Dejé de leer (y cómo le hice para retomar el hábito)

Dejé de leer (y cómo le hice para retomar el hábito)

Por Carina V. Fuentes

Admitámoslo. Año con año, nos prometemos que ahora sí vamos a volver a leer, que terminaremos cada uno de los libros que compramos compulsivamente, que nos uniremos a cada uno de los retos de lectura que vemos en TikTok. Sin embargo, el ritmo de la vida adulta (si tienes más de treinta, seguro sabes a lo que me refiero), el cansancio, las ganas de scrollear de manera infinita en cuanto tenemos un poco de tiempo libre aventajan nuestro anhelo de retomar la lectura. 

Pero aquí no venimos a buscar culpables. Como te detuviste a leer este texto, asumo que ansías encontrar soluciones, alguna estrategia que contribuya a retomar tus hábitos lectores. 

De entrada quisiera decirte que el cansancio que te abruma antes de pasar siquiera la primera página de un libro es perfectamente entendible. ¿Quién que es no dejó de ver la lectura como un placer en sí misma y la convirtió en una métrica más para determinar su rendimiento o productividad? Mi primera sugerencia es que dejemos de ver la lectura como un deber y que nos acerquemos a ella como si fuera un descanso. 

¿Que tu compañero de oficina ya leyó diez libros en el primer mes del año y tú sólo has podido terminar con la columna de opinión que tanto esperas en tu periódico favorito? ¡Está perfecto! Leer poco también cuenta. Un artículo de opinión, las primeras cinco páginas del poemario que tenías guardado. Recuerda que no es una carrera. Nadie te vigila, nadie te va a reprobar.  

Y ya que hablamos de géneros periodísticos, otra opción para romper con el bloqueo lector es variar los formatos en los que leemos. Si no te apetece leer novelas, también existen ensayos, crónicas, fanzines, diarios, informes; los audiolibros pueden acompañarte en tu regreso a casa, durante una caminata o mientras realizas el trabajo doméstico. Leer textos breves resulta ideal cuando no tenemos todo el tiempo del mundo. 

Antes de forzarte a terminar un texto que no te está encantando, repite: “Nadie se va a morir si abandono esta lectura. Nadie se va a morir si abandono esta lectura”. Soltar un libro (o el soporte que mejor te acomode) no es traicionarlo: es reconocer que no era el momento, o que no era para ti. Nuestras bibliotecas personales también se construyen a partir de lo que decidimos no incluir en ellas. 

A estas alturas, es probable que te estés preguntando por el modo concreto en que podemos hacer de la lectura un hábito. No hay más que pasar a la práctica y dedicarle un tiempo específico en nuestra jornada, pueden ser cinco minutos después de cenar o media hora antes de levantarte los fines de semana. Un hábito requiere tiempo y constancia. Tu lectura estará ahí, esperándote. 

Pienso que si en vez de preguntarnos cómo leer más, optamos por indagar en las condiciones que necesitamos para volver a disfrutar de la lectura, volveríamos a conectar con el gozo que nos generaban las primeras páginas que pasaron por nuestras manos. Me parece que, para empezar, hay que hacer liviano el acto de leer. Leer, nada más, leer como quien descansa.+ 

¿Cómo leemos en México?* 

  • Los libros son el medio físico de lectura preferido en México. Literatura, autoayuda y “los específicos de alguna materia” son los temas más leídos. 
  • Siete de cada diez personas lectoras de libros declararon leer por gusto y tres de cada diez, por necesidad. 
  • Las personas que no leen con frecuencia no lo hacen por falta de interés, motivación o gusto por la lectura, pero también porque no tienen tiempo o presentan algún problema de salud.

*Con base en datos del Módulo de Lectura (Molec), 2025, elaborado por el Inegi.