Sola, cuando el mundo se queda atrás
Por Alex García
En el caso hipotético de que una persona se quede completamente sola, ¿qué le sería más complicado: encontrar comida para sobrevivir o soportar la inesperada ausencia de los otros? Bajo esta disyuntiva, Megan E. Freeman (Estados Unidos) construyó Sola (VRYA, 2025), una novela en verso para reflexionar sobre lo que más le importa a un ser humano: la supervivencia o la compañía.
Maddie está a punto de entrar a la pubertad, pero no tiene las cosas fáciles. Tras el divorcio de sus padres, cambia constantemente de casa, pues pasa una temporada con su mamá y otra con su papá; además, convive con sus nuevas parejas y hace de niñera cada vez que ellos quieren tener una cita romántica. Lo único que Maddie quiere es poder tener un día para ella sin estas preocupaciones.
Un día, junto a sus mejores amigas, decide contar una mentira para tener una noche sólo para chicas en la cabaña de sus abuelos; entonces, hace creer a su madre que estará en casa de su padre y viceversa. Pero la reunión no sale conforme a los planes. Maddie se queda a dormir en una cabaña sin compañía alguna y, cuando despierta, se entera de una noticia completamente inesperada: una evacuación forzosa en gran parte de Estados Unidos debido a una amenaza inminente. El peligro del que tanto había escuchado hablar en clase y televisión finalmente la había alcanzado y, por desgracia, la había alcanzado en soledad; sus padres desconocían su paradero y sus amigas habían sido desplazadas.
Escrita en verso libre, esta historia de Megan E. Freeman mezcla un escenario digno de una historia de supervivencia con una de las necesidades más importantes de cualquier ser humano: la de no estar solo.
Durante sus primeros días de soledad, Maddie lleva una vida tranquila y sedentaria en compañía de George, un rottweiler que rescata de la casa abandonada de sus vecinos en los suburbios para evitar que este muera de hambre por el abandono. Hasta aquí todo parece sencillo mientras sigue las indicaciones de sus padres: “Si algún día te pierdes, es mejor quedarte donde estás y esperar a que lleguen por ti”. Pero ¿y si no estás perdido? ¿Y si simplemente estás solo?
La vida que tenía Maddie antes de la amenaza inminente le parece un sueño lejano y placentero al cual anhela poder regresar, pues las cosas dejaron de ser sencillas. Ahora, sobrevivir no es tan simple ni tampoco soportar la soledad. Dejar atrás la infancia para entrar a la pubertad, descubrir en la literatura un refugio, cuestionarse sobre la fe, el amor, la libertad y la identidad… estas experiencias son comunes, pero, cuando se viven en soledad, cambia por completo el panorama. Porque, ¿qué diferencia haría descubrir a las mujeres clásicas de la literatura sin alguien con quien conversar? ¿O sangrar por primera vez sin una mano que te acompañe en el proceso?
Si bien la trama y lectura resultan ágiles, aunque es una historia sumamente profunda, más que una hipérbole adolescente, Sola trata de entender la realidad juvenil, sobre todo la femenina, a través de la sensibilidad y sencillez que el verso libre nos da. Sola nos permite vivir una segunda adolescencia en compañía de quien, irónicamente, la experimentó en soledad.+
Conoce +
Para construir esta novela, Freeman se basó en La isla de los delfines azules (1960), de Scott O’Dell, novela infantil que explora la vida de una niña que pasa dieciocho años de su vida completamente sola; ella se pregunta si lo más difícil ha sido encontrar comida o vivir en soledad. Un dilema fácil de responder, en apariencia, pues nunca nos veríamos en una situación así… ¿verdad?
Alex García (@soyhijodeneptuno). Estudió Comunicación e Historia del Arte y se especializó en culturas y estudios humanísticos. Actualmente, escribe ficción y también se desempeña como profesor de Historia del Arte y Literatura Universal. Promueve y difunde la lectura en redes sociales.
