Carta Editorial | La esperanza es para los valientes
Carta editorial | La esperanza es para los valientes
1 de abril 2026
Hay preguntas que los niños y las niñas hacen con una frecuencia que debería avergonzarnos un poco a los adultos: por qué pasan las cosas malas, por qué a veces la gente hace daño, por qué el mundo duele. Y nosotros, que llevamos años aprendiendo a convivir con la incertidumbre, solemos tartamudear una respuesta a medias, porque la verdad es que tampoco lo sabemos del todo. Pero hay algo que sí sabemos: el mundo también es bueno. Y esa pequeña certeza les pertenece a ellas y a ellos tanto como a nosotros.
Abril es el mes en que México celebra a la infancia y entre todos los obsequios que podemos hacerles, en Lee+ optamos por regalarles esperanza y bondad, que se aprenden y se ejercen, que se contagian y se heredan.
Queremos dejar clara nuestra postura (que a lo largo de esta edición reiteramos de distintas maneras): la bondad no es debilidad, sino una de las formas más exigentes de la valentía: requiere atención, requiere esfuerzo, requiere elegir, una y otra vez, ponerse del lado de lo que dignifica. Somos la especie que puede hacer un daño enorme, sí, pero también la única capaz de cruzar la calle para ayudar a un desconocido sin esperar nada a cambio, de criar con ternura a un ser que todavía no sabe hablar. La bondad nos define tanto como nuestra capacidad de destruir. Los niños y las niñas lo saben cuando comparten sin que nadie se los pida, cuando consuelan a un amigo que llora, cuando rescatan a un animal. Las personas adultas somos las que en ocasiones lo olvidamos.
La esperanza, por su parte, tiene mala prensa entre quienes la confunden con la resignación o con el optimismo fácil. Y, a pesar de eso, persiste en la energía que nos mueve a actuar cuando todavía no hay certeza de que las cosas vayan a mejorar. Los niños y las niñas la conocen bien, pero necesitan que los adultos se la confirmemos con el simple acto de seguir aquí y seguir creyendo que vale la pena. La fe se comparte y se fortalece de mano de la bondad.
La literatura sabe de esto desde siempre. Un libro es, entre otras cosas, el lugar donde alguien decidió que una experiencia —el miedo, la pérdida, la alegría, la injusticia— merecía ser contada, y por lo tanto preservada. Leer supone que hay algo que vale la pena entender, que otra vida puede enseñarnos algo sobre la nuestra, que las palabras alcanzan para tender un puente entre dos personas que nunca se conocerán. Y cuando ese lector o esa lectora tiene ocho años, o diez, o doce, y encuentra en una historia un personaje que se equivoca y de todas formas sigue adelante, algo se asienta en ella o en él: la certeza de que la bondad se practica, que la esperanza no es un regalo sino una decisión.
Preparamos este número de Lee+ pensando en que las niñas y los niños que en abril serán celebrados merecen saber que este mundo imperfecto también guarda cosas hermosas. Que la bondad no es un cuento ni la esperanza una mera ilusión.+



























