Confieso que he leído. Contra la tiranía de la novela

Confieso que he leído. Contra la tiranía de la novela

Por Nora de la Cruz

Uno de los hábitos que acompañan mis lecturas es el registro de toda clase de cosas relacionadas con ellas: qué leo, cuándo, cuánto me tardo y, por supuesto, qué género prefiero. Nadie se sorprenderá: es siempre la novela, por amplio margen, y en esto no soy distinta a la mayoría de quienes leen. Esta cuestión siempre está en las conversaciones: las editoriales prefieren publicar novelas por razones comerciales y, de inmediato, cuestionamos esta tiranía en favor de la bibliodiversidad. Sin embargo, somos parte de esa estadística. Seguramente existan los lectores enfocados en la poesía o el ensayo, pero mi tendencia narrativa me empuja a revisar —no sin culpa— las alternativas que encuentro dentro de mi propia experiencia reciente, y que no dudaría en recomendar a quien quisiera, como yo, darle la vuelta a la tendencia aunque sea momentáneamente. 

SPQR (Booket, 2019), de Mary Beard, ha sido uno de los libros más impresionantes que haya leído en mi vida. No sólo da cuenta de la erudición de su autora, sino que propone una revisión de un material amplio —los antecedentes de Roma y su primer milenio como imperio— sin convertirse en un recuento superficial de datos. El secreto está en el adecuado balance con el cual la historiadora elige cuándo profundizar y cuándo pasar de largo, además de su agudeza para conectar los hechos del pasado clásico con los de nuestra era. Un libro que amerita incontables visitas y relecturas, ideal para quienes se interesan por reflexionar en torno al poder y la construcción de las identidades nacionales. 

The heroine of the 1001 faces (Liveright, 2021) como cualquier otro libro de Maria Tatar, se siente como la palabra reconfortante de una sabia profesora que reivindica la manera en la que las mujeres leemos, escribimos y estamos en el mundo. Éste es su libro más reciente, si no me equivoco, escrito durante la pandemia, y en él me interesa no solamente su reivindicación de los personajes femeninos en la mitología y el folclore, sino el cuestionamiento a lo que se consideran las formas prestigiosas del discurso y cómo esa noción ha dejado fuera del canon a las autoras, géneros, tramas y protagonistas femeninas. Lectura obligada para escritoras. 

Me avergüenza siempre reconocer mis limitaciones para comentar libros de poesía, pero lo que puedo afirmar con seguridad absoluta es que Lorena Huitrón es una autora deslumbrante y que intentaré leer todo lo que publique. Recomiendo los dos libros suyos que he leído hasta ahora: Prueba olímpica (Elefanta Editorial, 2023) y Ubuyashiki en defensa de su preciosa imprenta (2025) Lo mismo aplica para Lorena Rojas, cuentista cerritense, cuya colección de relatos La sangre de las plantas (BUAP, 2023) fue uno de mis mejores descubrimientos recientes. 

En el terreno de la hibridez, no puedo dejar de mencionar el refrescante ¿Qué harán los renos después de Navidad? (Canta Mares, 2025), de Olivia Rosenthal. Novela (¡perdón!) fragmentaria compuesta por materiales diversos: un hilo narrativo en segunda persona y un conjunto de testimonios de distintos trabajadores cuyas actividades cotidianas demandan la interacción con distintos tipos de animales, es una experiencia de lectura que invita a involucrarse y no deja a nadie indiferente. Si lo que se busca es una estructura poco tradicional, esta es una opción segura. 

No podía dejar fuera las memorias, que son uno de mis géneros favoritos. El año pasado llegué tarde al entusiasmo internacional que desató Una educación (Lumen, 2024), de Tara Westover. Es un libro extenso y lo tiene todo: ternura, dolor, una transformación poderosa y una reflexión acerca de la libertad individual y la salud mental. Un libro apasionante que me mantuvo al filo de la página de principio a fin, lo disfruté en el otoño sorbiendo innumerables cafecitos con leche. 

Finalmente, una recomendación que me sacó de mi zona de confort, pero me recompensó con creces: Wimbledon Green (Drawn & Quarterly, 2020) es una novela gráfica de Seth en torno al mayor coleccionista de cómics del mundo, pero, sobre todo, en torno a lo que nos lleva a vincularnos con el arte en cualquiera de sus formas, si es que la belleza se puede poseer y qué sentido tendría, en todo caso. 

Mientras escribo esto miro mis libreros y creo tener una opinión al respecto, pero me reconforta saber que la pregunta en sí es inagotable. Como nuestros pendientes de lectura.+

Nora de la Cruz (Estado de México, 1983) es doctora en Teoría Literaria por la UAM Iztapalapa. Gestiona el canal de booktube Interior 403, orientado a la literatura contemporánea. Su novela más reciente es Duerme, cicatriz (Tusquets, 2025).