+Lecturas: Kim Manresa y su mirada íntima a los Nobel de Literatura

+Lecturas: Kim Manresa y su mirada íntima a los Nobel de Literatura

En una nueva edición de +Lecturas, el fotógrafo español Kim Manresa, en conversación con Francisco Goñi, comparte el viaje de veinte años que dio forma a El otro Nobel, un proyecto que nació casi por accidente y terminó convirtiéndose en uno de los archivos más completos y humanos sobre escritores galardonados con el Nobel de Literatura.

La serie comenzó mientras Manresa trabajaba en un proyecto sobre educación global y la preservación de lenguas maternas. Lo que empezó como una propuesta para que José Saramago y Kenzaburō Ōe escribieran breves reflexiones se transformó, a sugerencia editorial, en un conjunto de encuentros que trascendieron la entrevista tradicional. Manresa se propuso acompañar a los autores en sus propios espacios: sus casas, barrios, templos, tabernas y rutinas cotidianas. Esa proximidad marcaría el tono del proyecto.

Su recorrido fue tan vasto como diverso: desde tomar té con Ōe en Tokio hasta caminar con Saramago por la vieja Lisboa; desde la entrevista casi imposible con Gabriel García Márquez en México —quien llevaba años sin hablar con la prensa— hasta las expediciones con Nadine Gordimer por los lugares marcados por el apartheid en Sudáfrica. También fotografió a Wole Soyinka en las montañas donde se escondió durante la dictadura nigeriana, y a Orhan Pamuk en Estambul durante un periodo de fuerte persecución política.

La mirada de Manresa, formada en el activismo y en la documentación de conflictos sociales, encontró un registro distinto en los Nobel: no buscó denunciar, sino observar. Su atención se centró en los gestos que construyen una obra, especialmente en las manos, “las verdaderas creadoras”, como señala. Muchos de los autores retratados ya han fallecido, lo que otorga al proyecto un peso documental adicional. Entre los más recientes se encuentran Han Kang, Jon Fosse y Annie Ernaux; incluso registró a Svetlana Aleksiévich en un momento de fuerte presión política en Bielorrusia.

La construcción de confianza fue clave. A pesar de las advertencias sobre el carácter difícil de algunos escritores, Manresa y el periodista Xavi Ayen lograron crear una dinámica cercana con cada uno. Hubo sorpresas y escenas insólitas: Toni Morrison pidiendo pasar antes por el peluquero, Wisława Szymborska bailando con máscaras y bebiendo ron, o Nadine Gordimer dejando entrar la cámara a espacios profundamente personales.

Más allá de los retratos, Manresa también ha tejido una colección de objetos que dan testimonio de sus viajes: máscaras africanas, resorteras talladas, muñecas tradicionales. Cada pieza guarda una historia, como la “muñeca Nobel” que Szymborska regaló para su hija.

Su experiencia en contextos de violencia —desde comunidades afectadas por la prostitución infantil en Brasil hasta mujeres atacadas con ácido en Bangladesh— moldeó su manera de aproximarse a cualquier persona, célebre o no. El respeto, la paciencia y la capacidad de jugar para crear un ambiente seguro siguen siendo sus herramientas más valiosas.

Marensa observa con preocupación cómo el mundo ha cambiado: los escritores son ahora más inaccesibles y la comunicación digital crea nuevas barreras. Incluso algunas entrevistas recientes, como la de Han Kang, tuvieron que hacerse por Zoom, algo impensable cuando el proyecto comenzó.

A las nuevas generaciones de fotógrafos y periodistas les lanza un llamado urgente: dejar de lado la superficialidad, mirar más allá del ritmo vertiginoso de las redes y recuperar la búsqueda honesta de la verdad. En un mundo donde la inteligencia artificial puede fabricar imágenes y relatos, dice, el desafío es volver a lo humano, a la paciencia y a la responsabilidad de contar historias reales.