Cómo salvar al universo de los humanos

La curiosidad forma parte intrínseca del ser humano. Esta necesidad de conocer y comprender nuestro entorno, el mundo que habitamos, es lo que nos ha llevado como especie a recorrer todo tipo de territorios lejanos, hostiles. Hoy, es muy poco lo que queda por explorar, pero existe un territorio que aún se nos resiste: la naturaleza humana.

Es bien sabido que lo que nos resulta cercano suele pasarnos desapercibido, no solemos notar nuestras conductas hasta que otro nos hace conscientes de ellas, ese otro se convierte en el espejo de nosotros mismos. Todas las disciplinas humanistas han centrado su atención en el estudio de quiénes somos y por qué somos como somos. Filósofos, sociólogos, antropólogos, poetas, historiadores, han encontrado en el hombre -y en la mujer, por supuesto-, campo fértil para sus conclusiones más disparatadas, sin que hasta ahora podamos dar por agotado el tema.

La narrativa ha contribuido con cientos de páginas utilizando infinidad de ángulos y múltiples estilos. Matt Haig (Reino Unido, 1975) lo intenta, acertando con una variante novedosa y divertida. En su novela “Los Humanos”, Andrew Martin, afamado catedrático de matemáticas de la Universidad de Cambridge, desaparece misteriosamente por un breve período de tiempo para volver desnudo y desorientado en medio de la ciudad. Luego de este episodio, que algunos califican de psicótico, deberá aprender a hablar, a comer, a relacionarse, a ser humano de nuevo. Porque ahora nuestro protagonista es todo, menos humano.

A la manera del clásico de ciencia ficción, “The body snatchers” (Jack Finney, 1955) -que un año más tarde tuviera su primera adaptación cinematográfica bajo el mismo título-, una inteligencia alienígena se apodera del cuerpo del profesor Martín, enviado desde el extremo más lejano de la galaxia en una misión para impedir que el más reciente descubrimiento matemático de su hospedante pueda causar graves daños al universo. Mientras lo consigue deberá hacer a un lado sus prejuicios sobre los habitantes de la tierra. Conocer el idioma, la poesía, los sueños, el amor, el sexo, la familia, las emociones y los sentimientos, así como la música, el café, la suprema inteligencia de los perros, entre muchos otros conceptos, lo acercarán a nuestra especie, tornando el desprecio inicial en una suerte de afecto filial, respetuoso, amable y comprensivo.

Tras la ironía de la narración, “Los humanos” nos acerca a nosotros mismos, sin pretender ser un ensayo sobre la naturaleza humana, es lo que es, una divertida novela con una trama intrigante. El protagonista, a manera de despedida, nos ofrece una serie de pautas para vivir sin restricciones en este espacio breve y frágil de la existencia humana. De muestra, sólo algunas de estas recomendaciones: “La tecnología no salvará a la humanidad: la salvarán los propios humanos”. “A veces para ser tú mismo, tienes que olvidarte de ti y convertirte en otra persona. Tu personalidad no es algo inmutable. En ocasiones tienes que avanzar para no perder el paso”. “Tienes el poder de detener el tiempo. Se hace besando, o escuchando música”. “Tienes una mente abierta: no la cierres nunca”.

Por: Andrés Mayo

Mascultura 30-Jun-14

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