TIERRAS INSÓLITAS: una antología fantástica

En efecto, no hay una sola manera de referirse a lo fantástico en literatura. Aún no es posible definir, de una vez y para siempre, qué sea la literatura fantástica sin caer en reduccionismos o encorsetamientos. Parece que en asuntos de imaginación quien define se condena al error y, en el peor de los casos, a la burla y el escarnio. Parece que quien define toma partido y se arriesga con la esperanza de que ese riesgo no le resulte demasiado caro después, cuando ya otros, quizá más osados, quizá más imprudentes, hayan también tomado partido. ¿Cómo, por ejemplo, llegar a una definición de la novela? ¿Cómo después de Proust, de Kafka, de Joyce, de Hermann Broch? ¿Cómo luego de advertir que en la novela actual caben muchas cosas que antes no cabían? ¿Cómo lograr una definición del cuento cuando las fronteras que lo separaban de la crónica, el ensayo y la poesía se han diluido hasta casi desaparecer? Lo mismo, sin duda, podemos pensar del propio “ensayo”, de la “crónica” y de la “poesía”, simples convencionalismos que sirven para designar una serie de escrituras que, en el espeso océano de las palabras, siempre han nadado libres y dichosas.

El antólogo de “Tierras insólitas”, Luis Jorge Boone, ha decidido arriesgarse y formular una definición, si bien abierta a la apostilla y la interpretación, del cuento fantástico, doble problema que, obviamente, carece de solución. Dice que: “Innovadora e insumisa, mucho más que el común de las propuestas de esa amplia zona naturalista-realista que llamamos mainstream —que cobija en su tibia manga ancha abusos periodísticos y copias autómatas de una realidad que le hace el trabajo al escritor de superficies—, lo fantástico, en la asamblea literaria, es el ala radical. Propone lo descabellado. Posibilidades que, de tan activas e inestables, terminan cambiando la posición de los ejes del mundo”. Y, un poco más adelante, agrega: “El atisbo de la existencia de las tierras raras es suficiente para asombrarnos. Su fugacidad abre horizontes de comprensión y sospecha. Nuevos mundos dentro de éste, leyes naturales que amplían las ya conocidas, horizontes que la acotada atmósfera terrestre no puede contener”.

Así, el cuento fantástico resulta una forma de escritura laberíntica, inescrutable, misteriosa, repleta de parajes inexplorados, de galaxias lejanas y estrambóticas, de seres con atributos atípicos, de plantas y animales imposibles de disecar, siempre al servicio del asombro y la sorpresa. Una forma de narrar en la que todo cabe, con la condición de que el origen de su materia prima se mantenga en secreto. En suma, una manera de concebir la literatura que quizá sólo pueda comprenderse sobre la marcha, en la práctica misma de la escritura y la lectura.

¿Radicará entonces lo fantástico en la posibilidad de abandonar el tiempo y el espacio regulares para reencontrarse con la mujer amada una y otra vez, tal y como sucede en “Primer amor”, de Mauricio Molina? Sí. ¿Será asimismo la posibilidad de albergar, dentro de la realidad más inmediata, a seres surgidos de la imaginación que, sin embargo, desde hace mucho gozan de vida propia en nuestras fantasías, tal y como ocurre en “Ojos de lagarto”, de Bernardo Fernández, Bef? Sí. ¿Se hallará lo fantástico en lo fantasmal, en el terror velado, en la amnesia, tal y como sucede en “Carne”, de Omegar Martínez? ¿O se encontrará en aquellos misterios sin resolver anclados en la rumorología del mundo cultural, tal y como se expone en “Enigmas sueltos”, de Jorge F. Hernández? ¿O se hallará en la confección de nuevas bestias, surgidas de las profundidades del lenguaje, como el “Demonzilla”, de Rodolfo J. M.? ¿O podrá eclosionar desde la elocuencia de las sombras como sucede en el relato de Francisco José Amparán? Sí, sí, sí y sí.

Si me obligarán a tomar partido diría que lo fantástico surge con mayor potencia en “Las bestias del Báltico”, de José Abdón Flores, sin duda el mejor cuento de la antología, bajo la forma de un reensamblaje de los residuos arrojados por la realidad (los huesos de los cadáveres), de tal manera que logren constituir una nueva ciencia, sin nombre ni propósito fijo, sin campo de acción determinado, en la que pululen por igual pensamientos irracionales, procedimientos médicos, monstruos y criaturas legendarias. En este sentido, lo fantástico sería, ante todo, un nuevo ars combinatoria.

-“Tierras insólitas. Antología de cuento fantástico”. Selección y nota de Luis Jorge Boone, Oaxaca, Almadía, 2013, 211 pp.

Por: Lobsang Castañeda

Imagen: Portada del libro “Tierras insólitas. Antología de cuento fantástico”.
Mascultura 17-Jun-13

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