Jane Austen, disimulo y contrabando en la época de la Regencia

Jane Austen, disimulo y contrabando en la época de la Regencia

Por Aura Rosalía Cruz Aburto

En el primer capítulo del libro Lo Posthumano de Rossi Braidotti (2015), denominado “La vida más allá de lo humano”, la filósofa italiana plantea que el humanismo, en lo más originario de su confección, fue masculino, blanco y privilegiado. Frente a esto, la pensadora propone dar un primer vuelco al prototipo patriarcal del humanismo hacia la inclusión de la mujer.

Sin lugar a dudas, lejos de tratarse de una conservadora, como se ha señalado frecuentemente, la escritora británica Jane Austen podría muy bien ser considerada una representante de este primer giro descrito por Braidotti, identificable en la caracterización que hace de las mujeres en su literatura como seres complejos y con una gran capacidad argumentativa. Si bien es cierto que su obra retrata una época en la que el destino deseable para las mujeres es casi exclusivamente alcanzar el matrimonio, su obra retrata este reducido universo desde una perspectiva más bien irónica y que, no poca cosa, pondría bajo cuestión los denigrantes presupuestos ilustrados acerca de las mujeres. Entremos un poco más en el entonces de Austen.

La época de la Regencia

Nacida a finales del siglo xviii, el de las Luces, Austen fue una creadora de la época de la Regencia. Esta etapa de la historia inglesa, precedente de la victoriana, se caracterizará por su especial elegancia y esplendor artístico, pero, también, por los excesos de una pequeña clase privilegiada que convivía con grandes masas poblacionales en aumento y cada vez más precarizadas. Todo esto sucedía al tiempo que se desarrollaban las guerras napoleónicas y se desplegaba la Revolución Industrial junto con algunos efectos perniciosos tales como una urbanización acelerada, sin planeación y, mucho menos, saneamiento para los menos privilegiados.

Por otro lado, como época inscrita en el período de la Ilustración, también sería testigo de la consolidación de una serie de ideas de impulso y renovación social que, sin embargo, no incluirían a las mujeres como sujeto de esa historia. Para ellas se estipularía un destino de sometimiento acompañado de la exigencia de un estricto comportamiento social, tal como lo retratarán los personajes de la obra literaria de Austen.

En comparación con los hombres, las mujeres no solían aspirar a una educación que no pretendiera convertirlas en serviles esposas diestras en el tejido y el bordado, en la cocina y en la crianza de su estirpe. Ya lo decía entonces Rousseau en su Emilio (1762), la educación sería central y necesaria, no así para las mujeres que, desde su perspectiva, compartida con otros pensadores de su tiempo, estaban inclinadas a la dependencia y a obedecer por naturaleza. ¡Qué mejor destino para ellas sería entonces sino el matrimonio!

Jane Austen ante su época y el porvenir

Para la fortuna de Jane, su padre, párroco de ocupación, también se dedicaba a instruir a jóvenes en su casa siguiendo la forma de enseñanza de la época. De esta manera, tanto Austen como su hermana, Cassandra, habrían compartido esa educación y en la pequeña Jane se habría despertado una intensa curiosidad y una fuerte inclinación por experimentar la escritura desde muy joven, actividad que sería promovida por sus padres. Su hogar era particularmente abierto al diálogo y al conocimiento. De esta manera, se convertiría en una ávida escritora perteneciente a la nobleza rural inglesa. La obra de Austen se formularía entonces en el horizonte de una sosegada vida rural privilegiada y, ciertamente, se mantendría ajena a las fuertes transformaciones que estaban tomando lugar en la Inglaterra de ese momento.

Quizá, considerando su propia experiencia vital, podemos comprender que la vía que nuestra escritora encontró para hacer frente a las opresiones propias de su género fuese la de una sutil ironía que nos presentaba personajes femeninos que se habitaban a sí mismos en la tensión suscitada entre la asunción de su destino, casi siempre el matrimonio, y su cuestionamiento. De igual modo, en un entorno que parecía haber fijado las posibilidades de su género y en el que la vitalidad urbana de la ciudad no era la condición material de existencia de su campirano mundo, lo que abrió a través de su obra y la dotó de un abordaje sumamente innovador fue, por un lado, el descubrimiento de la profunda interioridad psicológica de sus personajes que, por otro lado, eran mujeres. De esta manera, con Austen se descubriría el deseo femenino, así como su capacidad intelectiva.

