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Un pequeño golpe de teatro

“El Teatro Instantáneo de Farabeuf es una alucinación, un sueño cuya realidad no puede dejar de ser puesta en duda. Se trata de un delirio momentáneo causado por la distorsión del espacio producida en la superficie de ese espejo manchado al que la luz del crepúsculo llega con un reflejo que todo lo vuelve confuso, inclusive aquello que somos capaces de concebir metodológicamente en nuestra imaginación”.

Salvador Elizondo, Farabeuf o la crónica de un instante: 50 años

Entre las múltiples posibilidades sugeridas por Farabeuf o la crónica de un instante, de Salvador Elizondo, está la de asumirlo como un texto dramatúrgico. Catalogado en la mayoría de los casos como una novela —y por su autor simplemente como “libro” (o en ocasiones “experimento”)— es una concatenación de escenas, diálogos, evocaciones cinematográficas e imá- genes de una crueldad extrema que se suceden al tiempo, que son atravesadas por un lenguaje seductor y, en ocasiones, de una ternura desconcertante.

Cargado de un contenido intelectual robusto que transita entre las tradiciones de Oriente y Occidente, su argumento se limita a la relación de unos amantes que contemplan una fotografía capturada en 1901, la cual muestra a un hombre siendo torturado por el método de Leng T’ché o “muerte por mil cortes”. Esta aparente simplicidad argumental se entreteje en una compleja red de símbolos empoderados por una destreza lírica inaudita. Marcado por el principio de montaje de Sergei Eisenstein y la escritura ideogramática china, el autor convierte al histórico anatomista francés Louis Hubert Farabeuf en el director de un teatro ritual en el que las imágenes habitan la tensión entre el erotismo y la muerte.

Farabeuf es también un conjunto de instrucciones. Por medio de la sugerencia de imágenes y de objetos predispuestos en un salón para ser vistos sucesivamente, de cuadros que demandan el movimiento o la inacción del cuerpo y sus sensaciones, y de diálogos que reclaman su lectura en voz alta, el texto no se retrae a la página, sino que asume por momentos una naturaleza teatral de modo plenamente consciente. Lo dice de manera explícita el Dr. Farabeuf al detallar la preparación de su Teatro Instantáneo: “Estoy seguro de que te gustará la forma en que habrá de desarrollarse el espectáculo. He tratado de cuidar cada uno de los detalles […]. Me he permitido, inclusive, un pequeño golpe de teatro”.

Cuando en el 2015 se conmemoraron los cincuenta años de su publicación, se pudo haber pensado que el entendimiento de la obra habría madurado lo suficiente para dejar de causar escándalo. Durante la inauguración de una exposición alusiva en el Palacio de Bellas Artes, a un colaborador se le ocurrió decir que había quedado “bonita”, teniendo en frente la fotografía del supliciado chino, lo cual no dejó de causar desconcierto en varios de los asistentes. Esta anécdota está directamente asociada a la naturaleza del texto como productor de contrapuntos inauditos.

Durante junio del 2016 se llevaron a cabo en El Colegio Nacional las Jornadas de reflexión, remake y lectura en conmemoración del x Aniversario Luctuoso de Salvador Elizondo. Durante dos días, un sinnúmero de jóvenes convocados por el colectivo Telecápita avezaron las reflexiones más atrevidas sobre Farabeuf, explicándo lo mismo como un problema matemático que como un hipertexto adelantado a la literatura digital. En su participación, Héctor Bourges recordó la primera tentativa de escenificación de Farabeuf por Teatro Ojo en 2005-2006: “Farabeuf desbordaba de tal forma nuestras vidas que no supimos hacer otra cosa que hacerlo teatro”.

La obra que durante muchos años fue considerada irrepresentable había adquirido décadas después el carácter de hito teatral. A su vez, la edición de aniversario preparada meticulosamente por Paulina Lavista y Alejandro Cruz Atienza, rica en referencias visuales, ahora era usada por otros grupos escénicos como una especie de guión-objeto.

En esas mismas Jornadas se presentaron dos versiones escénicas de Farabeuf, no necesariamente acotadas al texto, sino que hacían uso de sus elementos visuales y buscaban recrear su método y los alcances de su efecto. Lo curioso fue que, pese a ser contemporáneas y partir del mismo libro, ambas versiones llegaron a soluciones escénicas completamente opuestas. Mientras que Colectivo Ene Ene, dirigido por Marco Norzagaray, usó los elementos visuales de Farabeuf para hacer una reflexión sobre la incapacidad e inmoralidad de la representación de la violencia, Proyecto 9, dirigido por Omar Lopgar, la desnudaba de imágenes para concentrarse en los límites del cuerpo ante la agresión extrema.

La diversidad de lecturas no se detuvo. Sin embargo, quizá más recurrente fue la persistencia de las reflexiones en torno a imágenes de la violencia que hoy vemos a diario y a todas horas en medios de comunicación, no tan comunes cuando Farabeuf fue escrito. Es cómo el Teatro Instantáneo invade el día a día.

En la versión de aniversario editada por El Colegio Nacional, la fotografía del supliciado fue recuperada de su original y revela un elemento ausente en las anteriores versiones del libro y que posiblemente el mismo Salvador Elizondo ignoraba: la tortura se lleva a cabo sobre un paisaje familiar de fondo. Es una ciudad industrial. El gesto brutal se acerca, amenazante, a nuestra cotidianidad. El libro habla, ahora, de nuestro pavoroso teatro cotidiano: del atrevimiento de escribirlo, verlo y representarlo. +

Por Fernando Martín Velazco

MasCultura 16-Jun-17

 

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