Yuriko Kuronuma. El sonido de la música es más fuerte que el rugir de las bombas
Por Rodrigo Morlesin
Yuriko Kuronuma tiene 85 años. Su primer recuerdo se remonta a los 5 años de edad y está marcado por la Segunda Guerra Mundial.
Es considerada una leyenda viva tanto en Japón como en México, así lo demuestran las múltiples condecoraciones que le han otorgado, como El Águila Azteca (México), La Orden del Sol Naciente (Japón) y la Medalla Mozart, entre muchas otras.
Con violín en mano, su pasión por la música ha recorrido el mundo no sólo para hacer música, sino también para conocer las múltiples realidades a las que no ha sido indiferente.
En su faceta como escritora, con tres libros infantiles bajo el brazo, visita México y se toma un momento para platicar.
Rodrigo Morlesin: ¡Konnichiwa! ¿Cómo está?
Yuriko Kuronuma: Estoy muy bien, ¡gracias! Tengo ya ochenta y cinco años ¡y no puedo creerlo! Nací en 1940, por eso en 1945, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, tenía cinco años. Así que mi recuerdo más lejano comienza desde el 25 de mayo de 1945, cuando tuve que huir, en la espalda de mi madre, del bombardeo de los Estados Unidos.
(RM): ¿Dónde vivía en ese momento?
(YK): En Tokio, la ciudad capital de Japón. Mi madre gritó: “¡Yuriko, rápido, rápido, ven para acá!”, porque ya se escuchaba una sirena avisando que los aviones estadounidenses se acercaban. Mi madre me ató a su espalda y salimos corriendo de la casa; mucha gente corría de izquierda a derecha, porque allí había un templo budista y también había un panteón, eso significaba que había espacio para las personas, pero mi padre gritó: “No a la derecha, vamos a la izquierda”, desde entonces soy de izquierda. Je, je, je…
Todos los que fueron a la derecha, todos, murieron por el bombardeo estadounidense porque fue en el cementerio donde no hay techo, no hay pared, nada. Las bombas pequeñas de fuego caían como lluvia o como nieve y todos murieron, pero gracias a mi padre que nos dijo “Vamos a la izquierda” ahorita estoy aquí contigo.
Cuando mi madre salió de la casa, vio una cubeta de lámina y me la puso en la cabeza. Entonces no pude ver nada, pero cuando mis padres cruzaron el camino grande (o la carretera), alcé un poquito la cubeta y lo que vi fue un río de fuego: las casas de madera, la ropa, mesas y todo estaba flotando y ardiendo.
Poco antes, el 10 de marzo de 1945, ya habían bombardeado la zona comercial de Tokio, que quedó toda en cenizas. Todos pensamos que con eso era ya suficiente, pero regresaron el 25 de mayo a la zona residencial donde la mayoría de gente vivía.
(RM):¿Y cómo pasó de ser una renombrada violinista a la literatura infantil?
(YK): Mi padre, como amateur, tocaba el violonchelo. Y su maestro era el hermano menor de Shin’ichi Suzuki, el famoso inventor del método Suzuki, quien, después de la guerra, abrió una gran escuela de violín para niños en Japón. Mi papá no pudo aguantar sin meter a su hija, que fui yo, para que aprendiera.
Antes de la guerra, mi papá y sus hermanos tenían un cuarteto y el segundo violín del Cuarteto Suzuki hizo una fábrica de violines pequeños para niños. Ésa fue la primera fábrica en el mundo en hacer violines pequeños.
Los violines de 4/4 (tamaño entero) son para adultos; los niños podían tocarlos a partir de los doce o trece años, pero un niño de cuatro o cinco años no podía tocarlo. Debido a ello antes todos los niños comenzaban a tocar el violín a los doce o trece años, demasiado tarde para aprender bien. Por eso el método Suzuki en Japón se enfoca en niños pequeños. Eso mismo implementé con mi academia en México. Lo que hice también sorprendió a la gente mexicana. En la Academia Yuriko Kuronuma, A. C., los niños de cuatro o cinco años comenzaban a tocar con los violines para niños que traía de Japón, y también había tiendas que los vendían y los importaban desde Japón.
Pero en México, en 1994, vino la devaluación del peso y el gobierno nos prohibió importar violines porque eran artículos de lujo según ellos.
“Pero ¿cómo le hago?”, pensé. Un niño no puede andar con zapatos pequeños cuando sus pies crecen y tampoco puede caminar con los zapatos de su padre porque se caería… El violín también debe ser más grande
En esa época yo fui de gira a Japón y le dije a la prensa que estábamos buscando donaciones de violines chicos para niños mexicanos, por si alguien había guardado o abandonado uno, y dimos la dirección de casa de mi mamá.
¡No podía creerlo! ¡Recibimos ciento siete violines! Fue una donación del pueblo de Japón al pueblo de México. Nos sentimos muy agradecidos por tantos donantes de violines japoneses a los niños mexicanos. ¿Cómo podíamos pagarles? No había manera.
Entonces se me ocurrió ir a Japón y realizar una serie de conciertos con los violines donados como muestra de agradecimiento. Hicimos la gira “Boku no Violin Arigato” / “Gracias por mi violín”.
Mi mamá conservaba todos los datos de los donantes de violines, entonces los llamamos e hicimos un concierto en Tokio, como una orquesta integrada por doce niños mexicanos y ciento veinte japoneses. Realizamos conciertos de la amistad México-Japón en varias ciudades y los repetimos cuatro veces en Japón; después los niños japoneses donantes vinieron a México para tocar en la Sala Nezahualcóyotl, en Ciudad de México y en varias ciudades.
Y así surgió la amistad México-Japón, a través de los violines. La música cruza el océano Pacífico y une a Japón con México, lo cual resulta asombroso porque eso lleva a otro tema que está oculto entre las palabras: la cultura de la paz. A partir de las donaciones y de los conciertos nos preguntamos cómo es que la música puede dar paz.
RM: ¿O la literatura?
(YK): Ahí es donde está oculto el cómo. La paz se puede lograr a través del arte y de los niños. Pero la verdad es que la guerra puede sucederle a cualquiera en cualquier momento.
Los niños no pueden imaginarlo, por eso creo que sería importante hacer… Pero hay otras violencias que estamos viviendo.
RM:¿Y así es como surge la idea de sus libros infantiles?
YK:Sí, por eso la colección se llama Despierta Paz y la integran tres libros. El primero, ¿Qué sabes de los dedos? (Gratia Ediciones, 2025) tiene que ver con la relación entre las personas; el segundo, ¡Gracias señora Lluvia y señor Agua! (Gratia Ediciones, 2025), trata del cuidado del planeta, y ¿Caminarista o alpinistas? (Gratia Ediciones, 2025) habla sobre cumplir tus sueños mientras estás acompañado.
Estoy ya decepcionada totalmente de los adultos. Si matas a una persona, terminas en la cárcel, pero si matas miles, es una victoria. Eso es lo que hacen los adultos, por eso escribí para niños, porque ellos no saben hacer guerra y es más fácil que comprendan la paz, la generosidad y la gratitud.+
¡Vivan las niñas y los niños!
Rodrigo Morlesin (Ciudad de México, 1972) es papá de una camada de perros literarios llamados Elvis, Luna y Ranchera.


