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Mala espina: crimen, esoterismo y ciudad total en Xavier Velasco

Mala espina: crimen, esoterismo y ciudad total en Xavier Velasco

Por Fernando Sanabrais

Mala espina (Alfaguara, 2025), la nueva novela de Xavier Velasco, nace de un deseo largamente postergado: escribir una novela negra sin impostura. “Leía a Hammett, Chandler, Andreu Martín… y nunca sentí que estaba listo”, confiesa. El temor no era al género, sino a la artificialidad: inventar un detective por obligación, obedecer una fórmula sin vida. Por eso, durante años, Velasco se dedicó a preparar el terreno: visitó prisiones, tomó cursos de técnicas policiales para escritores, acumuló experiencias como quien compra muebles, cobijas y todo lo necesario para el matrimonio… antes de que llegue la novia.

Mala espina no aparece como ocurrencia, sino como convergencia: experiencias carcelarias, vínculos familiares, policías “de buena calidad”, sesiones con chamanes y, sobre todo, la Ciudad de México como un espacio donde lo real es tan extremo que ya parece ficción.

El arranque lo confirma. Son las 7:50 de la mañana en el cruce de Barranca del Muerto y Sagredo, en San José Insurgentes. Un hombre yace muerto tras caer de siete pisos. Los curiosos dudan si fue un accidente, pero quienes llegaron primero lo saben: tenía los pies atados. Nadie se suicida con los pies atados. En esa imagen seca y contundente se activa el motor del libro: la sospecha, el mecanismo.

El centro de la novela no es sólo el crimen, sino la herida íntima que lo rodea. La protagonista, Dunia Montoro, es la exesposa del muerto. Dunia no es detective: es analista de inteligencia, entrenada para seguir patrones y leer zonas oscuras. Se involucra porque intuye que algo no cuadra, pero también porque arrastra una culpa antigua. Investigar se vuelve una segunda autopsia: no sólo del cuerpo, sino del hombre con el que durmió durante años y que ahora descubre como un extraño.

El muerto tiene dos nombres (Iván Dupont y Juan de la Luna) y esa mutación no es anecdótica: marca una caída social. Al empobrecerse, pierde a los amigos ricos y gana otros: chamanes, narcotraficantes, traficantes de piezas prehispánicas, políticos que operan desde arriba. Dunia atraviesa esos mundos con escepticismo y necesidad. 

Ahí aparece uno de los grandes aciertos de Mala espina: la Ciudad de México como personaje total. Para Velasco, “una ciudad donde todo es posible” es un regalo narrativo. Pero aquí esa posibilidad no es romántica: es vertiginosa, ambigua, peligrosa. La acción ocurre en pocos días de noviembre de 2016, con ritmo constante. La novela negra no es sólo un mecanismo: es una inmersión psicológica.

Velasco es explícito en su incomodidad con cierta novela negra apresurada, en la que el ritmo sustituye a la forma. Mala espina busca lo contrario: vértigo sin superficialidad. Para lograrlo, el autor tuvo que modificar su método. Por primera vez trabajó con un preprograma, esquemas y diagramas (un “panini”, como lo llama) que le permitieron controlar el tiempo narrativo sin sacrificar libertad.

Ese proceso incluye algo poco visible pero decisivo: la edición. Su editora le devolvió el manuscrito con una frase implacable: “esto no está completamente tostado”. Y Velasco tuvo que cerrar cabos, corregir errores, asumir el trabajo colectivo que toda novela exige. De ahí la dedicatoria a Ramón Córdoba, editor y cómplice. Y también la confidencia: el personaje de Ramón Perdomo (El Mochomo) está construido a partir de él (su humor, sus chistes) y es, además, uno de los pocos personajes verdaderamente decentes del libro; un gesto de gratitud y cariño.

A esa complicidad se suma otro elemento revelador: la banda sonora. Velasco compartió en YouTube una selección de canciones que acompañaron la escritura y aparecen en la novela. Música heterodoxa —Radiohead, Orquesta Mondragón, The Flaming Lips— que refleja una ciudad donde todo convive sin jerarquía clara, sin un orden estable.

Mala espina deja una idea persistente: nunca terminamos de conocer a nadie, ni siquiera a quien amamos, ni siquiera a nosotros mismos. En la CDMX, esa ignorancia no es solo emocional: puede ser incluso letal.+

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Mala espina es una novela negra que va más allá del crimen. Explora la culpa, la identidad y las zonas ocultas del amor, con una Ciudad de México viva, peligrosa e impredecible.

Velasco combina acción, humor oscuro e inmersión psicológica para construir una historia donde investigar es también enfrentar lo que se creyó conocer.

Xavier Velasco

Narrador mexicano. Autor de Diablo Guardián, Puedo explicarlo todo y Hombre al agua. Su obra se distingue por el pulso urbano, el humor incisivo y personajes llevados al límite. En Mala espina explora la novela negra desde una mirada profundamente personal.

Fernando Sanabrais (@fernandosanabrais) es narrador y ensayista. Trabaja entre libros, lectores y autores, donde combina difusión cultural, análisis literario y una mirada crítica sobre la industria editorial.