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ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO. Cuando la ciencia ficción te hace temblar

Ahora que todo mundo espera con ansiedad el estreno de Prometeo, el trabajo más reciente de don Ridley Scott, tenemos la oportunidad no sólo de revalorarlo sino de hablar de una de las películas que más han marcado a muchas personas. Alien (rebautizada en México como El octavo pasajero) fue en su momento una película muy particular y fundamental para entender el rumbo de la ciencia ficción cinematográfica de fines del siglo XX, mucho menos esperanzada en el futuro y bastante más cercana a la pesadilla orweliana que a la promesa de un futuro luminoso.

No es que haya sido la primera película que abordara el futuro de la humanidad centrándose en las oscuridades de su naturaleza, pero debido al impacto comercial que tuvo, sí propulsó a otras películas del género a hablar del tema con más libertad, con menos miedo; a especular, finalmente, que los pecados que explotarían dentro de 70 años o 70 siglos ya estaban inseminados en la civilización actual, justo como el animal salvaje que la tripulación del Nostromo encuentra ahí, en medio de la nada, esperando el detonante final que le dé el poder de mostrarnos qué tan monstruos somos nosotros mismos.

Efectivamente. Alien, el octavo pasajero fue también una de las mezclas más exitosas (y de las primeras) entre ciencia ficción y terror, pero sabiendo que los tiempos vaticinados por Orwell estaban a solamente cinco años de distancia, Dan O’Bannon y Ronald Shusett (autores de la historia) le dieron a la conspiración y al dominio absoluto y oculto (como los monstruos) de las grandes corporaciones y los gobiernos totalitarios, un peso gigantesco sobre lo que ocurre en la enorme nave rumbo al fin del universo.

Lo mejor de todo es que ese mensaje no domina de manera evidente la película de Scott, sino que permea casi imperceptible y estalla, como las vísceras de los anfitriones de este sanguinario parásito, sorpresivamente, revelando sólo lo necesario para que la impotencia ante el poder se apodere de nosotros, camaradas ya de la tripulación del Nostromo.

¿Revalorar a Ridley Scott? Sí. Hubo un momento en que sus debilidades políticas lo llevaron a comprometerse con el mismo poder al que apunta en cintas como Alien para entregar vehículos de propaganda del tamaño de La caída del halcón negro. Hoy, dejando que su otro lado se manifieste, podría volver (por lo que se ha visto hasta ahora) a esta otra faceta, no políticamente más activa porque Scott nunca ha tomado retos a la Oliver Stone, pero sí menos escandalosa. Si de verdad quieren disfrutar el regreso de Scott y a Prometeo con lo que parece ser una historia aún más compleja de conspiraciones y estados orwelianos, creo que es hora de revisar cuantas veces se pueda a Alien, el octavo pasajero. De lo mejor de la ciencia ficción cinematográfica en toda su historia.

Por: Erick Estrada www.cinegarage.com

Imagen: Portada de la película Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott.
Mascultura 11-Abril-12

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