A 47 años del viaje que paralizó al mundo

Desde hace 47 años, la historia de la humanidad se cuenta antes y después de la llegada del Apolo 11 a la Luna.

Miles de personas han batido récords deportivos, hecho descubrimientos científicos, desarrollado exitosas empresas, creado obras maestras del arte, dirigido naciones, salvado vidas y fundado ciudades. Cientos han recibido el premio Nobel, inspirado a la sociedad y alcanzado la inmortalidad en la historia; pero únicamente doce individuos han vivido en carne propia la aventura que durante milenios el hombre sólo alcanzó a soñar: caminar sobre la superficie de la Luna.

La Luna puede ser de papel, de queso o de miel, de acuerdo a tu condición: la de soñador, niño o enamorado. Pero si eres uno de los doce seres humanos que han pisado su superficie, sabes bien que se trata de un polvo suave como la nieve, compuesto de vidrio de dióxido de silicón, calcio y magnesio.

Independientemente de su naturaleza, mientras el Apolo 11 tardó 4 días en viajar a la Luna, un ciclista avanzando 50 km. al día tardaría 21 años en llegar. A una velocidad de 70.4 km. por segundo, el Helios II —nave sin tripulación humana en órbita alrededor del Sol— es capaz de desplazarse de la Tierra a la Luna en 1.52 hrs.; y conduciéndose a su ritmo habitual, un rayo de luz recorre los 384,321 km. que separan a ambos cuerpos celestes en 1.28 segundos. Albert Einstein no pudo afirmarlo con más acierto: todo es relativo.

Preparando maletas
Alistándonos para un viaje, todos hemos llenado la maleta con jeans, traje de baño, lentes de sol, bronceador, cachucha, chanclas y una muda de noche. Para volar al espacio, un astronauta empaca dos trajes espaciales de 150 kg. de peso con once capas de materiales y un costo de dos millones de dólares cada uno. Y además de dos cascos globulares que generan temperatura y presión similares a las del planeta Tierra, lleva un monitor informativo portátil con empuñadura de pistola; un pescante robótico capaz de desplazar objetos de hasta 100 toneladas; un espectrómetro supersónico —el detector de fugas de sustancias más pequeño y poderoso del mundo, cuyo desarrollo costó 1,100 millones de dólares¬— y un lazo umbilical, posiblemente la pieza menos emocionante del equipo, pero crucial cuando evita que el caminante espacial y sus herramientas de trabajo se conviertan eternamente en desecho sideral flotante. Ah, y claro, cepillo de dientes, desodorante y rastrillo de afeitar, que no deben faltar.

“El hombre ha inventado su destino. El primer paso fue tocar la Luna” -Bob Dylan

Consumación del sueño
En abril de 1961, el vuelo espacial de un cosmonauta ruso dio por inaugurada la carrera por la conquista del espacio. Un mes después, el Presidente de EU John F. Kennedy hizo patente su determinación por aterrizar a un hombre en la Luna y regresarlo a salvo a la Tierra antes de que terminara la década de los años sesenta. Así, impulsó el megaproyecto que eventualmente coronaría su meta, dejando estupefacta a la raza humana. 

El 16 de julio de 1969, el Apolo 11 de la NASA (en español: Aeronáutica Nacional y Administración Espacial) llevó tres hombres a recorrer la distancia equivalente a 9.6 vueltas alrededor de la Tierra, para llegar a la mítica Luna. La misma que fascinó a los hombres de la prehistoria, la deidad de antiguas civilizaciones; la que fue observada por Galileo, la que durante siglos fuera tema exclusivo de ciencia ficción, la que inspiró a visionarios y la que Rusia pretendía conquistar. 

Tripulado por Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins, el cohete Saturn V fue disparado desde el Kennedy Space Center, en Florida, para aterrizar en ‘El mar de la tranquilidad’ de la Luna el 20 de julio de 1969.

¿Por qué Estados Unidos?
Estados Unidos concentra el mayor número de investigadores científicos del planeta; y, como juez imparcial, el sueco premio Nobel lo establece con claridad. Al día de hoy, EU, líder mundial, ha sido galardonado con 309 premios mientras Rusia ha obtenido únicamente 23, México 3 y Vietnam 1. El esfuerzo de EU por desarrollar el talento en pos del progreso, le ha pagado dividendos. Steve Garber, curador de la Historia de la NASA, informa que entre 1959 y 1972, EU invirtió 136, 000 millones de dólares (contemporáneos) —4% de su presupuesto federal total—, lo que sería aproximadamente 1 billón, 850 mil millones de pesos mexicanos, en desarrollar el proyecto Apolo.

Luna: musa de artistas
Desde que el hombre existe, la Luna ha sido una de sus más grandes musas. En pleno curso de las misiones lunares y tres años después de que Elton John dedicara una canción al Lado malo de la Luna, el enigmático tema fue elegido por la banda británica Pink Floyd para crear el disco The Dark Side Of The Moon (El Lado Oscuro de la Luna), su magnum opus y una de las más trascendentes producciones conceptuales de la era del rock. 

