La coreografía del afecto: Cati, Catalina, Calicó… o la maravillosa vida de la niña gato

La coreografía del afecto: Cati, Catalina, Calicó… o la maravillosa vida de la niña gato

Por Lo Hiancia Pez

 

Existen regalos que operan como decantadores de la existencia. A Luisa le llega uno que transforma de pronto la rigidez de lo rutinario en una vulnerabilidad alegre, desovillando el acelere de su vida productiva para prendarle los sentidos con los hilos de los afectos. Un regalo indeseado (“Si yo no quiero hijos, mucho menos gatos”), la gata Catalina entra a la vida de una Luisa enredada en el trajín de sus responsabilidades (“¿Para qué quiero más estrés?”) que a duras penas le dejan tiempo y ganas para un novio (“Mi libertad es primero, y mi trabajo también”). Esa gata, sin embargo, rinde a Luisa con sus “ojos donde el corazón quisiera nadar”, así que se queda como una reina que al libre capricho de sus uñas deshilacha el querido tapete de la familia… para comenzar.

El relato basa su eficacia en la sencillez de la vida hogareña enmarcada con buen humor, un armado de escenas con situaciones (físicas) que conectan la vida familiar ordinaria (viajes y muertes incluidas) con episodios de representación alegórica (teatro de sombras, iluminación onírica, símbolos enigmáticos) para recrear pasajes que escapan al espacio doméstico. La constante visual es la plástica de la vida de la gata, un peluche manejado con destreza y simpatía, anclando el arco dramático limitado al juego amoroso de los humanos con la gata. La poética de los vínculos que propone este montaje se nutre de una variedad de cualidades como el compromiso, la empatía, el cuidado, la sinceridad, la ternura, la diversión, para dar momentos risueños, conmovedores, graciosos o encantadores. El resultado es un ritmo que sostiene la atención de la mayoría de niños y niñas, y una fluidez de poco más de una hora que agradecen los adultos.

Un detalle temático de Cati, Catalina, Calicó es la presentación del duelo diferenciado en dos acontecimientos. El primero alude al padre de Luisa, con lo tremendo del fallecimiento humano real, ocasión fugaz pensada casi para el público adulto, en tanto que el segundo —agarrándose acaso del eufemismo de trascender para nombrar la muerte— metaforiza y elonga con un espacio de transición donde guían unas mariposas de colores, embelleciendo el fin de los ciclos naturales y engarzándolos con la responsabilidad de lo que hemos domesticado.

Con idea original y dirección de Lizeth Rondero y Felipe Rodríguez, la pieza nos invita a la intimidad de su biografía: “La obra está dedicada a nuestra amada Catalina, una gatita calicó que transformó nuestras vidas durante 14 años”. Las gatas calicó (sólo 1% son machos) se caracterizan por tener un pelaje blanco, naranja y negro o gris.

Cati, Catalina, Calicó es la primera incursión de la compañía Teatro de los Sótanos en espectáculos para las infancias tras dos décadas de trayectoria, con la dramaturgia de Felipe Rodríguez. El elenco también lo integra Isaías Avilés. Destacan los títeres de Catalina joven y mayor, y la escenografía funcional, creaciones de Pitaya Teatro, así como la iluminación Tenoch Olivares. Las funciones son los sábados y domingo a las 13 horas hasta el 1 de marzo en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500, CdMx).