exclamación que él mismo trazó al margen de una página. Era el relato de una tragedia bizantina: quince mil soldados búlgaros cegados y enviados de vuelta a casa por el emperador Basilio II. Aquella imagen de un ejército marchando a tientas por la historia se quedó grabada en su mente, esperando el momento exacto para transformarse en literatura.
Para Toscana, el reto no era reconstruir un pasado rígido, sino encontrar el tono adecuado para una tragedia que se negaba a ser tratada como tal. En su conversación, el autor de El peso de vivir en la tierra subraya que su labor no fue la de un historiador, sino la de un alquimista de las emociones. Aunque investigó desde la crianza del “cerdo medieval” hasta la ausencia de aguardiente en la época, decidió filtrar todos esos datos para centrarse en lo lúdico y esencial: el alma de sus personajes.
La novela se despliega como un casting de sobrevivientes. Conocemos a Cosaro, un escriba que siente el robo de sus ojos como una pérdida doble porque ellos sabían leer, y a otros hombres que, ante el desamparo, deben reinventar sus oficios. Desde el que se convierte en un espantapájaros humano hasta el que intenta retomar la herrería sin luz, la obra explora cómo cada uno busca una forma distinta de volver a casa. Toscana admite que se tomó libertades frente al realismo estricto para dar paso a la leyenda, esa que nace del “teléfono descompuesto” de la tradición oral y que convierte un hecho repulsivo en algo profundamente bello o incluso gracioso.
Al final, la apuesta de Toscana es el humor negro como una forma de oxígeno. Para el autor, la risa es la herramienta que permite legitimar lo que no tiene gracia y devolverle la humanidad a las estadísticas. A través de una prosa que busca decir más con menos, Toscana nos entrega una historia que, paradójicamente, uno de sus personajes asegura que nunca fue escrita: la crónica de un ejército que, a pesar de la oscuridad, aprendió a jugar, a disfrutar del mar y a mantenerse en pie más allá de sus heridas.+