En el tema Brian Damage (Daño cerebral), la voz de Roger Waters concluye despidiéndose: “I’ll see you on the dark side of the Moon” (Te veré en el lado oscuro de la Luna). Pero sí se quiere sentir la experiencia espacial de la manera más próxima a la realidad el artista es David Bowie y el disco Ziggy Stardust. Al escuchar Space Oddity, tema que describe el drama de las vivencias y emociones del cosmonauta dentro de la nave, uno se siente inexorablemente inmerso en la riesgosa aventura; desde la preparación para el despegue, hasta la soledad que se sufre en medio del limbo universal. Si tuviera que pasar el resto de mi vida en la famosa isla desierta, este álbum iría en la maleta.

De Beethoven a R.E.M: La Luna en llamas
La fascinación por el raro y diáfano cuerpo que flota en el espacio, nació mucho tiempo antes que Pink Floyd y David Bowie. En 1801 Beethoven regaló a la humanidad la sublime sonata para piano Claro de Luna; en 1890, Debussy creó una suite del mismo nombre; luego Federico García Lorca escribió su Romance de Luna. Cien años más tarde, Bob Dylan afirmó: “El hombre ha inventado su destino. El primer paso fue tocar la Luna ”, y Jethro Tull dedicó una canción a Michael Collins, del Apolo 11. Pero ¿quién sabe realmente de qué color es la Luna ? Frank Sinatra dice que es azul; Nick Drake, rosa; The Neville Brothers, amarilla, y David Gray, roja. Bob Seger se avergüenza de ella; Leon Parker piensa que “es sólo una Luna de papel navegando sobre un mar de cartón”, Neil Young “estaba recostado en un sótano incendiado, con la Luna llena en los ojos”, y R.E.M pregunta si en verdad creemos que han puesto un hombre en la Luna. Jim Morrison nos invita a nadar hacia el satélite, sobre un camino de su propia luz; Eels, a alcanzarlo escalando; The Dukes of Stratosphere a llegar en bicicleta y, para no errar, Tony Bennett prefiere irse volando. Tom Petty padece la Fiebre de Luna llena; The Ramones aúllan a la Luna; Ozzy Osbourne le ladra; John Cougar Mellencamp observa a Jerry gritándole al hombre que vive ahí, y Cat Stevens se queja de estar siendo seguido por una sombra lunar.

De los libros a la Pantalla de Plata
Al escribir relatos sobre viajes a la Luna, los padres de la ciencia ficción imaginaron algo tan quimérico como lo sería hoy una novela acerca de unas vacaciones familiares en Alfa Centauro. En 1865, Julio Verne publicó De La Tierra a La Luna, describiendo lo que se requeriría para enviar un objeto al —entonces en penumbras— mundo lunar; fusionando esta obra con The First Men In The Moon (Los primeros hombres en la Luna), relato de hazaña lunar del británico H.G. Wells publicado en 1901. El cineasta francés Georges Méliès escribió y dirigió en 1902 Le Voyage dans la lune (Un Viaje A La Luna), cinta “muda” de 14 minutos que causó sensación y dio a luz al cine de ciencia ficción. 

1950 fue el año en que por primera vez una película, Destination Moon (Destino: la Luna), dirigida por Irving Pichel, mostró de manera realista las posibilidades, complicaciones y tecnología utilizada en un viaje a la Luna. Inmensamente influyente, esta cinta fue la verdadera inspiración para que, ocho años más tarde, el Gobierno de EU fundara la NASA, responsable de llevar al hombre a la Luna, lo que provocó un vuelco violento en la historia de la humanidad, desvaneció para siempre la delgada línea entre realidad y ficción e hizo del futuro un horizonte abierto para mayores conquistas en el Universo. 

 

El límite: el infinito

Desde los épicos viajes de Alejandro el Grande, los recorridos de Marco Polo, los mitológicos descubrimientos de Henry Hudson, las aventuras africanas de David Livingstone y la epopeya aérea de Charles Lindbergh, hasta la travesía norteamericana de Jack Kerouac y el viaje mágico y misterioso de Los Beatles; diversas inolvidables odiseas han quedado registradas en las crónicas del mundo. Tan importantes y maravillosas como lo son, ninguna puede compararse con el significado y la trascendencia del aterrizaje en la Luna. 

Sí, el primer ser humano en el espacio fue el astronauta ruso Yuri Gagarin y Estados Unidos creó la NASA, el proyecto tecnológico capital de la historia. Hace 40 años, orgulloso, Neil Armstrong clavó su bandera sobre la virginal faz de la Luna, dividiendo en dos la biografía del mundo; en consecuencia, precisamente hace 40 años, la perspectiva del hombre mutó y revolucionó. A partir del 21 de julio de 1969, nadie jamás otra vez mirará al cielo de la misma manera. 

El progreso de la humanidad no se detiene y su talento no tiene fronteras. El hombre ha dominado el pasado y ganará el futuro. El triunfo de la conquista de la Luna es de él, del hombre. Feliz Aniversario.

Por Alberto Ortega Gurza

Este artículo se realizó en Julio del 2009 dentro del número 5 dedicado al tema "Viajes", la cual reproducimos integramente.

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