Mamina y su aprendiz de botánica, de Gina Jaramillo: un relato que florece entre generaciones
Entre remedios, hojas, tés y aprendizajes cotidianos, Mamina y su aprendiz de botánica despliega una historia donde la infancia se forma al abrigo de la memoria familiar. El nuevo libro de Gina Jaramillo, publicado por Alfaguara Infantil e ilustrado por Alejandro Magallanes, explora el lazo entre una abuela y su nieta como un espacio de cuidado, herencia y transformación.
La narración se centra en Mamina, una abuela portadora de saberes ancestrales ligados al mundo vegetal, y en su nieta, quien aprende observando, acompañando y escuchando. A través de ese vínculo cotidiano, el libro retrata cómo el conocimiento se transmite sin grandes discursos, en gestos simples y en la repetición amorosa de lo aprendido. La figura de la abuela adquiere así una dimensión comunitaria: no solo cuida a su familia, sino que es referencia y sostén para quienes la rodean.
Uno de los ejes más delicados del libro es el abordaje del duelo. La pérdida de un ser querido aparece integrada al relato con naturalidad, sin dramatismos ni explicaciones cerradas. En lugar de imponer respuestas, la historia ofrece un espacio para el acompañamiento emocional, donde la naturaleza funciona como refugio y como guía. Las plantas, sus ciclos y sus cuidados se convierten en una metáfora del tiempo, la ausencia y la continuidad de la vida.
En un presente marcado por la aceleración y la vida digital, Mamina y su aprendiz de botánica propone una pausa. La obra recupera el valor de las tradiciones, del conocimiento transmitido de generación en generación y del contacto con el entorno natural. Más que una mirada nostálgica, el libro plantea una reflexión sobre aquello que se ha ido desplazando: la escucha atenta, la observación paciente y la relación sensible con el mundo que habitamos.
La escritura de Gina Jaramillo, autora dedicada desde hace años a proyectos vinculados con las infancias, se sostiene en una concepción de la palabra como semilla. Su formación como historiadora del arte y su trabajo como promotora cultural se reflejan en un relato que entiende la lectura como una experiencia compartida, capaz de abrir conversaciones profundas entre niñas, niños y personas adultas.
El trabajo visual de Alejandro Magallanes acompaña y amplifica esa intención. Sus ilustraciones dialogan con el texto desde el color, el juego y la síntesis gráfica, construyendo un universo donde las plantas, los espacios y los personajes transmiten vitalidad. La imagen no explica el relato, sino que lo expande, sumando capas de significado y emoción.
Pensado para madres y padres lectores que disfrutan compartir historias con sus hijas e hijos, el libro también encuentra resonancia en personas que atraviesan procesos de duelo o que se interesan por los saberes ancestrales y las relaciones intergeneracionales. Su alcance va más allá de la literatura infantil: es un libro que se lee en voz alta, se comenta y se recuerda.
Mamina y su aprendiz de botánica funciona, en ese sentido, como un pequeño jardín de historias donde cada planta guarda un aprendizaje y cada vínculo deja una huella. Una obra que invita a volver a lo esencial y a reconocer que, en las raíces que heredamos, también se sostiene la manera en que entendemos el mundo.
