Carlota de Habsburgo y su amor por nuestro país

Carlota de Habsburgo y su amor por nuestro país

Por Magali T. Ortega @nenamounstro 

Muchas historias de la emperatriz consorte se han contado, pero lo que hizo por las mujeres, los niños y los pobres de México merece muchos likes. Y aunque duró muy poquitos años en el poder (apenas tres), el lugar privilegiado y poderoso de María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha no fue un mero accesorio de lujo en la corte mexicana; ella llegó a chambearle duro. Gracias a Carlota la educación empezó a ser obligatoria y gratuita (mínimo acabar la primaria), impulsó la cultura y dignificó el acceso médico para las mujeres y niños.

Cuando los emperadores llegaron a México, se encontraron con un país roto, pobre, enfermo, sucio, inculto y sumido en un hoyo negro. Afortunadamente a Carlota le dieron muchos privilegios que supo aprovechar. Por ejemplo: los lunes abría las puertas de su palacio y tenía audiencias públicas. También prohibió el trabajo infantil, los castigos físicos, redujo las horas de la jornada laboral y creó la Junta Protectora de las Clases Menesterosas, que protegía a los indígenas, entre tantas otras obras benéficas. 

Las fiestas que daba en Palacio Nacional o el Casino Español se consideraron un derroche de dinero mientras el país estaba en quiebra. Pero lo cierto es que Carlota y Maximiliano tenían un propósito al hacer esos bailes: caerle bien a la élite mexicana y hacer alianzas. La archiduquesa, bien listilla, aprovechaba esas cenas de gala para sacarles dinero a sus cuates y así tener dinero para obras benéficas. Por ejemplo, restaurar escuelas o abrir nuevas, fundar asilos y casas cuna para los niños huérfanos. 

Algo que le importaba mucho era la salud materna. En París, ella había estudiado los reglamentos de las maternidades y viendo cómo estaba la situación indigna de la salud en México, se aplicó para mejorar el servicio de salud pública, sobre todo para mujeres y niños. Déjenme les platico que en el México del siglo XIX, las mujeres (ricas y pobres) no parían en los hospitales porque se consideraba un acto muy íntimo y muy privado. Lo normal era que dieran a luz en sus casas con sus parteras; si se complicaba el asunto, y sólo en casos extremos, llegaban a un hospital, claro, las ricas porque las pobres morían en su casa de una hemorragia o una infección.

Como la archiduquesa andaba en todo y ella también recibía los informes del gabinete cuando el marido andaba de gira, un día le pidió a Maximiliano que ordenara construir una Casa de la Maternidad. Carlota sintió que era infame el servicio de salud que las mujeres recibían al parir o al enfermarse, ellas o sus bebés. El 7 de junio de 1865, sus deseos se convirtieron en realidad: “Bajo la protección de nuestra augusta esposa, y en conmemoración de su cumpleaños, se establece en esta corte una Casa de Maternidad”, dictó Maximiliano.

Por instrucciones de Carlota, el edificio, que antes era el Departamento de Partos Ocultos del antiguo Hospicio de Pobres (proyectos de Juárez que, por muchas razones, salieron mal y no tuvieron continuidad), se convirtió en la Casa de Maternidad a la que se le anexaría el Asilo de San Carlos que, legalmente, nunca recibió el nombre de guardería, pero sí fue un centro de cuidado infantil. Ella contaba con los doctores Lino Ramírez y Manuel S. Soriano, encargados de hacer el dictamen, las reglas y ponerlo a funcionar. Entre tantas cosas, los doctores le pidieron a la archiduquesa (cabeza del proyecto) varios instrumentos y objetos médicos que se necesitaban que ella mandó traer de París.

Aunque no todo funcionó como se esperaba, Carlota era la que se aseguraba de que los fondos y el dinero no se malgastaran; además, se encargaba personalmente de que lo básico e indispensable no faltara. Sin embargo, llegó la caída del imperio y, ante todo lo ganado, los exconcejales de la antigua corte no iban a permitir que les quitaran lo que con muchos trabajos habían logrado, así que pusieron la Casa de Maternidad bajo la protección de la señora Arrazola, la esposa de Juan José Baz, el recién nombrado gobernador del Distrito Federal.

Aunque las cosas no tuvieron un final feliz, ni para Carlota ni para la atención de mujeres y niños, hay que reconocerle su acto de bondad pues puso su privilegio, su poder y sus recursos culturales y sociales al servicio de un país que se estaba cayendo a pedazos. +

Magali Ortega (@nenamounstro) publicista, escritora y fan de la cultura pop, como su pecho no es bodega, por eso la divulga.