La potencia de lo cotidiano

Sin embargo, las aportaciones de Austen no se limitaron a los ya notables alcances mencionados. Encontrar en lo cotidiano, en lo más mundano, lo extraordinario le permitió dar luz a lo que luego se convertiría en un género completo: la novela costumbrista.

Su obra no necesita crear mundos extravagantes, sino que en la vida ordinaria es donde la maravilla del mundo interior de los protagonistas se despliega cuando enfrentan dilemas vitales que, bajo la égida de la ironía, ponen bajo cuestión, de manera sutil, los absurdos sociales. Los personajes de Austen son capaces de razonar profundamente en la persecución de lo correcto, del decoro y el sentido.

De hecho, como buena escritora heredera de la Ilustración, y como buena hija de párroco, proclamará que sus novelas eran algo así como un “sermón dramático”. La razón, lejos de afirmar lo que la sociedad establecía como el deber ser para las mujeres, para Austen es la herramienta para poner bajo cuestión tan absurdos dictámenes. Hay, incluso, quienes encuentran resonancias entre el trabajo de Jane y la obra ensayística de Mary Wollstonecraft, reconocida feminista de una generación precedente.

La capacidad de Austen estaría no solamente en defender esta cuestión a través de un discreto, pero agudo cuestionamiento por vía de la ironía, sino que, lejos de enmarcarlo en una serie de exposiciones discursivas, la escritora lo encarnaría en personajes que, como ella, vivían un tiempo de transición.

Austen contrabandista

A pesar de que la de Austen no es del todo una escritura de ruptura radical con sus tiempos, erige esa fractura que, con el golpe de la siguiente generación y de algunas de sus coetáneas, abrirá brechas a un feminismo mucho más franco. Austen puede ser pensada como una feminista del disimulo.

         El pensador Amador Fernández-Savater tiene un bello escrito donde expone que el silencio, la pasividad y el disimulo pueden constituir formas de sobrevivir y resistir desde el impoder. El pensador propone lo siguiente:

Son los modos, los cómos, mediante los que podemos hacer que pase algo en la situación sin salida donde no pasa nada; hacer que ocurra algo, para poder seguir viviendo y sobreviviendo, porque de la situación sin salida no se sale, pero podemos sobrevivir en ella, tomar aire y respirar.

 De entre estas estrategias, a mi parecer, Austen es una gran exponente del disimulo que, tal como lo explica Fernández-Savater, consiste en habitar una doble verdad, en, ante un aparente consentimiento, hacer pasar otra cosa, ser una especie de contrabandista. Se trata de contrabandear con los signos: aparentemente le somos fieles al código, pero en realidad hacemos pasar por él “algunas intensidades de contrabando”.

En una lectura superficial, Jane Austen parece estar promoviendo los valores tradicionales de la época de la Regencia, sus protagonistas terminan casándose en casi su totalidad. Sin embargo, en sus diálogos siempre asoma una cierta ironía, otra posibilidad. Aunque casi todos los personajes de Jane Austen terminaron por sucumbir al matrimonio, Jane Austen no lo hizo así. Fue una mujer de la que directamente no sabemos tanto como desearíamos (su hermana Cassandra habría quemado gran parte de su correspondencia personal por el decoro entendido en su tiempo), pero que vivió de y para una escritura que hoy no deja de tener vigencia.+

Aura Rosalía Cruz Aburto es arquitecta por el Tecnológico de Monterrey, maestra en diseño y filósofa por la UNAM, aunque prefiere pensar que más bien es un híbrido entre el arte, el diseño y la filosofía. Profesora en diversas instituciones e investigadora independiente. Cada vez que algo la inquieta, escribe, dibuja o borda.